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Autor: Borroka garaia da!

Este fin de semana nos ha dejado varias imágenes simbólicas, algunas mejores que otras, de la situación política que vivimos en Euskal Herria. Son imágenes, en algunos casos algo representativas, en otros esperanzadoras y en algunos desesperanzadoras pero en ninguno de ellos plenamente reales, al menos por ahora, de la situación existente, que quitando el humo electoral y el de discursos rimbombantes ciertamente malvivimos en Euskal Herria. Un pueblo dividido territorialmente, negado por las armas y la legalidad vigente su propia existencia nacional junto a los derechos que se desprenden de ello y una clase trabajadora sufriendo las embestidas de un sistema que se traduce en incontable dolor para innumerables familias y personas.

Hemos visto la imagen de un cuartel de un ejercito de ocupación rodeado de movimiento popular. Unas fuerzas policiales y militares que mientras permanezcan en Euskal Herria no habrá ni paz ni ostias. Bueno, ostias si habrá, las de la represión y la amenaza permanente contra las ansias de libertad. Y si simplemente se van, seguirá habiéndolas, pues peor que la policía es una “policía propia” mientras el entramado legal es el de la ocupación y la falta de libertades. El factor primordial después de los intereses de clase para que el PNV sea un ente colaboracionista fue la ertzaintza. El imperialismo lo sabe desde hace siglos que una estructura militar o policial autóctona al servicio de su legalidad es garantía de asimilación acelerada.

Hemos visto también como ese mismo PNV tomaba el control institucional de una forma bastante hegemónica en la CAV y sus capitales. Y de momento todo le favorece porque parece que todo el mundo le favorece como si no existiera alternativa real y factible “al régimen del PNV” que en realidad no es tal, sino la hegemonía del capital vasco-español asentado cómodamente en el régimen español y la inexistencia de una alternativa consensuada que pueda quebrarla por el bien de la clase trabajadora y de Euskal Herria pese a existir masa social, popular, sindical y humana para conseguirlo aún no aunada en algo que abra camino decisivamente. Gasteiz ha sido un fiel reflejo de ello, donde el movimiento popular ha estado a la altura de las circunstancias pero no así una alternativa institucional a la derecha como proyecto. Malos tiempos para Araba, Bizkaia y Gipuzkoa de no revertirse la situación.

Hemos visto como si fuera casi el txupinazo de san fermines como Asiron tomaba el mando del ayuntamiento de Iruñea. Un momento histórico pero de momento Asiron no ha hecho nada. No por culpa de nadie sino porque simplemente no ha dado tiempo aún a hacer nada. Y es que en Nafarroa Garaia hay posibilidad de quebrar una forma de gestionar el poder y los partidos políticos deberían ponerse al servicio de ello y amoldarse para llevarlo a cabo pero la clase trabajadora navarra es la que debe ponerse al frente para un cambio real. Esos y esas que aplaudían no pueden ser defraudadas. La vieja política está basada en el delegacionismo, el personalismo , en la “participación” controlada, y en la neutralización del movimiento popular, no en la democracia directa ni en sujetos emancipados. Claro está, dar el salto a ello supone abandonar el institucionalismo autocentrado, el conservadurismo, apostar por la confrontación, en confiar en el pueblo y no pretender que el pueblo confíe en ti.

Me gustaría ver una Nafarroa llena de asambleas, un movimiento popular en plena confrontación abierta con el estatus-quo levantando un contrapoder y que este no sea condicionado por las instituciones. Que el centro de ebullición del debate sea la propia sociedad navarra y no el parlamento. Que sean comunes las consultas populares, la acción directa y la rebeldía. Me gustaría que todo eso sea así, porque eso realmente significaría que el cambio se va abriendo paso. Si no es así, si la complacencia se instala, si se instala la contención, si se queda el “a ver que pasa” en vez del “vamos a que pase esto”, si se queda todo entre partidos y entre paredes, el péndulo volverá, un péndulo que para la izquierda ha vuelto demasiadas veces. Y al final nada cambiará, o lo poco que cambie será de nuevo enterrado para pasar a ser una nueva lágrima en la lluvia de la historia de la izquierda y los pueblos. Iruñea estando al control de EH Bildu debería ser la punta de lanza y ejemplo de ese cambio y eso significa que Iruñea se ponga bajo control de los que aplaudían.

Sin embargo, de todas las imágenes simbólicas que nos ha dejado este fin de semana, me quedo con la del nuevo alcalde de Sartaguda. Esa imagen, que es la que está puesta en este post, personalmente para mi simboliza la clave de una futura Euskal Herria libre, soberana y justa.

Y pese a que ya lo he dicho alguna vez, lo repetiré hoy; Fusionar definitivamente a las capas obreras vascas que hasta ahora han estado bajo la manipulación españolista o regionalista de la burguesía en un proyecto atractivo y palpable de liberación nacional con alternativas más que claras y contundentes en lo social. Única forma de acabar con la división de la clase trabajadora. Si eso ocurre Euskal Herria estará muy cerca de la ruptura. Esta batalla no partidista se va a decidir principalmente en las márgenes del Nerbion y Bilbo (precisamente donde surgió el nacionalismo vasco y el nacionalismo revolucionario) así como en Nafarroa y en las macrozonas industriales y de mayor densidad obrera de Euskal Herria. Es decir, una izquierda vasca, extensa, plural pero con objetivos compartidos y claros que quiebre definitivamente el engaño que entre la burguesía autóctona colaboracionista, sea PNV o UPN entre otros, mano a mano con el españolismo clásico de PSOE o del PP le han arrebatado su futuro al calor de un régimen español absurdo y dañino para los intereses del pueblo trabajador vasco o navarro que es lo mismo. Como articular en todos los sentidos a ese pueblo trabajador vasco o navarro, es una de las claves de todo el meollo y la luz al final del tunel.

Este artículo tiene dos riesgos como sabe cualquier periodista, articulista o bloguero, o como debería saberlo. El primero está en el título ya que mucha gente lee el título y muchas veces ni lee el texto y ya se hace su idea que en algunos casos te la escupirá a la cara. El otro está en que según dicen, un porcentaje altísimo de las personas que abren una página la abandona sin leer por completo todo el texto hasta el final a no ser que en los primeros segundos le enganche y lo siga haciendo hasta que se acaban las lineas. En cualquier caso, estoy con David Fernández (CUP) cuando el comenta a menudo que los responsables institucionales de la CUP son tratados por ellos mismos como si fueran los mas ladrones pese a que no lo sean. Es algo que con otras palabras también lo decía  el flaco y queda constancia de ello en aquella póstuma grabación considerada su “testamento político”. Creo que esa filosofía es la que abre espacio a una política institucional popular, controlada popularmente, y lo que puede hacer que por ejemplo esos aplausos que se escucharon en Iruñea vuelvan a repetirse y en este caso ya con razón y argumentos.

10 thoughts on “¡ Asiron es un ladrón !

  1. El cirio y el alcalde
    Jose Mari Esparza

    Era la Segunda República. Un alcalde de la Ribera navarra quería evitar la procesión del santo patrono. Entre otras razones, argumentaba que la cera goteaba de los cirios y manchaba las calles. El cura del lugar bramó desde el púlpito: “¡Ni hablar! ¡El domingo todos a la procesión! ¡Las mujeres a los lados, bien anchas! Los hombres, por el centro, con el cirio bien alto, ¡y si gotea que gotee!”. Pocos meses después el alcalde era fusilado y las procesiones siguieron manchando de cera las calles. Las derechas habían aprovechado de maravilla los atavismos y las creencias religiosas de los pueblos como capote bajo el que ocultar sus intereses verdaderos. Les era más fácil reñir por el cirio que por la educación, la reforma agraria o los comunales. Ingenua, la izquierda entró a ese debate y perdió.

    Cuarenta años más tarde, un servidor fue elegido concejal de Tafalla en las primeras elecciones dizque democráticas. Ocupamos la alcaldía, y por ser el edil más joven me tocaba llevar la bandera de la ciudad en las corporaciones oficiales. ¿Qué hacer? Optamos por mantener la tradición y el espectáculo popular, y luego dejar que entrara a la iglesia quien quisiera. Así que, llegado el día grande de las fiestas, un servidor hizo el desfile, dejó la bandera en el templo, y mientras duraba la misa se fue a almorzar con dantzaris, giganteros, juglares, timbaleros y demás gente vulgar que prefiere el humo de la txistorrada al de las velas.

    La bronca posterior fue histórica y hasta mereció portada en El País. La Corporación hizo el regreso de misa en medio de una batalla campal, en la que me salvé gracias a las espadas y makilas de los dantzaris. Pero la sociedad ya estaba cambiando. El Ayuntamiento en pleno ratificó la libertad de credos y con posterioridad cada vez han sido más los concejales que participan en la parte civil de la tradición y no lo hacen en la religiosa. Me tocó ser el primero y, por ende, el capacico las hostias.

    Han pasado otros 35 años. Estas últimas elecciones la derecha ha vuelto a resucitar fantasmas diciendo que, si ganaba, la izquierda abertzale iba a suprimir las auroras, romerías, encierros y corporaciones. Y tras perder por goleada, siguen afilando navajas de cara a las próximas citas del calendario festivo: ¿Entregará el alcalde de Tafalla el cirio al patrono San Sebastián? ¿Hará el intercambio de varas con el alcalde de Uxue (también abertzale) el día de la romería? En Lizarra, ¿subirá Koldo al Puy? ¿Estará Asiron en la procesión de San Fermín? ¿Y el tudelano Eneko en la de Santa Ana?

    Los navarrrísimos deben creer que seguimos siendo tan ingenuos como en los años treinta. En un momento en que tenemos que desmantelar su monumental chiringuito, y cuando nos estamos jugando un modelo de educación, de sanidad, de territorialidad, de sociedad en suma, creen que nos vamos a poner a reñir en medio de la calle, a espadazos de dantzaris, por una vela más o menos al patrono.

    La pelea por el laicismo y por alejar a la Iglesia de los poderes terrenales va para largo y exige un proceso educativo que no se va a acortar suspendiendo procesiones. Más bien al contrario. Lo lúdico y lo religioso vienen unidos desde la paganidad. Y lo segundo va perdiendo espacio inexorablemente. ¿Vamos a acelerar su agonía riñendo en fiestas? La tradición, ya milenaria, de la ledanía de Uxue, ¿la va a cambiar un ayuntamiento abertzale? ¿Vamos a dejar de cantar al ángel de Aralar el Gorde gorde Euskal Herria? ¿A quién molesta el canto de la aurora o el sonido de las campanas? El pueblo disfruta viendo a su ayuntamiento desfilar, incluso para poder silbarle, y goza con esa algarabía de gigantes, kilikis, danzantes, maceros y bandas de música, mascaradas festivas, mitad pías mitad paganas, caminando alegres hacia la nada.

    Además, conviene remembrar el origen civil de muchos de esos desfiles, cuando el Ayuntamiento acudía a su iglesia como patrono y ejercía un acto de dominio sobre la misma. Estaría muy bien, por ejemplo, que Joseba Asiron aprovechara la procesión del 7 de julio para entregar al arzobispo el acuerdo de la ciudad de Pamplona de construir, en 1696, la capilla de San Fermín, para lo cual se suspendieron durante seis años las corridas sanfermineras. Y decirle de paso que el pueblo de Iruñea no va a renunciar jamás a esa propiedad, a pesar de la artera inmatriculación del 2003. Las iglesias y las ermitas son del pueblo. No está nada mal que, al menos una vez al año, los alcaldes de izquierda hagan acto de presencia institucional en estas propiedades y aprovechen para reclamarlas. Ahí les duele.

    Así que, como hereje que ya ha pasado por ello, yo aconsejo a Joseba en Iruñea, a Arturo en Tafalla, a Koldo en Lizarra, a Eneko en Tudela y a tantos otros alcaldes heterodoxos, que no jueguen a chiquita; el órdago está hoy en otras cartas. Y el día del patrono, que no duden en pasear ante el pueblo soberano. Con el cirio bien alto, ¡y si gotea que gotee!

      • jajajaja, te entiendo, pero esta muy bien lo que dice Esparza, que los alcaldes en tierra de caciques, sencillamente se apoderen de la escena, oye que hay que ir a la procesion de la virgen de no se donde, pues se va, se liva y se da al bebercio lo que sea, con animo y desparpajo. En una sociedad como Navarra, con los cuneteros sintiendose dueños hasta de los gorriones, lo mejor es hacer saber, que pintan una mierda, que no mandan nada, que estan acabaos… Con desparpajo, gracia, soltura, alegria y empezar a dejar constancia de la criiminalidad en la que han basado su domino la cacicada… con tiempo, tiento, sin prisa pero sin pausa.

        Y mi querida Tafalla, es siempre una brillante esmeralda.

    • Tiene Esparza otro articulo bastante majo que public en Noviembre del año pasado y que da bastante juego:
      Ager Vasconum e Izquierda Abertzale
      Josemari Esparza
      Tras la explosión vasquista que supuso la Gamazada, han sido tres los momentos en los que la Ribera navarra, nuestro Ager Vasconum, rozó la unidad vasconavarra. Y las tres lo fueron no por mor del nacionalismo vasco, sino por el empuje republicano-socialista.
      Una fue el Estatuto. En 1931, 200 de los 220 ayuntamientos navarros presentes en agosto en Iruñea (el 90%), apoyaron el Estatuto Vasco, entre ellos la mayoría de la Ribera. Nadie cuestionaba la unidad éuskara, de la que todos oyeron hablar antaño. El problema se suscitaba en cómo el Estatuto abordaría los problemas de la Ribera. Por eso la Gestora de la Diputación, compuesta por republicano-socialistas, aprobaba una moción de su presidente, García-Larrache, pidiendo un trato especial en el Estatuto, ya que “presenta características diferentes con respecto al resto de Navarra y de todo el País Vasco”.
      Tras el fracaso inicial, el Frente Popular Navarro, con bases esencialmente riberas, volvió a plantear el Estatuto en 1936, como freno al caciquismo y estribo de la democracia en Navarra. El golpe militar truncó esta nueva oportunidad y alejó el tema a los páramos del exilio.
      En 1979, en las primeras elecciones al Parlamento Foral, Herri Batasuna, que solo se presentaba en Pamplona y su Merindad, y las Agrupaciones Electorales, presentadas en las cuatro merindades del sur y Zona Media, alcanzaron 16 parlamentarios, el 18% de los votos, superando al PSOE y UPN. Un gran éxito que convertía al abertzalismo en segunda fuerza tras UCD, y en alternativa de futuro (y eso, no lo olvidemos, con ETA en plena actividad). Pero antes de finalizar la legislatura, un maridaje insólito entre HB, UPN, PSOE y UCD, y el voto en contra de las Agrupaciones representadas en el grupo Amaiur, convirtió Navarra en distrito único, lo que obligaba a Amaiur a competir con Herri Batasuna en todo el territorio o a desaparecer. Dignamente, Amaiur decidió desaparecer, y la izquierda abertzale perdió una herramienta electoral que sólo en parte pudo reemplazar Herri Batasuna. Las siguientes elecciones el voto abertzale bajó estrepitosamente en esas comarcas. El chaquetazo del PSOE hizo el resto. Tercera oportunidad perdida. Empero quedó la lección, que algunos todavía no han aprendido: el vasquismo, en la mitad sur de Navarra, o es de izquierdas y autóctono (esto es, peculiar) o no será.
      Los homogenizadores
      En estas pasadas elecciones europeas, la izquierda abertzale inició su campaña buzoneando un mismo panfleto en las cuatro provincias. Cualquier tudelano que leyera su segundo párrafo (el primero, claro, estaba en euskera) leía que el objetivo era “conseguir un estado independiente”, la gran preocupación de la Ribera, como todos sabemos. Alguien dijo que ese panfleto era para “homogenizar” a todo el País. Ergo, goiherrizar a los riberos. Ni el PNV hace ya esas cosas. Así que si eso es homogenizar, el deshomogenizador que nos deshomogenice buen deshomogenizador será.
      Me vienen a las mientes los tiempos, no tan lejanos, en los que decisiones que afectaban a Navarra se tomaban en la Mesa Nacional con el voto en contra de los navarros. Hiere la frivolidad con la que muchos ignoran que entre Tafalla y Tudela cabe Bizkaia entera. Otrosí la sempiterna excusa del “está lejos” para justificar no mover el culo de la silla vascongada. ¿Cuántas reuniones “nacionales” al año realizan EA, Bildu, LAB, ELA, Sortu y otros cien organismos abertzales en la Ribera? ¿Podemos hablar de construir una nación que desconocemos? El mapa de Euskal Herria está ya cortado por la izquierda abertzale, como antes lo cortara el PNV. Lo demás es retórica. Jelkide o batasunera da igual. Comprobemos cuántos representantes de las Merindades meridionales hay en las direcciones de las orgaizaciones abertzales en Navarra. De las “nacionales” ni hablo. Hasta el euskera, que tantas adhesiones suscita en todo Navarra, incluida su Ribera, se utiliza de forma inapropiada: el mejor líder abertzale de Sartaguda no podrá ser miembro de los órganos de dirección de nuestras organizaciones si no habla vascuence. Hasta ahí se podría entender. Pero a muchos dirigentes que han tenido la suerte de nacer en zona euskaldun, nadie les ha exigido que aprendan a escribir y dejen de ser analfabetos en la lengua que les regalaron en la cuna.
      Si el Polígono de tiro de Bardenas estuviera en el Gohierri estaríamos todos los domingos en karrikadantza vindicativa. Pero Arguedas cae lejos. Hasta la bandera republicana, mortaja de nuestros fusilados, que los abertzales meridionales fuimos los primeros en recuperar, se está dejando en manos de cuatro advenedizos porque es “española” y porque nuestros montañeses, que pasaron de la Cruz de San Andrés a la ikurriña sin experimentar apenas el orgasmo republicano, no ven en ella un símbolo histórico afable, transicional, que posibilitó la unidad vasconavarra y con el que todavía muchos abertzales estamos enterrando a nuestros padres y abuelos.
      Incluso frentes de lucha unitarios que surgen desde Navarra, como el tema de las inmatriculaciones de bienes por parte de la Iglesia, que ha aglutinado a 200 ayuntamientos de todo el territorio y suscitado una fuerte polémica estatal, ha sido totalmente ignorado en el resto de Euskal Herria, como si el tema no fuera con ellos.
      Un cambio estratégico
      En 1931, Manuel Irujo denominó a la Ribera “el Ulster vasco”. Con más de un 15% de inmigración, entre el Ebro y el río Aragón vamos a escuchar, durante décadas, mucho más árabe que euskera. Mirar para otro lado o hacer gestos paternalistas (eso lo hace mejor el PNV) no servirá más que para agrandar el abismo que nos separa. Y sin la adhesión de la Ribera difícilmente habrá cambio en Navarra; y sin Navarra no hay proyecto nacional. ¿O tal vez sí? No tardarán en aparecer voces que “por pragmatismo” planteen el derecho a decidir en la CAV y esperar a que “más tarde” se sumen los navarros. Ya ocurrió en 1932 y en 1977 ¿por qué no ahora?
      Los abertzales, y la izquierda en especial, tenemos una responsabilidad en ese territorio. En primer lugar admitiéndolo tal cual es, y dejándole un hueco cómodo en la Euskal Herria que proyectamos, con su republicanismo españolista y su navarridad banuquasi. Su voz romanceada debe escucharse en nuestros foros políticos sin que nadie diseñe, ni en Donostia ni en Iruñea, las consignas que deben colocar por las paredes. Y no estaría mal replantearse humildemente, como en 1979, la vuelta a las plataformas políticas y electorales amplias en esos pueblos, con un vasquismo a su justa medida.
      Ese Ager Vasconum, republicano y socialista, debe engarzar su territorio en el Zazpiak Bat a su manera, como lo intentó en 1931, 1936, 1946 y 1979. Pero eso no significa que el resto del País no pueda facilitarle el camino. Urgen acuerdos nacionales estratégicos (con partidos, instituciones, sindicatos, fundaciones) para compensar las agresiones democráticas que sufren, que hacen que Tele Aragón impere donde antes se veía ETB; que impone la Ley del Euskera; que ahoga sus ikastolas; que persigue la simbología; que borra de la memoria colectiva los tiempos en que la Ribera se enorgullecía de su pertenencia a Vasconia.
      Hacer ingentes inversiones humanas y materiales, consumir sus productos, (zorionak a Errigora), entenderla y, sobre todo, amarla como la parte de nuestro país que baña el Ebro (“río vasco” lo llamó Prudencio en el siglo IV), y no como esa prótesis extraña a la que cantamos bucólicos “Erribera, Erribera”, para matar nuestra mala conciencia.

      • Esta muy bien el articulo Victori…. es mas que no se olvide, que en la Ribera como en la RIoja no solo hubo y es tradicion republicano-socialista, sino anarcosindicalista, y hoy por hoy nuestros “nacionalistas de izquierda” ni se habran enterado que hubo una insurreccion por el comunismo libertario.

        Banuqasi, o Benseraq, romanzada hasta la medula, implicada en la revuelta republicana romana o en la bagauda.

      • Por este articulo y quien se preocupa en conocer la realidad del lugar donde ha nacido o vive decia eso de no caer en el “molde vasco”, podra sonar como “navarrismo” pero yo creo que es mas bien no entender la diversidad de este pais. De esto a sabido aprovecharse muy bien los upeneros han encontrado su filon y los sociatas en parte. A trabajar para limpiar la casa y la IA tome nota.

    • Muy bien Jose Mari. Que bien los conoces. Al final Tudela, Lizarra, Irunea, Uxue, Salvatierra, Tafalla,… hacia mucho tiempo creo que no pasaba esto. Y Villava- Atarrabia… Va a estar muy movido el tema. A estos alcaldes pedirles que sean como Esparza. La CAN, el TAV, la “comida” de los hospitales,el circuito de los arcos,… que se abran ventanas,puertas,se levanten alfombras,vayamos recuperando todo lo que nos han robado,y ese antivasquismo mandarlo al pasado.

  2. El mirar una EH verde y montañosa es parte, desgraciadamente, de un mito que se ha instalado en nuestras conciencias. Diría yo que va unido a una manera muy lineal de entender qué es lo vasco y él y la vasca sin salir más allá de lo cultural.

    La propaganda del viejo MLNV iba también en esa línea durante los 80, incluso en los anagramas de las organizaciones revolucionarias de KAS. No voy a entrar en la práctica política… planteamientos seguidistas en la que se interpela a la población trabajadora por su patriotismo y no por su posición social o la mala gestión que ha alimentado a formaciones como Batzarre.

    La hegemonía necesaria tiene otros recorridos, y la extensión territorial centrándose en las problemáticas locales y sociales son la centralidad que nos harán conformarnos como pueblo diverso en dónde se superen concepciones de liberación nacional ancladas en viejos esquemas.

    La Ribera de Nafarroa y la Rioja alavesa existen.

  3. Qué nos pasa.?… Nos pasa el herrialdismo. El virus feudal, que la burguesía (no revolucionaria) ha seguido cultivando, entre otras cosas para dividirnos en regiones interiores.

    Me acuerdo de un texto de Dolores Ibarruri (citado por Ortzi) en su “El único camino”, en que desenmascaraba las rivalidades absurdas y ficticias que los capataces de las minas alentaban entre los mineros, para hacerles trabajar mas y de paso que se olvidaran de su condición común de clase obrera. Los ponían en cuadrillas regionales (navarros, castellanos, riojanos, vizcainos…) Y !hala¡ a ver quién tenía mas raza y producía mas.
    Como contaba la Pasionaria, aquello no era una mera competición deportiva, sino que se mantenía durante la lastimosa vida de las minas. Y a veces culminaba en las tabernas a puños y cuchillos.

    La cuestión es la misma: los árboles feudales, puestos por los reyes y señores del medievo y mantenidos por la burguesía, no dejan ver el bosque nacional. Y a poco que nos den palo, terminamos a puñadas, de momento dialécticas, entre vascos.

    El zazpiak bat, sigue siendo poco bat. Y la prepotencia económica vizcaína, el menosprecio intelectual guipuzcoano y la frialdad social alavesa, sin duda provocan el justiciero cabreo universal navarro que expone tan bien Esparza (Si estos tópicos no gustan… tengo otros).

    En resumidas cuentas, los discursos y disgustos “regionales” internos empobrecen el objetivo nacional. Y el debate político se contamina, a menudo, con la discusión sobre el nombre y sobre los agravios de unos y otros. Sobre bizkaitarrismo o navarrismo. O sobre ambos.

    La nación se construirá, a pesar de Lakua o de Tafalla, contra los herrialdes, no con su acentuación y apología. Y ya que a la derecha parece irle muy bien con el herrialdismo provinciano, uno de los problemas de la izquierda sería proyectar una reforma territorial que lo supere. Hay que cerrar con siete llaves, una por cada provincia, las puertas de castillos y catedrales. Abrirlas solo a la historia del arte y a los visitantes, que quieran conocer la vida social, las luchas en torno a ellas. Y lo mal que lo pasaban nuestros antepasados.. Pero cerrarlas, en todo caso, a la perniciosa e insalubre discusión política de campanario y ombligo.

    Hay que racionalizar el territorio en términos nacionales radicales. Centralizar la vida polìtica, en lo que nos sea común. Que es mucho. Pero descentralizar la administración socioeconómica y la organización territorial en parcelas naturales. En ayuntamientos racionalizados, en comarcas, en merindades, ciudades, barrios, cuadrillas, zonas socioeconómicas, costas, valles etc.etc.

    La construcción nacional es paralela a la reforma radical del territorio. Y la revolución que propone el nacionalismo revolucionario, consiste en muchos casos en hacer bien, o hacer simplemente, el trabajo mal hecho del feudalismo y que la burguesía no ha querido mejorar, cuando no le convenía. Porque agazapada en las Diputaciones seudoforales, como foco infeccioso de su poder, ha encaminado su dominación, sus chanchullos y su explotación mejor que en una estructura nacional única.

    (Pero bueno,,,esto lo he dicho y escrito varias veces. Y tampoco me han hecho mucho caso. Será que estoy equivocado). Besarkada bat.

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