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Diario Co latino

Condenado a 67 años de cárcel, acusado de delitos políticos y teniendo todo el tiempo suficiente para escribir un libro o dos o tres, Iñaki Gonzalo Kitxu, de origen vasco, decidió contar la historia de Begoña García, una médico que ofrendó su vida en El Salvador.

El estrecho recinto carcelario donde no había más que un colchón, ratas, y que lo sacaban cada semana para bañarse o recibir visitas, permitió que Kitxu creara una obra llena de amor, coraje, valentía, y sobre todo, que se convirtiera en un legado histórico para un país del cual poco conocía, es así como en cuatro o cinco meses de su condena nace “Cómo no quererte Alba”.

Kitxu era del movimiento Vasco de Liberación Nacional, cuando lo detuvieron. Fue en la cárcel donde conoció por unos manuscritos la historia de Begoña, fue entonces que creó su primer obra sobre El Salvador: “El niño del maguey”

Hace unos meses fue liberado, y sin imaginarlo, este viernes contó su historia en la Casa de la Cultura de Nuestra América y de cómo escribió su segundo libro sobre nuestro país: “Cómo no quererte Alba”.

“Estoy en el sitio ideal para presentar este libro, agradecido porque ha sido posible venir y porque la gente aquí es admirable, han vivido una guerra y siempre te hablan con una sonrisa, he sentido esa fuerzas y cariño”, dijo el vasco.

“He vivido momentos duros en una celda” y agrega “hice muchas huelgas de hambre pero un día decidí escribir esa historia que me salvó la vida, es el caso de Begoña, cuyo seudónimo era Alba y es un homenaje a su valentía y a su solidaridad por los más necesitados”, agregó.

Asimismo, explicó que casi no se acuerda de la cárcel en la que pasó 19 años detenido y lograría su libertad en octubre de 2024.

Durante la presentación de su obra le entregaron al escritor una medalla al mérito de parte de la Asociación Salvadoreña de Ayuda Humanitaria pro Vida, que recuerda el trabajo y la historia de Alba y otras doctoras que ofrendaron la vida por la lucha y la búsqueda de la justicia social, afirmó Graciela de García, quien entregó la medalla al escritor.

“Yo no conocía El Salvador ni a Begoña, acepté el reto de escribirlo con mucho amor, y hoy cuando venía en el avión vi desde el cielo las casitas que me había imaginado en mis sueños es un pais increíble”, agregó.

Alba fue una médico internacionalista, este libro fue publicado en el año 2010, pero no fue hasta ahora que el autor lo presentó en El Salvador.

Antes de llegar a El Salvador, Begoña participó en los movimientos armados de Nicaragua con el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), y en nuestro país estuvo en el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), su muerte fue parte de una lista de 20 vascos que se incorporaron a la lucha armada y perdieron la vida.

La diputada Lourdes Palacios y Santiago Consalvi, Director del Museo de la Palabra y la Imagen (MUPI), fueron quienes presentaron el libro.

Según contó Palacios, Alba murió luego de que el Ejército salvadoreño la capturó, violó y ejecutó a quemarropa, con un tiro en la nuca, pues ella había quedado herida.

“Esta fue una historia lamentable, la familia sigue dando la batalla legal por encontrar la justicia y que sea devuelta a su país¨, afirmó Palacios, quien agregó que Kitxu a través de su libro “describe a una Alba romántica, porque ella se enamora verdaderamente, no solamente de su pareja sino también de este pueblo salvadoreño y de las causas que originan la guerra en El Salvador”.

“Este libro nos deja una gran lección a los salvadoreños de que necesitamos recordar y recobrar la memoria histórica y debemos hacer todo lo posible para que esto no vuelva a ocurrir ”, expresó Palacios.

Consalvi califica la obra como “un libro excepcional que encierra dos historias de amor y que por múltiples motivos, una de ellas es la decisión de Alba de venir a El Salvador, primero a Nicaragua y después a El Salvador y entregar su vida en estas luchas, la otra por los ideales de él que lo llevaron a la cárcel”.

Pero también deja claro la continuidad histórica de la solidaridad de los pueblos de mundo con El Salvador. “Iñaki, no conocía El Salvador y logró dibujar en este libro la historia de lucha con el lenguaje de los salvadoreños”, añadió Consalvi.

Para lograr esto el escritor tuvo que ingresar, por ejemplo, recortes de periódico escondidos para su investigación, por lo que este libro ha sido escrito con el corazón, ya que él se enamoró de la historia de Begoña y “Ahora he salido de la cárcel y lo puedo presentar en persona”, dijo.

“Un día dije que tenía que escribir sobre El Salvador, porque yo El Salvador, desde la Radio Venceremos lo llevaba dentro”, dijo Iñaki, quien agrega que en la cárcel los sentimientos están a flor de piel, por lo que es el corazón el que escribe.

Kitxu ha escrito dos libros sobre el conflicto de El Salvador, Niño Maguey y Cómo no quererte Alba. Con este último libro se espera que el caso, que está abierto para la familia de Begoña, no quede en la impunidad.

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Begoña García Arandigoien “Alba”

Begoña García Arandigoien, médico internacionalista.

Por Laurent Sanchis (*)

arandigoien2SAN SALVADOR – El 10 de setiembre de 1990, en el departamento salvadoreño de Santa Ana, la médico de Gares, Begoña García Arandigoien (Alba), resultaba herida de bala durante un enfrentamiento entre una patrulla de las Fuerzas Armadas de El Salvador y una columna de la guerrilla Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), del Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional (FMLN). La versión oficial fue que la brigadista vasca murió a consecuencia del cruce de disparos entre ambos.

La realidad, en cambio, distaba mucho de eso. Begoña García fue herida, pero capturada viva por los militares salvadoreños. Después, fue violada, torturada y ejecutada con un tiro en la nuca, además de recibir otros cinco disparos en el cuerpo y sufrir roturas del fémur y los dos brazos. La joven formaba parte del personal sanitario de aquella columna guerrillera que fue acribillada a tiros en los cafetales de las faldas del volcán de Santa Ana.

Han transcurrido años desde que Begoña García Arandigoien, que entonces tenía 24, perdiera la vida a manos del Ejército Salvadoreño. Ahora, dos décadas más tarde, han aflorado más datos sobre la ejecución. Se ha conocido la versión de quienes flanquearon la columna guerrillera y cómo transcurrieron los siguientes días desde el prisma de los militares salvadoreños. Al descubrirse que se trataba de una cooperante extranjera, la repercusión internacional puso en el ojo del huracán a la cúpula que dirigía con mano de hierro la república salvadoreña; un régimen que cegó la vida de decenas de miles de personas, entre ellas la del arzobispo Oscar Arnulfo Romero, de las cuatro monjas Mariknol o las de seis jesuitas, encabezados por Ignacio Ellacuría, en 1989.

La médica vasca, que había cursado la carrera de Medicina en la Universidad de Navarra, llevaba años cooperando en la Cruz Roja de carreteras y estaba trabajando como médica interina en el quirófano de un hospital de Iruñea. Rondaba el año 1988 cuando decidió abandonar este modo de vida y cogió un avión en Bilbao rumbo a Managua, la capital de Nicaragua. Fue allí cuando conoció a un guerrillero del ERP que estaba en condición de exiliado. Rafael Velázques, a su vez, tuvo conocimiento de que la vecina de Gares -aunque nacida en Alicante el 11 de marzo de 1966 tras el exilio al que se vieron forzados sus padres debido a la persecución franquista- era una joven brigadista de Askapena. «Española, ¿verdad?», le preguntó de forma directa Velásques en su primer encuentro con Begoña García. «Vasca», espetó ella de forma tajante.

La médico de una columna guerrillera

Era octubre, cuando llegó a Managua, y tenía intención de permanecer tres o seis meses. Pero, tal y como señalaba a sus padres en una carta, se sentiría «culpable de abandonarles», a los nicaragüenses, si volvía a Euskal Herria. Finalmente se comprometió a regresar para las navidades de 1990.

Un año después de que llegara a Nicaragua, «Alba» entró en El Salvador. Así era como la conocían los salvadoreños. Era el 20 de septiembre de 1989. Aunque indicó a los de la aduana el lugar en el que se iba a hospedar, Begoña García Arandigoien se dirigió directamente a la zona controlada por el Ejército Revolucionario del Pueblo del FMLN. Allí pasó a formar parte de una columna guerrillera como médica.

Un guerrillero llamado Hércules, según recoge el citado medio, compartió con ella los últimos momentos de su vida. Aquél 10 de septiembre era un lunes. La columna guerrillera se adentró en unos cafetales, en la ladera del volcán Santa Ana. Tuvieron conocimiento de que un grupo del Ejército había acampado cerca la noche anterior. Dada la escasa protección que ofrecen los cafetales, la cuadrilla guerrillera debía andar casi en cuclillas para no superar el 1,5 metros de altura. Fue la misma brigadista vasca la que, sobre las dos de la tarde, alertó al mando guerrillero de ruidos que creía haber oído. Acto seguido, el silbido de los continuos disparos se apoderó de la quebrada en la que estaban apostados los guerrilleros. Después del tartamudeo de las metralletas solo se escuchó un grito; un proyectil había alcanzado a la brigadista de Gares.

Nada más se supo de Begoña García… hasta dos días después. No era, además, la única del grupo que seguía desaparecida tras la huida forzada por los disparos del Ejército. La radio Venceremos, emisora del FMLN, informó de que «Begoña García, compañera internacionalista de origen vasca, fue asesinada salvajemente por el Ejército en un hospital de campaña en el cantón La Montañita, del departamento de Santa Ana, el pasado 10 de septiembre…». A la misma hora y a miles de kilómetros de distancia, desde Euskal Herria, un amigo íntimo de Begoña sintonizaba la misma emisora. Peio sabía que el día 11 o 12 de septiembre, a lo sumo, Begoña estaría en Santa Ana, localidad en la que iba a trabajar en protección civil. Fuera de la selva; y fuera, en parte, del conflicto directo.

Fue ejecutada extrajudicialmente

La Comisión destinó un apartado especial a la ejecución extrajudicial de la joven navarra: «caso García-Arandigoyen». Y concluyó lo siguiente: Por un lado, que Begoña «fue ejecutada extrajudicialmente por efectivos de la cuarta compañía BIC PIPIL de la Segunda Brigada de Infantería bajo el mando inmediato del teniente Roberto Salvador Hernández y el mando superior del teniente coronel del Ejército, José Antonio Almendáriz (hoy día diputado del conservador Partido de Conciliación Nacional PCN), Ejecutivo de la Segunda Brigada». Y, por otro lado, que «dichos oficiales encubrieron el hecho» con la colaboración de la tercera comandancia de la Policía Nacional, así como los peritos y las autoridades judiciales que reconocieron el cuerpo sin vida.

El rotativo digital conservador “La Prensa Digital” publicó un extenso reportaje sobre el fatal desenlace de la joven vasca que llegó a El Salvador para ejercer como personal sanitario. Almendáriz, que gracias al decreto de 1993 sigue con inmunidad sobre su responsabilidad en crímenes de guerra, defendió desde el principio, contra viento y marea, la versión oficial de que García Arandigoien falleció en un cruce de disparos, pero finalmente, hace unos años, declaró lo siguiente: «Yo, personalmente, he pedido perdón infinidad de veces en público por lo que cometí en mi odio. Hoy soy cristiano y sé que en vez de humillarme, eso me ha granjeado un mayor perdón de Dios. Siento que me he quitado un gran peso de encima porque he pedido perdón, pero también he perdonado a quienes asesinaron de 50 balazos a mi padre».

El 21 de septiembre, el embajador español en El Salvador aterrizaba en Barajas junto a los restos mortales de la médica navarra. El embajador entregó a Peio varias fotografías que la embajada tomó al cadáver después de desenterrarlo de la fosa en la que permaneció al menos cuatro días. El día siguiente, el cuerpo sin vida de la cooperante navarra llegaba al Hospital de Navarra para efectuarle una autopsia. Begoña García recibió seis disparos; una de ellas en la nuca. El sepelio, multitudinario, se llevó a cabo al día siguiente en Gares, en el que el día 22 fue designado como jornada de recuerdo de la joven médica. La autopsia se sumó a los expedientes judiciales abiertos en Iruñea; el juez ordenó un examen más exhaustivo. Un mes más tarde se supo que el orificio de la nuca fue por un disparo realizado «a corta distancia», exactamente a dos centímetros. A mediados de noviembre la Embajada española mandó una carta de protesta a la cancillería salvadoreña; incluía la autopsia realizada en Iruñea, que contradecía frontalmente la versión oficial.

«De todo logra sobreponerse uno…»

El reportaje publicado en un diario digital de El Salvador, narra cómo el teniente Roberto Salvador Hernández organizó un grupo de militares para verificar una información sobre un mitin que habría celebrado el ERP días antes en las inmediaciones de Santa Ana. Relata cómo dieron con los guerrilleros, cogidos in fraganti, y dispararon directamente.

El Ejército envió un equipo militar para verificar las consecuencias del enfrentamiento. Acudieron un técnico del laboratorio criminalístico y también un fotógrafo. El relato afirma que encontraron dos cadáveres de dos mujeres en el patio de la finca militar del Ejército. No hubo ningún reconocimiento judicial y enterraron los cuerpos. Dos días después el cónsul de la Embajada española acudió a negociar la exhumación de los cadáveres. El encargado fue el ejecutivo de la brigada, José Antonio Almendáriz, ahora diputado. Se abrieron investigaciones que no llegaron a nada. Un año después la Comisión de la Verdad concluía que la brigadista había sido ejecutada.

«De todo logra sobreponerse una persona, incluso del miedo». Parece ser que ésa fue la última frase que la joven médica empleó en Nicaragua, horas antes de entrar en El Salvador, para responder al guerrillero exiliado que le advirtió sobre los riesgos de la guerra.

Cada 22 de septiembre en Gares se recuerda a la joven médico fallecida en El Salvador; en la pancarta que se colocó en el ayuntamiento el día que su cuerpo llegó al pueblo se podía leer lo siguiente: “Amabas a tu pueblo, a tu valle, a tu gente. Dabas todo de ti y no pedías nada. ¿Cómo no quererte?”

(*) Laurent Sanchis l Blogs de la Gente: Internacionalistas

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