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Artículo de colaboración para Borroka garaia da! Autor: Kolitza

Son tiempos difíciles para la izquierda abertzale. La inexistencia de programa ha llevado, más que la represión o el reformismo, a una derrota política en toda regla. La comunidad de lucha va disgregándose y deshaciéndose pueblo a pueblo, barrio a barrio, la falta de aquiescencia y entusiasmo por un programa de ruptura hace mella desde hace décadas, la desmovilización paulatina de la militancia es un hecho, y el enfrentamiento entre dos facciones añade si cabe aún más peligro a la situación. Son los estertores finales de un paradigma político-ideológico en nuestro país. Debemos asumir la derrota y hacer autocrítica. Pues no es una estrategia determinada la que debe ser salvaguardada, sino unos objetivos estratégicos los que debemos alcanzar y quienes deben marcar las características del camino por recorrer.

Ante esta situación, hay quienes han planteado un programa reformista, o dicho de otro modo, la asimilación total y la subordinación al orden establecido, llegando a hablar incluso en términos de ‘’nuestra democracia’’, en referencia a la dictadura de clase que la burguesía ejerce a través de los estados imperialistas español y francés. Sortu y sus satélites representan esta tendencia, en especial sus agentes más conscientes. La gravedad de esta actitud es exacerbada por el contexto: una ofensiva de clase de la burguesía sin parangón, en medio de una crisis económica probablemente causada por la activación de los límites históricos inmanentes a la formación social capitalista.

Por otro lado, la disidencia se encuentra en dificultades evidentes para superar la fórmula político-ideológica que ha llevado precisamente a esta situación de disgregación y asimilación. Quienes han apostado por la no claudicación se encuentran confusos pues deben legislar a priori en medio de un caos organizativo y una debilidad nunca antes conocidas en la historia de la izquierda abertzale. En términos generales, se percibe una incapacidad para salir del atolladero. En medio de este debate, gran parte de la masa crítica de la izquierda abertzale, de los militantes, y de los presos políticos, no hace sino caer en la desesperación, en la indefinición, cuando no en la desafección.

En términos ideológicos, la cosa se resume fácilmente: el oficialismo plantea un claro paso atrás, una clara derrota ideológica y una asimilación al programa de la burguesía y de sus facciones dominantes. La disidencia por su parte, plantea la necesidad de volver a dar el paso adelante, para mantener el programa hoy proscrito por el sector oficialista. Pero siendo sinceros, debemos analizar profundamente las causas que han llegado a convertir un supuesto programa de ruptura en un movimiento ostensiblemente asimilado, o de lo contrario nos vemos abocados a reproducir el bloqueo político, pero ahora carentes de fuerzas como para siquiera resistir o sobrevivir al curso de los acontecimientos. La gravedad de la situación exige una ruptura estratégica, o una ruptura con la estrategia que ha llevado a la asimilación, y no meramente una ruptura con la ‘actual’ estrategia de asimilación. La situación exige no dar un paso adelante, contra viento y marea, para quedarnos como estábamos, sino dar dos pasos adelante, para conseguir definitivamente romper la configuración de fuerzas que hacían inviables los objetivos estratégicos de la independencia, el socialismo, etc. Recientemente el preso político Patxi Ruiz Romero defendía en una carta pública la existencia de dos estrategias, y por lo tanto, de dos disciplinas respectivas bien diferenciadas. A pesar del acierto de Patxi Ruiz en lo que respecta a la no subordinación al programa reformista, el asunto debe llevarse aún más lejos; existe una estrategia, la clásica, a la que llamaremos en adelante ‘estrategia interclasista,’ una estrategia que la mayor parte de la disidencia no se plantea por el momento abandonar, y por otro lado, una estrategia partidista, que ya no estrategia, fruto de la anterior, y que es defendida por el oficialismo. Evidentemente así, en la coyuntura política abierta con la restauración borbónica de los 70 y que llega hasta nuestro días, sólo podemos hablar de una estrategia, la estrategia interclasista, que como engendro suyo produce una y otra vez escisiones oportunistas de mayor o menor peso (una de las cuales, la más fuerte en términos históricos ha sido la de Sortu), escisiones que transforman la estrategia interclasista en estrategia partidista y oportunismo, arrastrando tras de sí a una parte de la masa crítica, que poco a poco va resituándose después en la estrategia interclasista cuando es destapado el oportunismo y se salvan los muebles mediante el mecanismo de la disidencia (Patxi Ruiz explica muy bien este mecanismo histórico repetitivo en la historia de la izquierda abertzale). Evidentemente la disciplina estratégica, ante la malformación oportunista, ante la asimilación personal e ideológica de cuadros enteros de militantes, sólo puede consistir en confluir con la disidencia, que es el elemento que reactiva y mantiene viva la estrategia de lucha, y en eso tiene razón Patxi Ruiz, y actúa consecuentemente.

Ahora bien, no es la disciplina estratégica la que va a salvarnos del fracaso esta vez. Estamos ante una situación muy diferente a las anteriores derivas oportunistas. La dinámica cíclica de oportunismo y reforma disidente de la estrategia ha llegado a su fin, las fuerzas políticas que era capaz de movilizar la estrategia del MLNV están agotadas y no hay masa política suficiente para reactivar el proceso de lucha esta vez. La derrota es total y en todos los frentes, y es con esto que la estrategia interclasista en su conjunto ha sido derrotada. En la tesitura actual, y para no caer en la pura asimilación a la política de partidos burguesa y a la total erradicación de nuestro movimiento, debemos actuar con valentía y dar el paso definitivo de una ruptura estratégica, una síntesis avanzada del concepto ‘’independencia y socialismo’’ bajo un nuevo principio estratégico que permita definitivamente formular el programa independentista en términos de clase y bajo un concepto claro de revolución socialista vasca sin etapas externas al mismo. Sólo partiendo de la crisis social capitalista como contexto objetivo, como campo de contradicciones, y a través de los principios de clase, sólo desde la perspectiva de clase seremos capaces de formar una masa crítica suficiente para nutrir un proceso revolucionario y llevar a cabo la revolución socialista, única garantía para superar todas las formas de opresión que sufre la clase obrera vasca (opresión cultural, opresión política, opresión de género). La situación exige disciplina hacia el objetivo de clase, y para ello es necesario romper con la disciplina hacia la estrategia interclasista, que ha supuesto no sólo un bloqueo para la revolución, sino un cementerio para la misma independencia de Euskal Herria.

I- LA CONCEPCIÓN TRADICIONAL DE LA INDEPENDENCIA VASCA

En este país ha existido un vicio a clausurar el debate sobre el contenido de la independencia. Ese vicio es uno de los elementos fundamentales de la derrota política que ha sufrido el ciclo de lucha abierto en los años sesenta. Miedo a discutir los fundamentos del programa independentista, que ha sido aprovechado, dicho sea de paso, por la burguesía vasca, enemigo de clase del sujeto de esas luchas, que no era otro que la clase obrera vasca, aunque fuera esta eufemísticamente enunciada como ‘’pueblo trabajador vasco’’ dando así a entender que habría algo más en sus filas que meros sectores de la clase obrera, cuando de hecho ha sido ésta el motor de la lucha, bajo banderas equivocadas. La burguesía ha aprovechado la falta de definición del concepto de independencia para, por un lado, encerrar a esta en un recorrido bloqueado de antemano, y por otro, para mantener la lucha de clases en términos estrictamente sindicales y fuera de cauce político, en un país donde nada parece moverse, pero existe mucho ruido. Porque la lucha de clases sólo adopta su verdadero carácter allí donde ésta adquiere forma política, donde la clase obrera se constituye en el agente político histórico, en agente por lo tanto contra el orden social burgués y por la revolución socialista, por la construcción del comunismo, y no en mero pastiche susceptible de ser aglomerado para cualquier estrategia partidista. En suma, la independencia de Euskal Herria ha sido utilizada como concepto vacío y así como muro de contención para la lucha de clases y para el proyecto revolucionario. Todo lo contrario de lo que debería de ser: es decir, la independencia política de la clase obrera vasca con respecto a la burguesía vasca y sus proyectos de estado (España y Francia).

Hasta la fecha la necesidad de defender que Euskal Herria tiene ‘’derecho’’ a un estado vasco, o dicho de otra manera; la necesidad burguesa de legitimar un proyecto de estado, ha lastrado la posibilidad de un debate sobre la independencia. En vez de discutir sobre el carácter de ésta, se ha discutido en exceso sobre los fundamentos de legitimación; a saber, idioma, cultura o historia de ‘’opresión’’, dando lugar con esto a una historiografía burguesa de tipo alemán, que identifica un espíritu del pueblo en todas las épocas pasadas, en formaciones económico sociales distintas, que descansa sobre un territorio más o menos definido, y mantiene su unidad e identidad a lo largo de los siglos, etc… Todo ello ha llevado a la confusión más profunda entre lo cultural, lo étnico y lo político, siendo identificadas la opresión nacional con la opresión cultural, y ésta con la opresión política, todas ellas sin ningún orden conceptual. En ese pack, fruto de las categorías de la historiografía burguesa, la burguesía, cuando era expulsada por la puerta, se volvía a colar en el concepto una y otra vez por la ventana.

La indefinición del programa independentista tenía, no obstante, unos presupuestos de partida, un contenido indiscutido, que puede resumirse de la siguiente forma:

1-Euskal Herria (pueblo) tiene ‘’derecho nacional’’ a conformar un Estado. La independencia es así una cuestión de derecho, por un lado (cuestión de legitimidad, antes que de potencia), y de constitución política burguesa, bajo la forma-estado, por otro. El pueblo es el portador de este derecho abstracto nacional a desarrollar sus propiedades políticas burguesas, es decir, que este derecho es el fundamento para un poder político formal al que opta la totalidad social bajo el concepto de pueblo, pero que en realidad ya de entrada se plantea formalmente como estado, es decir, para responder políticamente a las necesidades de una parte de él. Pues una totalidad social políticamente determinada (por ejemplo, bajo la forma de estado) está por definición formalmente determinada para los intereses de clase, y no responde bajo ningún concepto a los intereses políticos ‘conjuntos’ de una ficción de superación del antagonismo de clase, como lo es el concepto de ‘’pueblo’’. En definitiva, la independencia de Euskal Herria se entiende bajo el paradigma burgués del derecho, y se entiende como conformación de un estado burgués, en una nebulosa de un estado ‘’para todos los vascos’’ tras la cual se esconde el multifacético rostro de la hipocresía de clase de los explotadores. Muy al contrario, una independencia política de la clase obrera no puede surgir del paradigma del derecho, ni mucho menos consistir en la formación de un estado burgués, con sus cuerpos de policía y ejército separado, con su cuerpo de magistrados y esfera del derecho, con su fiscalidad, con su aparato de ‘’representantes’’ políticos, etc…

2-El proceso de conformación de este estado debía ser un trasvase de la forma política (estatal) de los estados ‘’opresores’’ hacia el nuevo estado, fuera este proceso mediante ruptura (democrática, etc) o mediante negociación pactada y reconocimiento. Son así por lo tanto totalmente incompatibles, en el marco de la geopolítica internacional de la burguesía, la soberanía nacional vasca y la española y francesa, porque se componen de la misma substancia: el poder político de la burguesía, y esta no necesita duplicidades sobre un mismo territorio. Dicho de otra manera, independencia de Euskal Herria como emanación de dos estados ya constituidos, como un mero convencer a la burguesía de que dibuje sus mapas de otra manera, como fruto o criatura de dos formaciones políticas burguesas, como mero cambio de nombres y disfraces, como transición más o menos pactada y no como ruptura formal (donde formal quiere decir real), como ruptura con la forma política misma de estos estados, mediante la constitución del poder político nacional de la clase obrera vasca, para enfrentar a los estados español y francés, que son los instrumentos políticos de clase de la burguesía vasca en su totalidad (incluidas sus facciones estilísticamente independentistas). En definitiva, la posibilidad de un concepto de independencia política nacional como ruptura con el orden político burgués y constitución política gradual y progresiva de la clase obrera vasca en forma política propia, que fuese combatiendo y deshaciendo el poder de los estados burgueses (español y francés) operantes en nuestro territorio quedaba así descartada por principio.

En suma, la concepción interclasista de la independencia no es capaz de concebir a la independencia misma como un acto de institución política de la clase obrera vasca, y de este modo, deriva lógicamente la expulsión escatológica del asunto de clase (como mero asunto parcial, y no como fundamento de la totalidad estratégica) al momento siempre posterior. De ahí el etapismo como consecuencia intrínseca a esta concepción nacionalista, que no tiene absolutamente nada que ver con el socialismo o el comunismo, y el tratamiento de la cuestión nacional en el marco de éste. Dicho sea de paso, no debe confundirse al etapismo (que consiste en la contradicción flagrante entre táctica y estrategia) con la estrategia de fases, estrategia que guarda en todo momento lealtad a los principios de clase y a los objetivos estratégicos revolucionarios. La crítica del etapismo no es por lo tanto la crítica de toda política de fases, sino la crítica de una deformación de ésta, que allí donde ha sido aplicada ha eliminado en mayor o menor tiempo toda posibilidad de ruptura revolucionaria real y ha consistido de este modo en un principio de política contrarrevolucionaria al menos desde 1848 en el viejo continente. Dicho principio del etapismo, de la política burguesa del poli bueno y el poli malo, adquiere distinto carácter en función de cuál sea el núcleo de contradicciones inmediatas que mueven la voluntad de la clase obrera en cada marco autónomo de lucha de clases, lo cual provoca que por ejemplo, en Euskal Herria, haya sido la cuestión nacional, o mejor dicho el teatro de representaciones que se ha montado sobre ella, el continente semántico que funcione como elemento de bloqueo político y síntesis de clases.

Estos fundamentos han sido protegidos de la crítica, gracias al giro habitual, que forma parte de la cultura política nacionalista burguesa, tendente a eliminar el debate sobre la independencia, a utilizar este concepto como técnica de aglutinación y como paraguas para esconder la inexistencia de programa (comunismo) cuando no el combate directo contra el mismo.

En los albores de la restauración borbónica (años setenta), la protección de la cuestión nacional era efectivamente un motivo fundamental para la clase obrera vasca en Hegoalde. Hoy, por el contrario, nos encontramos en condiciones muy distintas. La cuestión nacional es ya un factor fundamental para todo un sector social de la clase obrera vasca, el ansia de independencia tiene consistencia propia, aunque no mayoritaria entre la clase obrera, existe realmente un sector independentista, y de lo que se trata ahora es, precisamente, de abrir entre los distintos sectores de la clase obrera vasca el debate sobre la independencia, sobre el contenido de esta, que no sólo la haga posible, sino que sea capaz de lograr la adhesión, por defender los intereses de clase, de masas cada vez mayores de nuestra clase. Independencia que pueda ser claramente contrapuesta a los proyectos políticos y sobre todo al orden social de la burguesía vasca, es decir, a los estados Español y Francés y a la sociedad capitalista sobre la que asientan su poder. Debemos pasar del debate clásico de ‘’la nación cuestionada’’, al debate sobre el contenido, o ‘’a la cuestión nacional’’ misma.

II-LA DETERMINACIÓN NACIONAL DE LA BURGUESÍA VASCA EN SU CONJUNTO

La característica fundamental de la política interclasista es el presupuesto de que las clases antagónicas tienen intereses comunes que defender. A la base de este rocambolesco argumento siempre está la sociología burguesa, utilizada de forma consciente o inconsciente, que confiere la misma importancia a los estratos de clase y a las clases mismas, desdibujando el antagonismo de clase y ocultando la naturaleza y la sustancia del poder burgués. De este modo, la sociología burguesa, en su aspecto sociográfico, genera la ilusión de que pueda existir un bloque político táctico de intereses inmediatos comunes entre la clase obrera entera y las capas inferiores de la burguesía. A la base de esta ilusión, por supuesto, no hay otra cosa que el movimiento real de las cosas, es decir, las condiciones de centro capitalista, exacerbadas en la fase imperialista. Estas condiciones de centro imperialista generan un ecosistema tendente a formar un bloque de apoyo civil de la oligarquía, que se opone sólo aparentemente a esta sin discutir en absoluto el orden social y la naturaleza del poder de dicha oligarquía, ya que es dirigido por la pequeña burguesía, que en los hechos se diferencia más bien poco de su amo.

Pero todo esto no forma parte sino de la falsa conciencia, de la falta de autocomprensión de las condiciones objetivas en las que la clase obrera se mueve en el ecosistema imperialista. A pesar de la ficción por la cual la pequeña burguesía aparece junto a la aristocracia obrera formando bloques políticos y partidos que arrastran tras de sí a la clase obrera entera, el factum es que la pequeña burguesía no hace sino administrar las decisiones de la oligarquía, una de las cuales, de carácter político, es mantener atado en corto el horizonte de autocomprensión político de la clase obrera en su conjunto. Como decíamos anteriormente, en Euskal Herria este problema adquiere forma nacional, es decir, que la cuestión nacional se convierte en el continente semántico de la estrategia de bloqueo político de la lucha de clases que la oligarquía define y la pequeña burguesía ejecuta. Este asunto es doblemente peligroso: bloquea políticamente a la clase obrera, impidiendo que se den pasos en dirección revolucionaria, y a la vez impide el debate de la cuestión nacional desde el punto de vista de la clase obrera. Impide a la vez, por lo tanto, la independencia nacional y la revolución socialista. Prosigamos.

La oligarquía vasca es un sector decididamente españolista y pro-francés, no formando otra cosa que un sector de las oligarquías española y francesa. En el caso de EAE, su sucursal política es el PNV, pero eso no les impide ser españoles de tomo y lomo que fingen ser vascos, pero van a ver corridas de toros. La oligarquía vasca ha sido parte de la formación de los estados español y francés desde el inicio, y por ese motivo es lógico que estas familias sean españolas y francesas de corazón, hablen el idioma que hablen. La oligarquía vasca está nacionalmente determinada como española y francesa, de tal modo que ni siquiera existe como oligarquía en conjunto, sino separada en dos grandes familias oligárquicas, la española y la francesa. En navarra o iparralde la cosa es más clara ya que no existe ningún partido que pueda llevar a la confusión ‘nacional’ de la oligarquía con supuestas aspiraciones nacionales, ya que no les ha hecho falta para engañar a una base de votantes, pues entre los de abajo no existían dichas aspiraciones en número suficiente como para exigir de sus amos que finjan ser ‘vascos’. De todo esto es necesario deducir la inexistencia, probada por la historia, de una oligarquía ‘nacional’ vasca. De ahí el absoluto error de quienes pretenden pactar con la burguesía vasca para construir un estado propio, cuando la facción dirigente de esta ya tiene estados propios con los cuales se identifica incluso nacionalmente.

Pero el asunto fundamental no es ese, como no es el PNV o UPN el problema decisivo. En concreto: existe además la creencia de que contamos entre nosotros con un importante sector independentista dentro de la pequeña burguesía. Y es en parte cierto, existen pequeños ricos que ponen la ikurriña y la bandera de los presos en sus ventanas de chalet, que hablan en euskera y votan a EHBildu, mientras se pasean en sus porsche y miran por encima del hombro a todo el personal al que chupan la sangre. Este sector independentista de palabra, sin embargo, actúa deliberadamente en contra de la apariencia nacional que pretende promover. A pesar de los actos de cara a la galería, es evidente que los intereses inmediatos de este sector pasan no por romper con el poder político existente (estados español y francés), sino por administrarlo y tener el control sobre él, llevando a este sector a todo tipo de colaboracionismo hasta del más rancio estilo con dicho estados, y que su único acto pro-independentista consiste en el alboroto y la música en barrios y pueblos (que ni siquiera se encargan de desarrollar ellos mismos), mientras administran y refuerzan el orden social burgués y los estados vigentes. En ningún caso este sector está dispuesto al trauma que exige una ruptura real con los estados actuales (español y francés), con toda la inseguridad social que conlleva para sus intereses inmediatos y su posición en la escala social poner en duda la legalidad vigente, desarticular la forma política actual de la sociedad vasca, el orden de garantías de la propiedad privada y la posición económica que los estados vigentes garantizan a las distintas facciones de la burguesía vasca en el plano internacional. Algo similar le ocurre a la aristocracia obrera, y le ocurrirá mientras esté aletargada en el largo sueño político del bloqueo burgués y el paraíso económico vasco, ya que ésta debe comprender que la creación de una forma política propia de la clase obrera en nuestro territorio traería también para las capas superiores de la clase obrera una mejoría incalculable. En cualquier caso, a pesar de sus ‘aspiraciones nacionales’ la pequeña burguesía independentista está determinada estatalmente a defender al estado español y francés, a participar y promover sus instituciones políticas legales en nuestro territorio, y sus aparatos de clase en todos los ámbitos de la vida social de nuestro país. No va a ver los toros, pero pone la bandera española donde se lo manden. Plantea un ‘ruptura democrática’ mientras aplica la ley que refuerza constantemente el orden establecido y hace que ninguna ruptura sea posible. No gobierna, simplemente administra a regañadientes.

De modo que tenemos una oligarquía españolista y francesa de corazón. La pequeña-mediana burguesía dividida en una facción españolista-francesa de corazón, y otra facción independentista de palabra y españolista-francesa de hecho, o independentista nacionalmente pero española-francesa estatalmente. El conjunto de la burguesía vasca, incluido su sector independentista, es por lo tanto contrario a las exigencias que plantea una ruptura política con los estados español y francés, y en consecuencia, todo programa político que no rompa con la burguesía en su conjunto será incapaz por principio de conseguir la independencia nacional de Euskal Herria. Cuanto más tarde la clase obrera vasca en ser consciente de la corrección de este principio estratégico, más se demorará la posibilidad de avanzar en la consecución de los objetivos políticos para los que nació la izquierda abertzale.

III-EL CONFUSO CONCEPTO DE OPRESIÓN NACIONAL

Una pregunta debe ser planteada entonces: ¿Quién es el sujeto de opresión nacional? La concepción interclasista clásica respondería: el pueblo vasco en su totalidad. Esta respuesta debe ser discutida.

Tradicionalmente en Euskal Herria el concepto de opresión nacional está inextricablemente unido a la cuestión de estado, es decir, a la opresión político nacional. De modo que casi serían sinónimos, o dicho de otro modo, la opresión nacional consiste en la falta de derecho político nacional, de derecho a forma estatal propia causado por conquista, anexión, etc… es decir, por cuestiones de territorialidad histórica, y no por cuestiones de formación del poder social. Opresión política nacional entonces como falta de soberanía nacional, de forma política nacional, de la que se derivan, entre otras cosas, la opresión cultural y lingüística, y el etnocidio, consumado a medias, de la etnia vasca (hechos estos que son evidentes, pero no así la explicación que se da de su causa). Tenemos por lo tanto que el pueblo vasco en su conjunto sería así sujeto de opresión política nacional, en la medida en que está excluido de una forma política propia. Todo esto siempre desde el punto de vista de la concepción interclasista de la cuestión nacional.

Pero, llegados a este punto, debemos preguntarnos: ¿Está la totalidad del pueblo vasco en situación real de ausencia de forma política propia? Y por añadidura, ¿Qué significa tener forma política propia?

La forma política, por ejemplo, un estado burgués, es el conjunto de superestructura que permite el ejercicio de la dictadura de una clase social, en este caso de la clase burguesa. ¿Por qué? Porque la política es el enfrentamiento extremo entre los intereses antagónicos en una formación social determinada, y en nuestro caso, en la formación social capitalista, los intereses extremos vienen definidos por la modalidad del poder dominante, que es el capital, siendo así que este antagonismo básico está formado por las clases sociales, una de las cuales ostenta la propiedad privada del poder social, bajo la forma del Capital. Por lo tanto, la forma política en dicha formación social no puede sino responder al conflicto fundamental, que es la lucha de clases, y amoldarse para responder a las necesidades de una de las clases, y para hacer frente a la otra. De este modo, el estado burgués, cualquier estado burgués, se compone de aparatos como el derecho, los magistrados y el poder judicial, la política representativa, el ejército permanente, el cuerpo de policía, el fisco, etc… Por lo tanto, lo relevante no es sólo quién toma el control de este aparato estatal, sino la forma política estatal misma en cuanto responde y está determinada formalmente por los intereses de clase a los que sirve, en el caso del estado burgués, su forma está confeccionada para reproducir, sostener y colaborar con el poder del capital y de la clase que lo ostenta, la burguesía, sea esta grande o pequeña. Tras los sucesos de la comuna de parís, quedó en evidencia la imposibilidad de que la clase obrera se apodere sin más de esta forma política, y la necesidad de que la clase obrera no se dedicase como primer acto en el proceso revolucionario sino a destruir esta forma política y a generar la suya propia, es decir, la comuna socialista. Fueron los comuneros y comuneras de 1871 quienes descubrieron la forma política de la clase obrera para la lucha de clases, y lo pagaron caro, con decenas de miles de muertos. Pero de esto hablaremos en otra ocasión.

Que una forma política constituida responda a los intereses de clase es la causa directa de que sea esta clase la que más interés tenga en participar en las instituciones que componen dicha forma. Es por esto que la burguesía en su conjunto es quien más empeño pone en la contienda electoral, desde el municipio hasta el estado, pasando por la diputación provincial o las instituciones ‘autónomas’ o ‘departamentales’. Dicha contienda electoral es la forma mercantil en la que las distintas facciones de la burguesía miden su poder real, moviendo la opinión social en función del poder económico que respalde a cada candidatura. Esto sucede en la democracia burguesa, que es la forma más desarrollada del estado burgués, en la que la dictadura de clase es a la vez más brutal y más esotérica, y en el que la lucha de clases es formalmente suprimida del juego político, siendo este representado como la mera lucha entre distintas facciones de la burguesía por el reparto del pastel. En ese circo la clase obrera no tiene personalidad propia. Como es público y notorio, el grueso de la clase obrera queda excluido de la participación activa en este tipo de reparto del pastel, ya que dicho pastel no está confeccionado para responder a los intereses de ninguna clase que no sea la burguesía. Por lo tanto, todo miembro de la clase obrera que participa activamente en esas instituciones con fines que no tengan que ver exclusivamente con destapar el carácter de clase de éstas, no es sino un traidor de clase, un oportunista que participa en dichas instituciones sino por interés personal. Esto lo digo porque es la palpable demostración de que el estado burgués es la forma política de la burguesía en su conjunto, ya que sus aparatos, los aparatos que deben ser administrados, son aparatos confeccionados para la burguesía, y en contra de la clase obrera, y sólo la burguesía acude a ellos con voluntad de grupo, mientras que la clase obrera no lo hace, o si lo hace lo es embaucada o de la mano de alguna facción de la burguesía con promesas cortoplacistas que generalmente no llegan a cumplirse.

De este modo, el estado burgués, todo estado burgués, es la forma política que adquiere la burguesía en su conjunto en un territorio dado, sea cual sea la facción de esta que esté en el poder. En ese sentido, ni el estado español ni el francés se diferencian en lo más mínimo de ningún otro estado burgués, y es por esto que la burguesía vasca en su conjunto está totalmente incluida, como clase, en la forma política estatal real, que es la de España y Francia. Pero entonces, si la burguesía, sea esta independentista o no, ya tiene forma política en la cual defender sus intereses en todos los ámbitos, y si damos por hecho que la opresión nacional es la ausencia de forma política propia, ¿Cómo podría decirse que está la burguesía vasca oprimida nacionalmente? ¿De qué nos sirve entonces el concepto interclasista de ‘pueblo’, sino es para que la burguesía se nos cuele una y otra vez por la ventana en el concepto de opresión nacional?

La cosa es muy de otro modo: la burguesía vasca en su conjunto está metida hasta el tuétano en el ejercicio del poder, la facción dominante en las labores de decisión, y las capas inferiores en la administración del poder de clase, a través de las diputaciones, de los ayuntamientos, de los poderes extraestatales pero permitidos por el estado o complementarios de su forma política (universidad, poder mediático, industria de la fiesta y el juego, sistema sanitario tanto privado como público…) y el control de los partidos y los sindicatos legales ‘de izquierdas’, que son órganos del estado y son financiados por él para tener amarrada a la clase obrera y bajo control la posibilidad de una ruptura revolucionaria con el poder burgués.

De modo que a la pregunta: ¿Quién es el sujeto de opresión nacional? Se debe responder sin vacilaciones: la clase obrera vasca, la nación vasca entendida exclusivamente como nación obrera, o bien el pueblo vasco pero sólo si entendemos a este exclusivamente como sinónimo de la clase obrera vasca. Es la nación obrera vasca la que sufre opresión nacional, no por la mera forma en que se dibuja el mapa, sino por la forma política que está obligada a padecer, porque está excluida por completo como clase no sólo del poder, sino de la forma misma del poder político.

La pequeña burguesía independentista está a años luz de esta situación. Ella no padece en sus carnes la ausencia extrema de participación en la síntesis social del poder a través del estado, sino que toca a parte proporcional en lo que respecta al volumen de su capital, pudiendo condicionar decisiones, pudiendo administrar elementos de interés político, cumpliendo la función de muro de contención para la lucha de clases, y negociando políticamente paquetes de proteccionismo que le permiten morder más o menos tajada del tráfico de capitales que la oligarquía imperialista genera en el país, etc… pero además, pudiendo aprovecharse de las reformas de clase que en todos los ámbitos aplica la oligarquía con sus partidos de gobierno para aplastar a la clase obrera, y pudiendo a la vez dar muestra de indignación moral ante esas reformas de las cuales luego hábilmente se aprovecha en el día a día, y a las cuales refuerza allí donde puede. ¿En qué consiste entonces su independentismo? En la mezquina y necia pretensión de erigirse de forma gratuita y pacífica en gran burguesía nacional, en la absurda voluntad y eterno sueño de que la facción dominante actual de la burguesía ceda de forma espontánea su trono a estos intrépidos y poco afortunados pretendientes. Pero los conflictos de interés entre las facciones de la burguesía no deben ser confundidos con las opresiones que se derivan de la subordinación de clase, de las cuales cabe citar no sólo la opresión nacional, sino también la opresión de género: formas de opresión que padecen distintos sectores de la clase obrera, pero que a estas alturas de la película no afectan en absoluto a la clase dominante, sino que, al contrario es ella misma quien las promueve.

En definitiva, el análisis exhaustivo de las cosas nos lleva a la convicción contraria de lo que tradicionalmente planteaba el paradigma interclasista; es decir, que no existe posibilidad de conciliación entre los intereses de clase ni siquiera para dar un primer paso independentista, que el motor de la dinámica política debe de ser la lucha de clases, y que en todo caso no es ir con la pequeña burguesía, sino combatir incluso a las facciones superiores de la clase obrera que apoyan a esta, el cometido de la mayor parte de la clase obrera para una primera fase. En el caso de aquellas naciones que no tienen forma política propia, entendido con ello por ejemplo a la nación obrera vasca, el primer paso debe ser dotarse de forma política nacional propia para ejercer la dictadura de clase frente a los opresores, o dicho de otro modo, debemos definir el contenido de la independencia desde los principios de clase, como comuna socialista vasca, y no como estado burgués vasco. La independencia debe de ser ya un primer paso en el proceso revolucionario, un primer paso de la revolución socialista vasca, y no un paso previo a la puesta en marcha de dicho proceso. De lo contrario, no sólo estaría la clase obrera vasca traicionándose a sí misma, no sólo estaría operando en el terreno de la falsa conciencia, sino que estaría condenando toda posibilidad de avanzar en los objetivos estratégicos que esta se había marcado, y por los que viene luchando largo tiempo atrás.

Construir la comuna socialista vasca, construir el poder político de la clase obrera, significa construir los mecanismos de clase que permitan ejercer la dictadura del proletariado, y que permitan promover la socialización de la producción, la colectivización de los medios de producción y de los recursos; significa substituir ‘el gobierno de los hombres por la administración de la cosas’, eliminar la política representativa, formar instituciones de clase en los que la administración sea ejercida mediante una delegación permanentemente revocable; significa formar espacios políticos para subordinar al opresor, y no espacios políticos para subordinar al oprimido; significa substituir la hipocresía del juez por la justicia revolucionaria, la justicia del pobre contra el rico, que no necesita fingir imparcialidad, porque está hecha desde el que ha sido pisoteado, pero a la vez por quien porta las semillas del futuro, porque no es una justicia equitativa, sino una justicia histórica la que debe ser implantada; construir la comuna socialista vasca significa dar realmente pasos unilaterales para forjar mediante la lucha el poder político de la clase obrera, de forma gradual pero decidida, barrio a barrio, pueblo a pueblo, en coordinación a escala nacional, con solidaridad de clase, sin esperar a que el derecho abstracto de la burguesía sancione nuestra potencia con el nombre de ‘estado’; significa no separar el poder ejecutivo del legislativo, ni el manual del intelectual, no crear una casta de discutidores puros, sino ejercer continuamente la legislación desde quienes hacen las cosas, y no sobre quienes las hacen, significa eliminar el parlamentarismo; significa la institución del pueblo armado, y no de una parte separada de él que porta las armas para subordinarlo; significa la posibilidad de gestionar nuestros recursos, nuestra lengua y nuestra cultura para hacerlos reales eliminando su forma mercantilizada, para garantizar su supervivencia o nuestra vida en ellos; significa eliminar la forma misma de la sociedad que genera la opresión de género, y no tratar meramente de extirpar la opresión de género sin desarticular la forma social en la que continuamente brota; significa planificar una geometría de los recursos que responda a los intereses de toda la nación, y no a una élite de la misma; significa abrir las puertas del horizonte histórico del comunismo, y dotarnos de la herramienta política necesaria para promover la riqueza universal en una sociedad basada en solidaridad organizada; significa luchar y arriesgar por lo que de verdad importa, una forma superior de felicidad y libertad para la nación obrera vasca que haga estallar con su potencia los goznes de este infierno del puesto de trabajo al que ha sido condenada.

33 thoughts on “De la nación cuestionada a la cuestión nacional: contribución al debate ideológico de la izquierda abertzale

  1. Muy bueno,si. ¿Y esto no lleva ,una y otra vez, a la clase obrera vasca a acometer la labor de crear el instrumento de lucha que obedezca únicamente a sus intereses ? ¿Para cuando el Partido con un programa revolucionario ?

  2. La necesaria renovación teórica de la Izquierda Abertzale, la imprescindible teorización de la revolución vasca del siglo XXI, no puede pasar por asumir estos planteamientos de infantilismo izquierdista y economicismo.

    Este análisis parece que vive en el París de finales del siglo XIX y no en la Euskal Herria del siglo XXI. Ignora la prespectiva interseccional, no hace un análisis profundo de la realidad socioeconómico del país ni de su actual correlación de fuerzas. Tampoco creo que haga un análisis justo de la trayectoria de los últimos 60 años.

    Hau ez da bidea lagunak.

    • Ahora que queda en evidencia lo infundado de la acusacion de españolismo, pasamos al siguiente comodin: izquierdismo y economicismo. Justamente dos posiciones contrapuestas (la una por la izquierda, la otra por la derecha) que aqui el compañero trata de conciliar donde… y en sus miedos, puesto que esta bien soltarla, mas dificil es fundamentar tal acusacion que cae ante la evidencia de lo escrito en el articulo. Economicismo donde, si Kolitza deja clara su posicion politica contraria al interclasismo, que entre otras, se expresa en la forma de lucha por el derecho de clase dentro del marco burgues, que es al fin y al cabo la lucha reformista de la clase obrera, ya sea en su forma evidentemente economica, el sindicalismo (el sindicato como organizacion burguesa de la clase obrera), o en su forma economica-politica, la socialdemocracia.

      La acusacion de izquierdismo requeriria un mayor desarrollo por tu parte, puesto que, como tu dices, estamos en el siglo XXI, y no son pocas las cosas que han cambiado en el terreno de lo ideologico-politico, en la capacidad de racionalizar la opresion sobre la clase obrera, en la capacidad de la burguesia de reescribir las “luchas” bajo parametros que obedezcan a sus intereses… entre ellas, evidentemente, la “lucha” institucional, que habria que ponerla desde ya en cuestion como herramienta contraproducente para la clase obrera, si esta, como dice el articulo, no es destinada, cuanto menos, a poner en evidencia la estructura clasista que se esconde tras las instituciones, y de modo colectivo, como parte integrante de la estrategia revolucionaria. Lo mismo ocurre con los sindicatos, o el movimiento reformista en general, que en el proceso de maduracion de la clase obrera podian actuar de manera progresista (asi como lo podian hacer unas instituciones constituidas por el voto arrancadas como derecho en la Rusia de inicios del siglo XX) pero que ahora se convierten en una pieza clave de la burguesia . Esto no descarta el trabajo a realizar en los mismos, simplemente pone cada cosa en su lugar.

      Pero lo cojonudo de este comentario sin fundamento alguno viene con la “prespectiva interseccional”, que es el colmo de la sociologia burguesa, la forma vulgar de la dialectica que no trata de lucha sino que de equilibrio total de la realidad social determinada por multiples intereses. Se trata, por tanto, de conciliar supuestos contradictorios, o de extirpar (idealistamente) tal contradiccion, que es al fin y al cabo lo que se esconde tras el interclasismo, basandose para ello en una multiplicidad objetivamente indeterminada, expresada en voluntad inmaterial o voluntarismo idealista, que forma la multiplicidad del (no)sujeto. Es en definitiva ese no sujeto el que se determina bajo los parametros del orden burgues existente. Asi, el independentismo burgues se convierte en una etapa mas de la liberacion de la clase obrera, conciliando los intereses de clase bajo una historiografia idealista en la que el proceso no es sino un avanzar en comun, bajo los supuestos intereses comunes del querer avanzar, y no el avance como consecuencia misma de la lucha (de clases).

      Pero lo cierto es que toda interseccionalidad esta mediada, y que a falta de cosmovision proletaria, es la burguesia la que se cuela por la ventana.

  3. Aupa Kolitza, beti bezala oso interesgarria.

    Iruditzen zait nolabait estrategia iraultzailea (estrategia interklasistaren aurkakoa) justifikatzeko orduan ENAMek berak egindakoa erreproduzitzen duzula: independentismoa aurrera eroateko gaitasun edo potentzialitatea arrazoi jartzea. Eurek estrategia interklasista justifikatzeko erabiltzen zuten/dute eta zuk, ordea, iraultzailea justifikatzen saiatzeko.
    Euskal Herrian badago burgesiaren fakzio independentista bat (zuk zeuk ere badiozu) EHBilduk eta gainontzeko sateliteek ordezkatzen dutena eta, hortaz, bada posible independentismoa interklasismotik aurrera eroatea, Catalunya-ko prozesuak ere erakutsi du hori. Hor egoera desberdina bada ere, guztiz argi uzten du indpendentismo burgesaren existentzia (klase interes burgesek mugitzen dutena, jakina) eta badaudela independentziaren alde bai ala bai dabiltzan burgesiaren fakzioak: CUP haien artean.

    Hortaz, uste dut estrategia independentista interklasista bat aurrera eroatea posible izatean (ez zait lar ardura bugesiaren estrategiaren bideragarritasuna), ezin dela dei egin estrategia iraultzailea indartzera indepenentismoa indartzeko modu bakar edo bideragarriena izateagatik.

    Kontua da proletalgoak ez duela inongo interesik estrategia interklasista baten, independentismoa aurrera eroateko bide hoberena ere, ez eta sikiera independentismoan ere. Testu hau jartzen dizut, zentzu honetan oso egokia dela iruditzen baizait: https://borrokagaraia.wordpress.com/2017/03/07/sobre-estrategias/

    Uste dut, oro har edukiarekin ados banagoela, baina independentismoaren justifikazioa bera iragan paradigma interklasistaren ondarea dela, eta estrategia interklasistarekin behingoz, errotik, apurtzeko albo batera utzi (gaindituz) behar dela.

  4. Egileak “interklasismoaren” erretorikarekin jarraitzen du bere kokapen ultraezkertiar eta antimarxistak justifikatzen saiatzeko.

    Erdigune inperialistako nazio zapaldu (des)industrializatu bateko klase herrikoiekin behargin-klasearen aliantza, Euskal Herri Langilea, “interklasista” gisa aurkezten saiatzen da, eta subjektu iraultzailea “langile klaseaz” ordeztea, zinez interklasista dena, proletalgoa masa langileen gainontzeko klaseetatik desberdindu ezinean, bere identifikazioa zailduz eta era honetan bere Alderdi Komunistaren bitartez bloke historikoa gidatzen duena hau izatea galaraziz.

    Gainera ENAMen estrategia 70ko hamarkadatik (!) “interklasista” denaren GEZURRA jaurtitzen du eta guztiz faltsuak eta garaiko erakunde iraultzaileen barne-dokumentuen bidez erraz desmuntagarriak diren printzipio ideologikoak egozten dizkio, borroka nazionalaren eta iraultza sozialistaren uztatzearen karakterizazioaren inguruan.

    Bere ultraezkerkeria klase burgesekin aliantzen aukera ikusteko ezintasunean islatzen da, helburu politiko komunen lorpenean, errepresioaren aurkako borroka, faxismoaren aurkakoa, askapen nazionala, borroka antipatriarkala edo kapitalismo inperialistak areagotutako joera atzerakoi ororen kontra. Aldi baterakoak izango diren aliantzak eta beti prozesu iraultzailearen menera, eta ez alderantziz (nahiz eta klase-borroka izango den zehazten duenak), prozesuaren fasearen arabera.

    Zapalkuntza nazionalari buruz, garrantzia handigoa ematen dion puntua hau, “langileen” “autodeterminazioaren” ikuskera antileninista erabiltzen duela ikusten dugu, Lenin-ek berak eta Komintern-ak jadanik erraustutako eta gezurtatutako Bujarin-en tesi antileninista (beste jakintsuren baten “autodeterminazio sozialista” bezalakoxea … ). Tesi honek nazio-zapalkuntza nazio osoak pairatzen duela ukatzen du, klase burgesak barne (baina ez era berean, bloke zapaltzailearen baitako kokapenaren eta kate inperialistan honenaren arabera), “ekonomismo inperialistan” eroriz burgesia ez-monopolistaren izatea ukatzean eta autodeterminaziorako eskubidearen benetako esanahia faltsutuz.

    Azkenik, berriro jausten da bere desbideratze anarkoidean, “komuna sozialista” gizarte komunistaren fase gorenarekin parekatzean, era honetan (gure kasuan Euskal) ESTATU Sozialistaren beharra ukatuz diktadura proletarioaren gauzatze gisa, kontraesan sozialen garapenak markatutako behar historiko gisa, klase-kontraesanik gabeko garapen-maila horretara iritsi ahal izateko, Marx, Engels, Lenin, Stalin, Hoxha eta benetako sozialista iraultzaile guztiek azpimarratu zuten gisan.

    Agerian zuzenak diren ondorioetara oinarri oker eta faltsuetatik iristeak egiatan antidialektikoa, eta ondorioz alferrikakoa, den emaitza ematen baitu.

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    El autor continúa con la retórica del “interclasismo” para intentar autojustificar sus posiciones ultraizquierdistas y antimarxista.

    Intenta presentar como “interclasista” a la alianza de la clase obrera con las capas populares de una nación oprimida (des)industrializada del centro imperialista, el Pueblo Trabajador Vasco, y sustituir el sujeto revolucionario por un concepto de “clase trabajadora” que es verdaderamente interclasista, al no poder diferenciar al proletariado del resto de clases de las masas populares, dificultando su identificación e impidiendo así que sea éste el que dirija el bloque histórico mediante su Partido Comunista.

    Además lanza la MENTIRA de que la estrategia del MLNV desde los 70 (!) ha sido la “interclasista” y le atribuye unos principios ideológicos totalmente falsos y fácilmente desmontables con los documentos internos de las organizaciones revolucionarias de la época, en lo que concierne a la caracterización de la relación entre la lucha nacional y la revolución socialista.

    Su ultraizquierdismo se ve reflejada en su incapacidad para ver la posibilidad de alianzas con clases burguesas en la consecución de objetivos políticos comunes, como la lucha contra la represión, contra el fascismo, la liberación nacional, la lucha antipatriarcal o contra toda tendencia reaccionaria acrecentada por el capitalismo imperialista. Alianzas que serán temporales y siempre al servicio del proceso revolucionario, y no al revés (aunque será la lucha de clases la que marque el resultado), dependiendo de la fase de este proceso.

    Sobre la opresión nacional, un punto al que da mayor relevancia, vemos que utiliza una concepción de antileninista de “autodeterminación” “de los trabajadores”, una tesis de Bujarin ya desmontada y refutada por la Komintern y el propio Lenin (parecido a la “autodeterminación socialista” de algún otro sabio…). Esta tesis niega que la opresión nacional la sufre toda la nación, clases burguesas incluidas (aunque no de la misma manera dependiendo de su posición dentro del bloque dominante y de la de este en la cadena imperialista), cayendo en el “economismo imperialista” al negar la existencia de la burguesía no-monopolista y falseando el verdadero significado del derecho a la autodeterminación.

    Por último, aunque no por ello menos importante, reincide en su desviación anarcoide, al identificar a la “comuna socialista” con la fase superior de la sociedad comunista, negando así la necesidad del ESTADO Socialista (Vasco en nuestro caso) como materialización de la dictadura proletaria, como necesidad histórica marcado por el desarrollo de las contradicciones sociales para poder llegar a ese nivel de desarrollo sin contradicciones de clase, como bien subrayaron Marx, Engels, Lenin, Stalin, Hoxha y todos los verdaderos revolucionarios socialistas.

    Pues llegar a conclusiones aparentemente correctas desde presupuestos falsos y erróneos dan un resultado que en realidad es antidialéctico y por lo tanto inútil.

    GORA MARXISMO-LENINISMOA!
    GORA EUSKAL HERRIKO ALDERDI KOMUNISTA!
    GORA EUSKAL HERRIA ASKATUTA ETA SOZIALISTA!

    • Respuesta a Unai:
      En la misma frase en la que me acusas de retórica empiezas ya empleando mal conceptos vulgares, como el de ”autojustificación”, que sólo es un elemento reflexivo psicológico que has confundido con ”justificación”, cosa que con toda evidencia haces porque pretendes cargar tu texto de terminología técnica que no manejas correctamente. Ese vicio impregna todo tu comentario, desde el vulgar concepto de ”autojustificación” hasta el más complejo de ”antidialéctico”.

      Muy al contrario, mi empleo del concepto ”interclasismo” no sólo está claramente determinado, sino que se ajusta a un sistema conceptual completo, características ambas que tienen mucho que ver con la dialéctica como método especulativo, y poco que ver con la retórica, que es de lo que me acusas. El interclasismo consiste así en defender los intereses políticos coyunturales de facciones de la burguesía y justificarlo diciendo que vale para las dos clases antagónicas de la sociedad, en nuestro caso, la concepción burguesa de la independencia nacional vasca, cosa que por lo que entiendo pretendes hacer tú. Esa es la razón por la que la política de frentes impulsada por el estalinismo es antirrevolucionaria y cae en el campo del enemigo. En mi larga exposición anterior ya decía que ha sido necesaria la maniobra de vaciamiento semántico del concepto de independencia para poder llegar a suponer que la clase obrera entera podía estar de acuerdo con facciones de la burguesía en un programa independentista de mínimos.

      ”Ultraizquierdista” es a su vez el típico descalificativo empleado por los estalinistas contrarrevolucionarios para combatir las posiciones revolucionarias que mantengan los principios de independencia de clase y estrategia no etapista ni conciliadora de clases. Como el estalinismo es una vulgar corriente ideológica de la modernización capitalista, necesita buscarse un hueco ”a la izquierda” y para eso desplaza a los revolucionarios razonables hacia el más allá, hacia un ”ultra” no se qué.

      Te cito: ”… sustituir el sujeto revolucionario por un concepto de “clase trabajadora” que es verdaderamente interclasista, al no poder diferenciar al proletariado del resto de clases de las masas populares”.
      Tu manejo del aparato conceptual de la crítica de la economía política resulta insatisfactorio. Decir que el concepto de clase trabajadora es interclasista es una contradictio in adiectio, pero todavía es más grave seguir esta afirmación diciendo lo de ”el resto de clases de las masas populares” con lo que queda en evidencia tu absoluto desconocimiento del concepto de clase en el marxismo, suponiendo por tu parte que ”las masas” populares constarían de no se sabe cuantas clases. Está claro que en esta afirmación confundes el concepto de clase y el de estrato de clase (dicho en forma dialéctica, las figuras concretas de la clase, y no la determinación formal de ésta), práctica habitual de la sociología burguesa y del marxismo vulgar, totalmente necesaria para desdibujar la differentia specifica que establece la distinción entre las distintas determinaciones del dinero como medio de circulación y como capital, y con ello de las personificaciones de estas categorías económicas en los trabajadores asalariados y los capitalistas. Y es que sólo dos clases pueden citarse desde un punto de vista marxista, pero tu pareces suponer que són las clases precisamente una multiplicidad contenida en ”las masas populares” con lo que de golpe eliminas toda posibilidad de comprensión del poder burgués, y por lo tanto te resulta imposible situar en el orden exacto la relevancia del concepto de estrato de clase, que evidentemente es necesario tener en cuenta, pero exactamente en el orden inverso. Es decir, primero las determinaciones de forma, y después las figuras concretas.

      Lo de que digo mentiras sobre la estrategia del MLNV y lo de que es fácilmente desmontable… pues tendrás que desmontarlo, porque en el anterior comentario te has limitado a hacer esa osada afirmación sin dar prueba alguna. Yo me considero heredero y parte del MLNV de modo que lo único que puede ponerte en ventaja con respecto a mi es demostrar tu mayor conocimiento de las fuentes para justificar tu afirmación, cosa que no has hecho. Ahora bien, incluso si demostrases conocer mejor la fuente, incluso teniendo esa ventaja, tendrías que demostrar tus afirmaciones documentadamente, de modo que estás doblemente alejado de tu propósito.

      Otra frase tuya: ”Su ultraizquierdismo se ve reflejada en su incapacidad para ver la posibilidad de alianzas con clases burguesas en la consecución de objetivos políticos comunes…” Como comprenderás no tiene mucho sentido acusarme de una cosa y de lo contrario. En el párrafo anterior me acusas de interclasismo por usar el término de clase obrera, y por si esto fuera poco jocoso, ahora me acusas de lo contrario, es decir, de no ser capaz de llegar a alianzas con el enemigo de clase. ¿en qué quedamos?

      Yo propongo ser capaces de distinguir las determinaciones de forma, en lo que respecta a la división formal en clases en la formación social en la que domina el modo de producción capitalista, para distinguir adecuadamente entre las distintas figuras de la clase obrera y de la burguesía que se funden bajo las formas mistificadas de la economóia burguesa en conceptos como ”capas populares”, ”clase media”, etc. Ese es el método correcto para identificar FORMALMENTE, es decir, de manera adecuada, TODOS LOS ALIADOS POTENCIALES con los que pueden contar los estratos más bajos de la clase obrera, a los que tu llamas proletariado. Eso significa tener un método para distinguir entre la oveja y el lobo disfrazado de oveja.

      Prosigamos: alianza con la burguesía, dices además, ”para luchar contra el fascismo, la represión, el patriarcado”, etc… con lo que demuestras también una concepción totalmente desclasada sobre la conexión interna que rige entre los distintos tipos de opresión, las distintas figuras de la violencia de clase, y la clase dominante que impulsa ambas, que es la burguesía. En realidad desde un punto de vista marxista es totalmente estéril aliarse con facción alguna de la burguesía para eliminar los fundamentos de su poder social, como lo son continua o intermitentemente el fascismo, la opresión nacional, el patriarcado, la represión, etc…

      Por último, queda clara también tu falta de rigor en la lectura de mi texto ya que me acusas de identificar el concepto de comuna socialista con la fase superior de la sociedad comunista, cuando yo digo todo lo contrario; es decir, que la comuna socialista es la FORMA POLÍTICA NACIONAL que utiliza la clase obrera como PRIMERA FASE, para desarrollar la dictadura del proletariado, a diferencia de lo que planteáis los estalinistas, que es hacerle el juego a la burguesía y a su forma política y llamar a la pequeña burguesía para ello eufemísticamente ”otras clases populares”.

      En lo de antidialéctico no me voy a meter porque realmente no quiero perder el tiempo discutiendo sobre el método especulativo con alguien que piensa que la dialéctica es un asunto de lógica proposicional.

      En cualquier caso, creo que escribes el comentario con el mejor de los propóstios y aunque estoy totalmente en desacuerdo con lo que dices aprecio tu gesto de combatir mis tesis, que seguramente consideras perniciosas para nuestro movimiento. Lamentablemente opino lo mismo de las tuyas, por lo que seguiremos discutiendo.

      • Baten batzuek halako hizkera bat erabiltzen dute irakurleari sinestarazteko esten duena ulertzen ez badu, hau horrela dela oso konplikatua eta maila gorenekoa delako, egiatan ez direnean DEUS esaten ari. Beraz goazen harira.

        Askapen nazionalaren eta iraultza sozialistaren harremanaren inguruan Euskal Herriko klase-borrokaren marko autonomoan, inoiz KASen parte izandako ezein erakundek egileak diona ezeztatzen du. Ez daukat denborarik bilatzen eta hemen paragrafoak ipintzen ibiltzeko, egilea izan beharko luke dokumentatzen dena GEZURRAK esan baino lehen.

        Oso argigarria da egileak “estalinismo kontrairaultzailea” deitzea fronteen politika izendatzeko, Nazioarteko Mugimendu Komunistari herrialde askotan garaipenak lortzea baita proletalgoaren diktadura ezartzea lagundu ziona, ekialdeko Herri-Demokraziak bezala.

        Hau bere berbaldi ultraezkertiarraren ondorio argia da, erradikalizatutako burgesia ttipiari berezkoa, bloke zapaltzailearen baitan edo kate inperialistan kontraesan burgesak ikustea eta erabiltzea galarazten duen sektakeriara daramana, ezta justuki baloratzea ere proletalgoaren interes politiko eta historikoen aldeko balizko aliantzarako prozesu iraultzailearen egoera bakoitzean hauek eskaini dezaketen elementu aurrerakoia, errepresioaren aurkako borrokan, faxismoaren aurkakoan, askapen nazionalean, borroka antipatriarkalean edo kapitalismo inperialistak areagotutako joera atzerakoi ororen kontra adibidez.

        Sektakeria ultraezkertiar honek, oso antzekoa troskismora edukian nahiz eta “benetako” Marxi “buelta” bezala mozorrotu (horregatik diote “marxianoak” direla), oso ondo konbinatzen du praktikan eskuinkeriarekin, ohikoa den eran, “langile klasea” kontzeptuan ikusi daitekeenez. Txarto gogoratzen ez badut egileak burgesia ttipi esplotatzailea sartzen baitu honetan, bere “errenta” “nahikoa” baxua bada.

        Subjektu iraultzailea klase-borrokaren testuinguru jakin batean paper iraultzailea jokatu dezaken klaseen multzoa da. Errusian behargin-nekazari aliantza bezala (ultraezkertiarrek aurka egon arren), Euskal Herrian, erdigune inperialistako nazio zapaldu (des)industrializatua, Euskal Herri Langilea da.

        Subjektu hau behargin-klaseak edo proletalgoak osatzen du, ez dena industriala soilik (nahiz eta kapitalismo beraren ekoizkin bereziena den Marx-en arabera), eta ez dena hainbeste errentagatik zehazten, ekoizpen-baliabideen gaineko jabetza ezagatik baizik eta bizitzaren ekoizpen/birsortzerako bere lan indarra saltzeko beharragatik. Klase ugariena da eta Kapital-Lana harremanean kokapen objektiboki iraultzaileena du, hots, esplotazio kapitalistarekin amaitzeko interes handienak, eta ondorioz eraldaketa iraultzaile ororen klase gidaria eta motorra izan behar du.

        Klase herrikoiak dira, bai kapitalismoak bere garapean suntsitzen joan den klaseen arrastoak, baita bere bizimoduagatik proletalgotik gertu dauden mailak ere. Hemen ditugu erdi-proletarioak, burgesia-ttipi ez-esplotatzailea, diru-sarrera urriko lanbide liberaletakoak …

        Aitzitik, “langile klasearen” kontzeptu interklasistak guzti honen nahaste-borrastea egiten du, esplotatzaile “sakrifikatuak” ere sartuz. Era honetan ez du ahalbidetzen proletalgoa masa langileen gainontzeko klaseetatik desberdintzea, bere identifikazioa zailduz eta era honetan bere Alderdi Komunistaren bitartez bloke historikoa gidatzen duena hau izatea galaraziz.

        Desindustrializazioari buruz, argi eta garbi industriaren deslokalizazio prozesuarenz ari nintzen lanaren nazioarteko banaketaren areagotzearen eta teknologia berrien garapenaren ondorioz, ez Kapital finantzariaren menpe egoteari utzi dionik, Kapital bankaria Kapital monopolista industrialarekin batzea dena (“marxianoek” erabiltzen ez duten zehaztapena hau eta beren “azterketen” mugapena agerian uzten duena).

        Zapalkuntza nazionalaren inguruan, berriro esango dut , egileak ez duela ezer esan honen inguruan.

        Amaitzeko, egileak KOMUNISMOAREN ezaugarriak azaltzen ditu (eskulanaren eta lan intelektualaren arteko desberdintasunarekin amaitzea, eskubide burgesaren amaiera, ordezkaritzako demokraziaren ezabapena, genero-zapalkuntzaren amaiera, armada iraunkorra ezabatzea, merkantzia deuseztea …) bere “komuna sozialista” deskribatzeko, bere ume-ezkerkeriaren anarkoidearen beste erakusgai bat besterik ez dena, kapitalismoaren eta komunismoaren arteko iragate-aldi historikoa ALBORATZEN duena, Sozialismoaren eraikuntza ESTATU proletarioaren laguntzaz, jadanik hala Marx-ek nola Engels-ek Manifestu Komunistan aipatzen zutena, eta teorian eta praktikan Lenin, Stalin, Hoxha eta benetako sozialista iraultzaileek defendatu zutena.

        Nire aurreko erantzuna ez zen zuzentzen abstrakzio maila zehatz bat eskatzen duten kontzeptuak maneiatzeagatik besteen gainetik sentitzen den eta teoria iraultzailea faltsutzeko erabiltzen duenari konbentzitzera, baizik eta zinez Euskal Herri askearen alde borrokatu nahi dutenei, Sozialismo Zientifikoaren formez mozorroturiko egilearen gisako aleen erretorika antimarxistak nahasteak sortzea ekiditen laguntzeko.

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        Algunos utilizan un lenguaje que pretende hacer creer al lector que, si no entiende lo que dice, será porque es algo muy complicado y de nivel superior, cuando en realidad no están diciendo NADA. Así que vayamos al grano.

        Sobre la relación entre la liberación nacional y revolución socialista en el marco autónomo de lucha de clases de Euskal Herria, cualquier organización que alguna vez formara parte del KAS desmiente lo que el autor dice. No tengo tiempo para ponerme a buscar y copiar párrafos aquí, debería ser el autor el que se documentara antes de decir FALSEDADES.

        muy esclarecedor que el autor llame “estalinismo contrarrevolcuionario” para calificar a la política de frentes que ayudó al Movimiento Comunista Internacional a lograr triunfos en numerosos países e incluso implantar la dictadura del proletariado, como en el casos de las Democracias Populares del este.

        Esto una clara consecuencia de su discurso ultraizquierdista, propio de la pequeña burguesía radicalizada, que le lleva a un sectarismo que impide ver y utilizar las contradicciones burguesas en el seno del bloque dominante o la cadena imperialista, y también valorar justamente el elemento progresista que en cada coyuntura del proceso revolucionario estas pueden ofrecer para un hipotética alianza en favor de los intereses políticos e históricos del proletariado, como la lucha contra la represión, contra el fascismo, la liberación nacional, la lucha antipatriarcal o contra toda tendencia reaccionaria acrecentada por el capitalismo imperialista.

        Este sectarismo ultraizquierdista, muy parecido en su contenido al trotskismo aunque se disfrace de una “vuelta” al “verdadero” Marx (por eso se hacen llamar “marxianos”), combina perfectamente, y como suele ser habitual, con el derechismo en la práctica, como puede verse con el concepto “clase trabajadora”. Pues si mal no recuerdo, el autor incluye a la pequeña burguesía explotadora en esta, si su “renta” es lo “suficientemente” baja.

        El sujeto revolucionario es el conjunto de clases sociales susceptibles de jugar un papel revolucionario en un contexto de lucha de clases dado. Como en Rusia fue la alianza obrero-campesina (a la que los ultraizquierdistas se oponían), en Euskal Herria, nación oprimida (des)industrializada del centro imperialista, es el Pueblo Trabajador Vasco.

        Este sujeto se compone de la clase obrera o proletariado, que no es solamente el industrial (aunque este sea el producto más peculiar del propio capitalismo según Marx), y que no se define tanto por su renta como por su falta de posesión de medios de producción y la necesidad de vender su fuerza de trabajo para la producción/reproducción de la vida. Es la clase más numerosa y ocupa la posición objetivamente más revolcionaria en la contradicción Capital-Trabajo, es decir, el mayor interés en acabar con la explotación capitalista, y por lo tanto debe ser la clase dirigente y motor de toda transformación revolucionaria.

        Las clases populares son, o bien restos de clases que el capitalismo ha ido destruyendo en su desarrollo, o bien eslabones que por su forma de vida se encuentran próximos al proletariado. Aquí tenemos a los semiproletarios, a la pequeña burguesía no explotadora, profesionales liberales cercanos al pueblo…
        Sin embargo, el concepto interclasista de “clase trabajadora” hace un batiburrillo de todo esto, incluyendo hasta a explotadores “sacrificados”. De esta manera no permite diferenciar al proletariado del resto de clases de las masas populares, dificultando su identificación e impidiendo así que sea éste el que dirija el bloque histórico mediante su Partido Comunista.

        Sobre la desindustrialización, obviamente me refería al proceso de deslocalización de la industria a raíz del aumento de la división internacional del trabajo y el desarrollo de nuevas tecnologías, no a que haya dejado de estar bajo dominio del Capital financiero, que es la fusión del capital bancario con el Capital monopolista industrial (concepto este que los “marxianos” no manejan y muestra lo limitado de sus “análisis”).

        Sobre la opresión nacional, repetiré que , porque el autor no ha dicho nada al respecto.

        Para finalizar, el autor define unos rasgos del COMUNISMO (como el fin de la diferencia entre trabajo manual e intelectual, el fin del derecho burgués, eliminación de la democracia representativa, fin de la opresión de género, eliminación del ejercito permanente, anulación de la mercancía…) para describir su “comuna socialista”, lo que no es sino otra muestra de su izquierdismo infantil anarcoide que OBVIA la necesidad del periodo histórico de transición entre el capitalismo y el comunismo, la construcción del Socialismo con ayuda del ESTADO proletario del que tanto Marx como Engels hablaban ya en el Manifiesto Comunista, y fue defendido en la teoría y la práctica por Lenin, Stalin, Hoxha y todos los verdaderos socialistas revolucionarios.

        Mi anterior respuesta no iba dirigida a intentar convencer a quien se siente superior por manejar conceptos que requieren cierto nivel de abstracción y los utiliza para falsear la teoría revolucionaria, sino a quienes verdaderamente quieren luchar por una Euskal Herria libre, para ayudarles a evitar que la retórica antimarxista disfrazada con las formas del Socialismo Científico de elementos como el autor pueda crearles confusiones.

        • Aupa unai,
          Es curioso que tu desconocimiento del método marxista lo conviertas en principio de realidad, de este modo, que tu desconozcas el significado de un concepto es igual a que ese concepto no signifique nada. Buena lección de humildad.
          Yo no empleo los conceptos de la dialéctica para ser superior a nadie sino para acercarme mejor al objeto de análisis, que es el Capital. Si hablo de determinaciones de forma y figuras es porque en concreto tienes un problema al no diferenciarlos. Lo que hago es en definitiva compartir el resultado de mi estudio por si le sirve a alguien. Tu manera de despreciar a quienes nos tomamos en serio el estudio de marx es lamentable. Me da la impresión de que careces de voluntad de discusión e indagación, por lo que hablar contigo resulta en una pérdida de tiempo.
          La mayoría de las cosas que dices son disparates, como lo de que Euskal Herria es un centro desindustrializado, que serían muy sencillos de evitar si utilizases el método marxista, pero es que incluso un economista burgués niega que Euskal Herria sea un centro desindustrializado. De hecho nos parecemos más a un centro industrial de tipo ”distrito industrial” como lo son el norte de Italia o el occidente alemán, con multitud de cinturones industriales de tipo polígono industrial, con un amplio tejido industrial secundario basado en la producción de bienes de equipo, logística, y todo tipo de industrias auxiliares que en total componen el treintay tantos por ciento de la economía, como en cualquier país industrializado de centro. Tu confundes el desmantelamiento de la gran industria con la desindustrialización en general, o la pérdida de peso del capital industrial, lo cual es claramente una confusión entre una determinación formal y una figura concreta, mira por donde para qué sirven los conceptos del método. El capital industrial como DETERMINACIÓN FORMAL del capital se expresa en distintas figuras, una de ellas es la gran industria pero no es la única. Pero como te lo digo yo es de esperar que te opongas a ello, como te opones a todo lo que diga alguien a quien tu mentalidad estalinista califica de anarcoide (¿?).
          En fin, confundes continuamente las determinaciones formales con las figuras históricas, el modo de producción con sus etapas, las clases con los estratos de clase, la producción de plusvalía con la forma mistificada de salario y ganancia, etc etc, en definitiva queda continuamente en evidencia tu absoluto desconocimiento de la teoría del valor de marx, que es la que emplea todo marxista, lenin incluido. Evidentemente no incluyo a stalin porque era despreciado como teórico por sus propios compañeros de partido, ya que como todo el mundo debe saber, no tenía ni puta idea.
          La mayoría de las características por las que defino la comuna socialista las he sacado del texto de marx sobre la comuna de parís, al igual que hace lenin en el estado y la revolución, texto de marx en el que describe la comuna como la FORMA POLÍTICA AL FIN HAYADA para la clase obrera, como forma transitoria, y la describe como la anulación de la política representativa, cargos permanentemente revocables, anulación de la separación del ejército, etc etc.¡Tu dices que estos son rasgos del comunismo! ¡PERO SI EN EL COMUNISMO NO HAY FORMA POLÍTICA! Además mezclas indebidamente, chapoteando con los pies embarrados sobre mi descripción de la forma política de la clase obrera, los rasgos de la comuna socialista que yo he descrito con objetivos estratégicos como el fin de la opresión patriarcal, anulación de la mercanía (sic), etc… mezclas indebidas, tergiversaciones, etc etc.
          Para terminar, yo no quiero confundir a nadie, sino animar a todo el mundo a estudiar en serio la crítica de la economía política, para no dejarse engañar por nigún estalinista pseudomarxista, para poder pensar por sí mismas. Ale hasta otra.

          • Ikusita egileak mamian sartzea ekiditen duela eta gaur egun arteko klase-borrokaren praktika sozialari eta praxi iraultzaileari muzin egiten diola, zeinetatik Sozialismo Zientifikoaren maisuek beharrezko ondorioak atera zituzten beren planteamenduak osatzeko, “ideia putarik ez zuen” Stalin-en lan baten lotura ipiniko dut soilik, Sozialismoaren Arazo Ekonomikoak SESBn, irakurleak aldera dezan nola azaltzen duen honek arazoa egilearen ume-ezkerkeria anarkoide eta antidialektikoaren aurrean:

            https://docs.google.com/file/d/0ByP565N0sPRSWkpTSmlvR2ZuRDA/edit

            Viendo que el autor evita entrar al meollo y se dedica a ignorar la practica social y praxis revolucionaria de la lucha de clases hasta hoy día, de la cual los maestros del Socialismo Cientifico sacaron las conclusiones necesarias para completar sus planteamientos, solo pondré el enlace de una obra del “que no tenia ni puta idea” Stalin, Problemas Economicos del Socialismo en la URSS, para que el lector pueda comparar como plantea éste el problema frente al izquierdimo infantil anarcoide y antidialectico del autor:

            https://docs.google.com/file/d/0ByP565N0sPRSWkpTSmlvR2ZuRDA/edit

            • Positivismo por un tubo, no hay mas que leer la obra de Stalin “fundamentos del leninismo” para darse cuenta de lo poco que entendio a Lenin, y que efectos tuvo esa vulgarizacion llamada “leninismo” dentro del Movimiento Comunista Internacional.

              No solo esto, tambien se tendrian que tener en cuenta las diversas persecuciones que sufrieron aquellos marxistas que siguiendo tanto a Marx como a Lenin revivieron a Hegel, y en especial su Logica. No es casualidad que algunos de los cuadros marxistas mas avanzados de la epoca 1922 (mas o menos) retomasen a Hegel, vease a Lukacs y/o a korsch.

              Sin mas, entender la dialectica como te lo exponen en los manuales sovieticos es no entender la dialectica misma, reproducir las limitaciones positivistas que tuvo Engels en el Anti-Dhuring etc. No hay leyes absolutas en la dialectica, sino leyes del devenir.

              Lo mas paradojico de todo es, que aun y el asco que le cogio Stalin a Hegel, materializo la tesis del Estado Hegeliano en la URSS.

              Besterik gabe, batzuei “masekin egon behar denaren” tesia behin eta berriro aurpegiratzen diezun bitartean ezer gutxirako balioko dizu (zure logikaren baitan) zure “marxismo-leninismo” positibizatu ahistorikoa eduki zehatzetan hutsala izateaz gain eztabaida ororetan errespeturik gabe aurrera eramaten dituzun bitartean. Urteak pasatzen doazela eta Herri txiki honetan denok ezagutzen gerala. Ondo izan.

            • Un pequeño apunte unai: lo de que stalin no tiene ni puta idea no lo digo yo, lo dijo David Rjazanov, boltxevike director del instituto de marxismo-leninismo soviético de moscú, persona muchísimo más acreditada y competente que yo y que tu para poder evaluar la capacidad teórica de los miembros del partido boltxevike, no sólo porque los conocía personalmente, sino porque ha sido uno de los más brillantes y eruditos conocedores de las obras de Marx y Engels.
              Como sabrás fue asesinado por orden de Stalin.

              http://www.lahaine.org/est_espanol.php/presentacion-del-juego-1936-guerra-civil

          • Aupa Kolitza! ”La mayoría de las características por las que defino la comuna socialista las he sacado del texto de marx sobre la comuna de parís” Testu honen linka txertatzerik bai?

            • https://www.marxists.org/espanol/m-e/1870s/gcfran/guer.htm

              ”La Comuna estaba formada por los consejeros municipales elegidos por sufragio universal en los diversos distritos de la ciudad. Eran responsables y revocables en todo momento. La mayoría de sus miembros eran, naturalmente, obreros o representantes reconocidos de la clase obrera. La Comuna no había de ser un organismo parlamentario, sino una corporación de trabajo, ejecutiva y legislativa al mismo tiempo. En vez de continuar siendo un instrumento del Gobierno central, la policía fue despojada inmediatamente de sus atributos políticos y convertida en instrumento de la Comuna, responsable ante ella y revocable en todo momento. Lo mismo se hizo con los funcionarios de las demás ramas de la administración. Desde los miembros de la Comuna para abajo, todos los servidores públicos debían devengar salarios de obreros. Los intereses creados y los gastos de representación de los altos dignatarios del Estado desaparecieron con los altos dignatarios mismos. Los cargos públicos dejaron de ser propiedad privada de los testaferros del Gobierno central. En manos de la Comuna se pusieron no solamente la administración municipal, sino toda la iniciativa ejercida hasta entonces por el Estado.

              Una vez suprimidos el ejército permanente y la policía, que eran los elementos de la fuerza física del antiguo Gobierno, la Comuna tomó medidas inmediatamente para destruir la fuerza espiritual de represión, el “poder de los curas”, decretando la separación de la Iglesia y el Estado y la expropiación de todas las iglesias como corporaciones poseedoras. Los curas fueron devueltos al retiro de la vida privada, a vivir de las limosnas de los fieles, como sus antecesores, los apóstoles. Todas las instituciones de enseñanza fueron abiertas gratuitamente al pueblo y al mismo tiempo emancipadas de toda intromisión de la Iglesia y del Estado. Así, no sólo se ponía la enseñanza al alcance de todos, sino que la propia ciencia se redimía de las trabas a que la tenían sujeta los prejuicios de clase y el poder del Gobierno.

              Los funcionarios judiciales debían perder aquella fingida independencia que sólo había servido para disfrazar su abyecta sumisión a los sucesivos gobiernos, ante los cuales iban prestando y violando, sucesivamente, el juramento de fidelidad. Igual que los demás funcionarios públicos, los magistrados y los jueces habían de ser funcionarios electivos, responsables y revocables.” (K. Marx, La guerra civil en Francia, 1871)

        • “que el autor llame “estalinismo contrarrevolcuionario” para calificar a la política de frentes que ayudó al Movimiento Comunista Internacional a lograr triunfos en numerosos países e incluso implantar la dictadura del proletariado, como en el casos de las Democracias Populares del este.”

          Es correcto describirlo como “contrarrevolucionario”: la creación de estados satélites de arriba a abajo, estilo Napoleón, difícilmente puede caracterizarse como “revolucionaria” aunque imagino que es debatible, pero de lo que no cabe ninguna duda es de que la actividad de Stalin y la Komintern allá donde no llegaba el Ejército Rojo (e incluso de Lenin antes que Stalin en casos como la Zona Libre ucraniana) es contra-revolucionaria, p.e. el abandono de la lucha revolucionaria en Grecia, la praxis contra-revolucionaria en el estado español (sólo porque ésta no estaba controlada por los estalinistas), los diktats al PCC contrarios a la dinámica revolucionaria y favorables a colaborar de forma subordinada con los nacional-fascistas del Kuomintang, que Mao sabiamente se pasó por el sobaco, su política de hostilidad a todo sistema socialista independiente como el titoísta, etc. De hecho la URSS sólo se volvió temporalmente internacionalista-revolucionaria a partir de la tímida “desestalinización” de Krushev, que fue cuando apoyó a movimientos revolucionarios a nivel global (Cuba, Vietnam, Angola, Mozambique, etc.)

          Respecto al resto, Unai, me parece casi standard Kominform, aunque por momentos tengo que estar de acuerdo, la forma de decirlo, con ataques al “ultraizquierdismo” (es decir: cualquier cosa que no encaje con el modelo totalitario leninista-estalinista), no es de recibo; ya sabemos cómo acaba el modelo bolchevique (que no genuinamente “soviético”): con la vuelta al capitalismo.

          No creo que la burguesía de renta baja sea “clase revolucionaria” pero sin duda puede haber elementos individuales que se inclinen, por dignidad y empatía humanas, por intereses contrarios a los de su clase (la historia está llena de ejemplos: Marx era de origen burgués, Engels era un burgués de pleno, Lafargue era hijo de terratenientes cubanos, los grandes líderes anarquistas rusos eran de origen aristocrático, el padre de Argala, aunque de extracción obrera, se había convertido en pequeño burgués por un golpe de suerte, etc.; también está llena de ejemplos de obreros vendidos a sus amos capitalistas, Corcuera sin ir más lejos, rompehuelgas profesional antes de ser ministro de policía). Además pueden darse convergencias tácticas entre los intereses de (sub-)clase de la pequeña burguesía y la clase trabajadora, ya que la pequeña burguesía suele estar relativamente explotada por la gran burguesía. Estas alianzas tácticas entre clases o sub-clases no deberían sorprender a nadie, aunque no pueden llegar a nivel de alianza estratégica puesto que a la pequeña burguesía no le interesa la colectivización de los medios de producción ni el empoderamiento de la clase trabajadora, absolutamente no.

  5. La decadencia de una estructura de pensamiento comienza cuando el punto de partida ya no es la realidad, sino la nueva forma teórica en que el maestro la había sublimado; así sentencia Marx la desintegración interna de la Economía Política por sus epígonos. De ahí la categorización de “economistas políticos vulgares”, atributo con el que también podemos designar ciertas fracciones del marxismo. A límine Kolitza acaba de aleccionarnos con sutiles lecciones de método, por lo que queda demostrada su ortodoxia a diferencia de la de Unai, quien no comprende más que la optimización de lo impreciso. Algunos pretendemos vitalizar el marxismo, por lo tanto al igual que el autor de este texto ha combatido los enunciados legibles de Unai, con la pretensión de mantener la autonomía orgánica de nuestra teoría, me toca a mí refutar las ausencias de su comentario: todas esas afirmaciones que pasan desapercibidas pero que no dejan por ello de ser catastróficas.

    En el segundo párrafo encontramos el concepto-limiten que nos permite colegir todos los errores categoriales de Unai, me refiero al concepto (des)industrialización; y en este mismo apartado leemos sus erratas: clases de las masas populares, proletariado (en contraposición a clase trabajadora que maneja Kolitza), bloque histórico (como malformación togliattiana del concepto) y sujeto revolucionario (homónimo de proletariado en este caso). Cuando se trata de analizar las manifestaciones concretas de los procesos de trabajo en la formación social capitalista, en este caso sería la industria, la forma marxista de abordar el objeto (la industria) debería realizarse mediando dos abstracciones formales: la del “concepto científico de fábrica” de Marx y la de “capital industrial”. La primera, expuesta en la sección de “Maquinaria y gran industria” de El Capital, se refiere a la composición técnica que adquiere el capital en un nivel avanzado/dado (fruto de la producción de plusvalía relativa) y la segunda, es la forma desarrollada de la “fórmula general del capital” (donde se insertan el capital-dinerario, el capital-productivo y el capital comercial o mercantil).

    De modo similar, pero no igual, al post-marxismo el marxismo vulgar y sobre todo su máximo exponente, el marxismo-leninismo (ideología posterior a Lenin), fundamenta su elaboración estratégica en una de las mistificaciones burguesas, producto de la relación social capitalista: en el concepto abstracto de trabajador o proletariado. Como suplente y a la vez sinónimo semántico de la identificación formal de la clase trabajadora esta corriente marxista identifica como trabajador (y por tanto como clase trabajadora el grupo que constituyen estos sujetos) aquel que participa en el trabajo directo de las ramas industriales (entiéndase aquí industria en su sentido vulgar), señalando por ende a las demás secciones oprimidas-concretas como clases populares y posibles aliados del proletariado. Este reduccionismo contradice los conceptos de “clase trabajadora” y “proletariado” marxianos. El proletariado lo conforma toda esa fuerza de trabajo social que se contrapone sustancialmente al capital en la totalidad de sus procesos de producción y valorización, ya sea en instancias del capital-productivo o en cualquiera de las otras dos. Cierto es que los últimos ciclos de acumulación han desplazado en gran medida las grandes industrias a la periferia capitalista, lo cual no supone una desindustrialización territorial del centro: en Euskal Herria incluso el capital industrial (que no “industria”) toma mayor poder de mando. Los marxistas no podemos permitirnos hablar en términos de la economía neoclásica o burguesa (campo ideológico a la cual pertenece el concepto de industria a secas), el método marxista nos obliga a pensar el capital industrial, para no crear avatares a la hora de investigar la geometría real del poder burgués.

    Cada nuevo ciclo de acumulación produce toda esa fuerza de trabajo que revitaliza el trabajo muerto, por eso hoy se está Euskal Herria proletarizada como nunca antes se había encontrado. Si consideramos la composición de clase desde el prisma del capital industrial no encontramos diferencia sustancial alguna entre los trabajadores asalariados participes en sus diversos momentos, por tanto no se trata de privilegiar una de las fracciones (como necesario dirigente de las demás) y considerar clases populares a aquellas que el marxismo vulgar no ha sabido comprender formalmente. Y es que la ninguna fracción de la clase trabajadora como corporeidad de las necesidades y tareas históricas revolucionarias no incluye intrínsecamente cualidades de dirigencia o de vanguardia por la mera posición estructural que ocupa (hablo de la relación sujeto-objeto que mantiene la clase trabajadora consigo misma). En este estadio histórico en el que toda la formación social adquiere forma de fábrica, y en la cual todos los elementos sociables se asimilan por la producción de plusvalía y no constituyen más que un momento de la producción de ésta, es cuando menos se corresponde con la realidad la categoría de clases populares. Estrictamente lo que se opone a la clase capitalista es el proletariado y es por ello que charlar de clases populares no hace más que crear confluencias ideológicas de intereses de clase antagónicos e irreconciliables. Pensar el pueblo (y no la clase) crea la oportunidad lógica de la confluencia entre clases y la posibilidad estratégica del interclasismo.

    ¿Y por qué todo esto? Porque lo que nos incumbe en última instancia es la relación sujeto-sujeto, que termina donde empieza el interclasismo. Para poder pensar la revolución es imprescindible partir de un método de análisis correcto y no desfigurar la composición existente de clases. Por eso: 1) el proletariado no se reduce a un sector productivo industrial, sino que la clase trabajadora es esa fuerza de trabajo social subsumida y comandada por el capital industrial; 2) partiendo de una homonimia estructural de clase no hay posición salarial que adquiera carácter vanguardista (aunque sí que las ahí de carácter político no las analizare aquí); 3) todo espacio conceptual y regulación de pensamiento que permita reconciliar antagonismos es una incongruencia lógica y matarratas para la teoría estratégica.

    Como bien sabrás Kolitza a todo proceso de socialización de pensamiento le son inevitables por lo menos dos trances: una de comprensión y otra de asimilación. Muy buena aportación a la primera, por lo demás ten paciencia…

  6. No estoy de acuerdo con todo lo que dice Kolitza pero sí con mucho y en particular con los párrafos introductorios.

    En particular estoy en desacuerdo en entender la nación como estado-nación y como concepto “burgués”; me parece fundamental reconocer a la nación como pueblo-nación y concepto pre-burgués, probablemente incluso pre-agrario, pueblo-nación que puede constituirse en estado espontáneamente, ser forzado por las oligarquías (burguesas o pre-burguesas) a ser parte (central o subordinada) de un estado que utiliza lo nacional como elemento ideológico-cultural de dominación.

    En el caso vasco, bastante peculiar, tenemos un claro episodio (re-)fundador nacional en la Bagauda del s. V, que nos proporcionó una diferencialidad no sólo etno-lingüística sino también política y legal durante muchos siglos, y cuyos restos maltratados aún perduran. Se trató, entiendo, de una revolución campesina exitosa en el contexto de una guerra de clases agraria, similar en muchos sentidos a la revolución suiza del s. XIII probablemente, pero con mucho más marcado carácter etno-nacional.

    Discrepo también, de forma más matizada, con la insistencia en diferenciar Pueblo Vasco de Pueblo Trabajador Vasco: al fin y al cabo la clase trabajadora, aquí y en Lagos, constituye aprox. el 90% de la población, del pueblo, luego, a no ser que se permita a la minoría burguesa dirigir (de forma más o menos sutil) el movimiento popular-nacional, no hay contradicción entre ambas terminologías. Sí que puede haber un riesgo, sobre todo en la medida en que no somos capaces de discernir claramente al “enemigo interior” si no nos dotamos de un discurso de clase claro y dominante, si no ponemos a los bueyes de la clase trabajadora delante del carro portador de las señas de identidad nacional, del carro nacional. Que yo sepa, si los bueyes van detrás del carro, no se mueven ni los bueyes ni el carro, ni la lucha proletaria, ni la lucha nacional.

    • La cuestion es determinar a que nos referimos cuando hablamos de la nacion. Efectivamente, previo a la nacion burguesa existen los pueblos, o incluso segun otras referencias, las denominadas nacionalidades. Pero mas alla de los terminos abstractos, habria que concretizar la forma burguesa de la nacion, y sus formas previas, a las que yo personalmente no entiendo como nacion, sino que como embriones de la misma. Y esto, como retroceso, como planteamiento del desarrollo de la nacion, como postulacion de los supuestos de lo ya puesto. Esto es, la nacion que subsume bajo su desarrollo condiciones materiales previas que determinan relaciones sociales comunitarias concretas; condiciones que tan solo bajo cierto desarrollo social pueden ser subsumidas bajo el concepto nacion. Asi, hay pueblos que desaparecen (o son hechos desaparecer) bajo una nueva determinacion de sus relaciones sociales, con el desarrollo de las fuerzas productivas y la transformacion de las condiciones materiales que hacian al pueblo como tal. Pero no necesariamente se pierden; algunos adoptan nuevas formas e/o incluso se desarrollan mas alla. Con cada cambio historico, con cada nueva relacion de produccion, surgen nuevas formas de comunidad y nuevas formas de conciencia que, a pesar de partir de lo anterior, suponen una ruptura. Retrospectivamente lo entendemos como evolucion historica necesaria, que en lo concreto no quiere decir desarrollo no contradictorio ni evolucionismo.

      En ese sentido, no entiendo que en el articulo se exponga a la nacion como mero estado-nacion (forma politica), sino que sobretodo como forma socioeconomica. Esto es, la nacion es una determinada forma social de produccion. Asi como la forma antigua del pueblo-estado exigia la ruptura del “modo de produccion” (en la medida en la que existia ya una division del trabajo) pre-clasista y su forma social y (semi)politica (la tribu, la union de tribus, la familia como unidad suprema de la vida comunitaria…), asi tambien la forma nacion-estado se fundamenta sobre la ruptura y transgresion constante de las determinaciones feudales. Ahora bien, en lo nuevo lo viejo adopta nuevas formas, se reformula. Asi, lo previo es una necesidad para lo posterior, pero es realmente lo posterior lo que hace previo a lo previo, lo hace historico, lo inscribe en un desarrollo mayor. Esto es, podemos hablar ahora de la forma pre-burguesa de la nacion, precisamente como retroceder desde la nacion burguesa ya formada. Sin ese desarrollo historico no existiria tal retroceder. Por eso mismo yo entiendo la nacion como producto historico del ascenso y desarrollo de la burguesia, lo cual no quiere decir que la burguesia inventara nada ni que la nacion sea algo no real que existe en su voluntad, sino que sin el desarrollo de las fuerzas productivas y de un nuevo modo de produccion, el desarrollo de la nacion misma seria imposible, como forma socioeconomica, como desarrollo concreto de las relaciones sociales de produccion.

      Por eso mismo creo que es necesario concretizar que es la nacion, que es la comunidad, que es la cultura, la lengua, que es una forma social, una forma politica… para poder abordar el debate desde una conceptualizacion ya aceptada, y no tener que reescribir constantemente el significado de cada palabra.

      Para finalizar, creo que el problema se encuentra en el momento en que divides lucha proletaria y lucha nacional. Esa es la base para un posterior desarrollo contradictorio e “independiente” de ambos conceptos, abriendo las puertas de par en par al interclasismo. La lucha proletaria adopta, en su primera fase, una forma nacional; y esa es la unidad dialectica entre clase y nacion, bajo la forma politica de la comuna socialista vasca.

      Agurrak!

      • No existe “la forma burguesa de nación”, ni siquiera existe “la forma burguesa de estado”, sólo tendencias propias del período capitalista, que en general no son creaciones burguesas per se, sino préstamos de otros contextos antitéticos, sean residuos del antiguo régimen latfundista (feudal), sean innovaciones proletarias (o genéricamente humanas/humanistas si se prefiere) que la burguesía adopta a regañadientes y de forma adulterada (democracia, feminismo, estado-nación, etc.)

        La burguesía no inventa nada: es una clase mafioso-parasítica, meramente mercantil en el mejor de los casos, a la que a lo sumo se le puede atribuir la invención de la sociedad por acciones y quizá algunas otras herramientas contables. En todo lo demás, incluida la forma del estado, tienen que improvisar y por eso es imposible discernir cuál es “la forma de estado burguesa” más allá del hecho objetivo de ser un estado dominado por la burguesía (de varias maneras, normalmente no centrales al ordenamiento jurídico más allá del reconocimiento del “derecho” a la propiedad privada sin límite o con pocos límites más teóricos que prácticos).

        Si acaso podríamos hablar del “estado burgués” (formal) en aquellos regímenes de sufragio censitario, que hubo en el pasado pero que hoy día ya no se encuentran, o a lo sumo, y ya de forma camuflada, en aquellos regímenes como el de EE.UU., donde se permite la compra masiva y abierta de los políticos incluso antes de que puedan concurrir a unas elecciones, que son triviales por eso mismo. Eso no quiere decir que no existan otros estados burgueses de facto, los hay y son muchos, pero no es la forma de estado la que lo determina primariamente, sino la manipulación, la corrupción (usualmente ilegal) mediante el poder directo del dinero o capital, de sistemas que son por lo demás extremadamente ambiguos e híbridos.

        En cualquier caso no hay que confundir NACIÓN con ESTADO-NACIÓN. Nación es ἔθνος (éthnos, etnia), originalmente “tribu, famiia”, luego “nación, país”. Los griegos en concreto se auto-reconocían como una única nación por encima de sus divisiones politicas y eso era así porque compartían lengua, cultura y religión, siendo un caso “perfecto” de nación en este triple sentido, aunque la lengua y la auto-identificación son sin duda los rasgos más importantes, y lo manifestaban en actividades nacionales como las olimpiadas o también a menudo en alianzas para repeler a invasores extranjeros como los persas. Otras naciones antiguas que no formaron estado unitario (pero sí que tenían una noción de unidad étnica o nacional) fueron sin duda los etruscos, los fenicios, los sumerios y seguramente muchas otras de las que no sabemos mucho.

        Hablar de “nacionalidades” es artificioso y suena a constitución española mal hecha. Es asumir que nación y estado son lo mismo, y a menudo no es así, aunque sin duda el poder estatal contribuye a la etnogénesis o etno-metamorfosis mediante el genocidio o etnocidio (sea meramente cultural o más raramente total).

        Dices que “la nacion es una determinada forma social de produccion”.

        Esto es nuevo para mí pero no creo que pueda estar de acuerdo: si bien es posible que las relaciones económicas a veces sean más intensas dentro del marco etno-nacional (por comunicación, relaciones humanas espontáneas), éste no suele suponer ninguna barrera absoluta y a menudo las áreas económicas no tienen nada que ver con lo etno-nacional, si acaso con lo político-estatal.

        Añades luego: “sin el desarrollo de las fuerzas productivas y de un nuevo modo de produccion, el desarrollo de la nacion misma seria imposible, como forma socioeconomica, como desarrollo concreto de las relaciones sociales de produccion.”

        Veo por dónde vas, pero me parece que te refieres al estado, no a la nación. A esa entidad artificiosa llamada “nación” únicamente en el sentido de conjunto de individuos sometidos a un estado concreto, p.e. Gran Bretaña o España, por encima de su identidad etno-nacional pre-existente.

        “es necesario concretizar que es la nacion, que es la comunidad, que es la cultura, la lengua, que es una forma social, una forma politica…”

        Sí, y a mi entender eso empieza por entender a la nación como éthnos, como pueblo-nación, como el antiguo “herria” y no el neologismo fantasioso “aberria”. De hecho el euskera, por su “primitivismo” nos permite reconocer qué es una nación: exactamente lo mismo que un pueblo y que un país, algo que también vemos en el griego éthnos y más discutiblemente quizá en la forma latina de “nación”: “natio” (1. nacimiento, 2. nación, pueblo, 3. raza, clase).

        Para entender la nación por lo tanto debemos entender qué es la “etnogénesis”, es decir: el proceso de formación étnico o nacional (identitario en definitiva). Es un tema complejo en el que pueden influir muchos factores, aunque el más común es la lengua; a veces la religión o la “raza” pueden ser también factores, y por supuesto el poder político estatal suele intentar asimilar a todos sus súbditos a la etnia central del estado (y esto no es nuevo: la antigua Roma ya lo hacía, como otros muchos estados de diversas épocas, p.e. la Castilla tardo-medieval con su nuevos súbditos mudéjares o moriscos). Por qué hace eso? Porque la identidad étnica unificada favorece la cohesión y el “patriotismo”, reforzando al estado. En cualquier caso es un proceso antropológico con elementos políticos, no un proceso económico, ni burgués, ni moderno. Tratar de definir la nación en base a lo económico es como tratar de definir la playa en base a las sombrillas: las playas pueden tener sombrillas pero las sombrillas no forman parte de la definición de playa, igualmente las naciones pueden formar áreas económicas pero eso no es lo que las define: las define la auto-identificación colectiva como grupo netamente diferenciado.

        “La lucha proletaria adopta, en su primera fase, una forma nacional”…

        Es posible que tengas razón, sí, pero eso es precisamente porque la nación es pre-burguesa, porque el pueblo (esencialmente clase trabajadora) se auto-identifica espontáneamente como tal nación, se sabe nación, aunque sólo sea pueblo-nación y tiende a organizarse como tal.

        El interclasismo “nacional” es una manipulación burguesa de esta identidad espontánea. La burguesía, sabiéndose minoría potencialmente frágil, está continuamente buscando fórmulas para manipular al pueblo, a la clase trabajadora, sin lo que la guerra de clases se mostraría al desnudo. Para ello usa todo tipo de recursos que la clase trabajadora identifica como propios, correcta o incorrectamente, puede ser la religión (que tiene elementos cuasi-étnicos, ya que forja una identidad: católicos, hindúes, musulmanes, etc.) o puede ser la nación y el patriotismo, o seguramente otros también (a veces demagogia pseudo-socialista incluso, o pseudo-libertaria también).

        En este sentido no es de extrañar que la derecha (pongamos PNV, PP, etc.) haga interclasismo a través del nacionalismo/patriotismo, lo sorprendente es cuando eso lo hace la izquierda (sin necesidad alguna, ya que el 90% del pueblo es clase trabajadora); eso es muy sospechoso de traición de clase. Con esto no quiero decir que tengas que excluir a un empresario “tipo Engels” (claramente comprometido con la causa obrera contra su interés de clase) pero sí que no se debe cortejar a la clase burguesa (otra cosa son auto-empleados, falsos autónomos, cooperativistas, etc., que son clase trabajadora sin lugar a dudas). La izquierda no tiene ninguna necesidad de cortejar a la burguesía y debe mantener las distancias de forma muy clara en todo momento, si no lo hace así es sin duda porque se ha vuelto corrupta, porque ha hecho traición de clase.

        El otro día tuve una conversación muy interesante con políticos de izquierda (varias tendencias) de mi ciudad (que engloba a más del 10% de la nación vasca, o a un tercio si cuentas la conurbación) y uno de los temas que salió fue la falta de sustancia de la Alternatiba KAS, que de cinco puntos sólo tenía uno de clase y extremadamente ambiguo y potencialmente interclasista (la mejora de las condiciones de vida de la clase trabajadora vasca). En este sentido creo que es extremadamente importante para la izquierda vasca poner a los bueyes (la lucha de clases) clarísimamente por delante del carro nacional y su simbología, empezar a hablar no de “independentzia ta sozialismoa” sino de “sozialismo ta independentzia” o quizás simplemente de “euskal sozialismoa”. Ahora como en el siglo V, será la lucha de clases la que nos lleve a la libertad, incluida la emancipación nacional, y no la fe ciega en la nación, que, por si sola, nos puede perfectamente mantener atrapados en el laberinto sin salida del interclasismo falsamente nacional.

        • Aupa Maju. Empiezo por detrás, ya que interpelas al “euskal sozialismoa”, y es algo que desde siempre me ha chirriado bastante. No hay un socialismo vasco en concreto, como algunos tratan de demostrar, como recurso para revisar el socialismo o construir su batiburrillo, en lo que euskal determina sozialismoa. Es al revés, la construcción central es el socialismo, que se realiza bajo las posibilidades concretas de cada territorio, pero con una forma política universal (la comuna). Asimismo, la sola acción de voltear “independentzia ta sozialismoa” rompe de facto con “sozialismoa ta independentzia”, puesto que es una nueva conceptualización en la que socialismo es ya independencia. Presentarlos como dos conceptos diferenciados, nuevamente, implica su posible desarrollo desigual e incluso antagónico (el interclasismo como negador de la autonomía de clase del proletariado).

          Has puesto sobre la mesa unos cuantos contenidos que caracterizan la nación, pero has explicado la característica por la característica, la idea por la idea, y es ahí donde sigue faltando la explicación de la comunidad como relación social (de producción). Que es lo que hace posible el desarrollo de la nación (una producción territorial, unas relaciones desarrolladas a través del intercambio social (en el todo de la producción), un idioma que vehicula tales relaciones…), eso es lo que falta por explicar. La nación no es algo que exista idealistamente, es una realidad material concreta. En concreto una realidad socioeconomica, que adopta forma política. Así, efectivamente, nación y clase tienen una relación estrecha; la forma burguesa de la nación (en lo socioeconomico y en lo político) diverge de la forma proletaria, así como tampoco era lo mismo la comunidad feudal, o el pueblo antiguo.

          Dices que la burguesía no inventa nada; como no lo hace ninguna clase social. Simplemente se emancipa bajo sus propias condiciones, que son condiciones recibidas externamente pero que las reescribe bajo sus posibilidades. El proletariado no inventa nada (democracia, feminismo… ¿como innovación proletaria? la clase en si que actúa en el estrecho marco burgués actúa más como apéndice de la burguesía, como su producto historico, que como clase para si. Toda lucha parcial incapaz de abordar la totalidad no es una innovación de clase alguna, es simplemente inherente al desarrollo contradictorio del capitalismo; no es un antagonismo que adopta la dimensión externa, es ley interna del capital; nada se desarrolla sin contradicción… por lo que suena muy mecánico el pensar que la burguesía “acepta a regañadientes”, cuando es parte de su desarrollo como clase) cuando desarrolla la lucha de clases; no inventa una nueva forma política (no inventa un estado, la forma política del proletariado es el resultado inevitable de la lucha de clases), es también, como la burguesía, una clase que parte de lo dado (como no podía ser de otra forma), lo reformula (reformular también es destruir; destrucción no es desaparición, como no lo es el proceso de negación), se forma en la practica, en la lucha… es una clase potencialmente revolucionaria, así como ha cumplido un papel revolucionario la burguesía aunque tu recalques que es una clase parásita. Quizás no compartamos la misma idea sobre la revolución, la lucha de clases o las propias clases sociales… puesto que pensar que la burguesía tan solo recibe y lo mantiene intacto, esto es, que no es una clase social dominante (y dominar es articular la realidad bajo tus necesidades e intereses) sino que dominada por una exterioridad (las categorías económicas abstractas, la dominación de las leyes del capital sobre la individualidad burguesa no es una forma de dominación externa, sino que la modalidad de existencia de la burguesía; decía Lukacs que si la burguesía fuera una clase para si, tendría que desaparecer), me parecería poco afortunado. El capitalista es el capital personificado; si lo prefieres hablemos del capital, esa fuerza ciega que todo lo reorganiza bajo sus necesidades. Pero no neguemos el periodo burgués de articulación social, que no es un simple recibir, es mas un subsumir, reescribir, rehacer lo hecho, como no podría se de otra manera. Así, el proletariado también requiere de ese periodo de transformación, de transición, de la sociedad capitalista al comunismo, porque no “inventa” nada nuevo, sino que mediante su acción niega lo viejo (y no le queda otra si pretende emancipar a la clase).

          Así, por ejemplo, el pueblo (-estado), es fruto del desarrollo histórico. Se fundamenta, en concreto, en la destrucción de las antiguas uniones gentilicias por las nuevas formas de producción social, la división del trabajo, la división en clases de la sociedad… En ese sentido el pueblo es una nueva realidad socioeconomica que hay que analizar. El pueblo es ya interclasista. Y aun así, si echamos para atrás, seguramente habrá quien llame a la tribu o a la unión de tribus “pueblo”; y entonces nos perdemos en la etimología u otros campos de estudio mas allá del que tratamos de clarificar. Se trata de ser claros en el análisis de las diversas formas sociales, en la medida que nos es posible, al menos. Por eso no sirve de mucho hablar de la “conciencia nacional” si no aclaramos a que nos referimos en el movimiento real de la producción nacional. También creo que el movimiento negador del proletariado no destruye la comunidad pero si supera la nación, porque supera las condiciones materiales en las que se realiza. Pero claro, para entender esto hay que entender a que nos referimos en realidad cuando hablamos de la nación, si no puede llevar a equívocos.

          El problema es que a día de hoy se mezcla todo esto, y se debe precisamente a lo que ya dije: que todo desarrollo ulterior, reformula lo anterior bajo sus parámetros. Esto es básico en la dialectica, como método histórico. Así, al igual que la concepción dialectica del modo de producción capitalista ayuda a entender los modos de producción previos, siempre desde una perspectiva histórica, desde el devenir, también ayuda la concepción dialectica de la nación burguesa a entender formas comunitarias previas, y a dibujar futuras. Es totalmente aceptable que digas que la nación es pre-burguesa, siempre y cuando aclares cual es su forma pre-burguesa y cual la burguesa; pero claro, si para ti no existe tal, si para ti la nación no tiene nada que ver con las relaciones sociales de las que surge, si la burguesía tan solo la “acepta a regañadientes”, si es una clase parásita que no implica ninguna necesidad histórica ni siquiera cambio alguno, si así como lo coge todo lo deja, entonces más allá de saber que es una lengua, un territorio, una cultura en común, no sabremos a que se debe todo ello.

          Agurrak!

          • Aupa Orratz. Cuando decía “euskal sozialismoa” me refería a “socialismo nacional vasco”, no porque el socialismo en EH tenga, cuando suceda, características peculiares (que quizás y por qué no?), sino porque el marco de su implementación (y de lucha por lo tanto) debe ser nacional vasco.

            Dices: ““sozialismoa ta independentzia” (…) es una nueva conceptualización en la que socialismo es ya independencia”.

            No lo creo y en cualquier caso no es esa mi intención. Es concebible el socialismo en un marco como el español en el que EH siga subordinada o colonizada, pero igualmente es concebible una independencia vasca sin socialismo, una EH independiente pero capitalista. El acto de “voltear” el concepto lo hago por una cuestión de prioridades y de capacidad movilizante: a mi entender la lucha obrera o por el socialismo (o comunismo) tiene muchísima más capacidad de movilización que la lucha por las señas de identidad nacionales, muy en particular en los segmentos parcialmente desnacionalizados, que quizá son 2/3 de Euskal Herria, que se sienten vascos pero no dan a eso la importancia que le puede dar el otro tercio (e incluso diría que en este último tercio, de mayor conciencia nacional, también hay otras prioridades en muchos casos por encima de la independencia).

            Mi argumento es que, si se pone la lucha de clases (“los bueyes”) en la posición correcta respecto a la lucha nacional (“el carro), entonces ambas luchas prosperarán (tanto los bueyes como el carro se moverán), mientras que si se pone a la lucha nacional (carro) delante de la lucha de clases (bueyes), entonces nada se moverá. Y esto último ya ha pasado durante las últimas décadas, lo conocemos de sobra y es hora de cambiar.

            “Presentarlos como dos conceptos diferenciados, nuevamente, implica su posible desarrollo desigual e incluso antagónico (el interclasismo como negador de la autonomía de clase del proletariado)”.

            Esa es tu interpretación y quizá tu temor. Yo no lo veo así para nada. No son conceptos nítidamente diferenciados, puesto que ambos son progresivos, luchas de liberación y emancipación. Son conceptos que pueden perfectamente avanzar juntos pero hay un orden natural en ellos que podemos perfectamente aprender de la historia. Y me refiero al episodio histórico fundacional (o re-fundador) de la nación vasca: la Bagauda. Esta revolución campesina del siglo V sin duda no estuvo motivada por lo nacional, aunque esto seguramente fuera un factor subyacente y co-adyuvante, sino por las propias demandas de la lucha de clases campesina contra el intento tardo-romano de feudalización (esclavizamiento generalizado). Fue entonces la lucha de clases la que, con su triunfo posibilitó la independencia y la mismísima supervivencia de nuestra nación, de nuestra lengua y de nuestro derecho pre-romano y no feudal, muy progresista para su tiempo.

            Hoy día eso debe ser así de nuevo: la clase trabajadora vasca, el pueblo vasco en definitiva, se interesará y movilizará más por sus intereses objetivos de clase, que por intereses nacionales más debatibles, menos tangibles y no siempre sentidos como algo importante. Será a través de la lucha de clases, hecha por el pueblo vasco en un marco vasco, como la nación se podrá independizar, si la suerte nos es propicia.

            Como decían aquellos “nacionalistas” medievales: “pro libertate patria, gens libera state” (por la libertad de la patria, pueblo sé libre), o alguno más moderno: “la autodeterminación debe ser autodeterminante y autodeterminada”.

            Tanto cuando hablamos de lucha de clase, como cuando hablamos de lucha por la libertad nacional, hablamos en el fondo de que el pueblo, la nación, la clase trabajadora, se auto-organice de forma eficiente para la lucha, de que se empodere a sí misma. Y en general la motivación más importante para ello es la lucha de clases, sin merma de lo que pueda aportar la lucha nacional.

            Respecto a la idea que repites una y otra vez de que la nación es una unidad económica, me gustaría que lo explicaras en lo concreto, porque yo no alcanzo a ver que p.e. las relaciones económicas entre Balmaseda, Baiona y Tutera sean mayores que entre Balmaseda y Burgos, Baiona y Burdeos o Tutera y Zaragoza. Si fuera como dices, nuestra nación ya no existiría.

            Que conste que no niego que los patrones económicos (y políticos) no influyan, sino que no son lo más importante ni lo definitorio. Si alguien en Tutera se puede sentir vasco a pesar de que igual viaje más a Zaragoza y Logroño que incluso a Pamplona (por no hablar de Bilbo o Baiona) para vender sus espárragos o lo que sea, es por otras razones históricas, culturales y lingüísticas, étnicas en definitiva. Igualmente un santanderino, por mucho que viaje a Bilbo por negocios no se va a sentir vasco meramente por eso.

            “El proletariado no inventa nada (democracia, feminismo… ¿como innovación proletaria?”

            Yo creo que sí, porque el Capitalismo DESCODIFICA (mediante la corrupción sistemática) y, en última instancia, deja sólo la cáscara desnuda de la humanidad primordial: el cazador-recolector totalmente alienado y confuso en un contexto urbano. Ese humano al desnudo es quien inventa o quizá sólo recupera esas nociones básicas que son las que constituyen la ideología obrera y que compartimos con pueblos “primitivos” como los bosquimanos o esquimales: solidaridad, democracia, igualdad, respeto, dignidad, comunismo incluso. Si quieres no es la clase trabajadora pero es que el 90% de la gente actual somos clase trabajadora, así que viene a ser lo mismo o casi. Porque la misma clase trabajadora o su ideario comunista no desea siquiera construir una sociedad de la clase trabajadora, sino una sociedad sin clases, una humanidad reconstituida y liberada de todas sus alienaciones, tanto las de la Edad de Hierro / Antiguo Régimen, como las propias del Capitalismo. Sin embargo, como la urbanización y la industrialización (o tecnología) no son reversibles, alguna adaptación sí que habrá que hacer (y este es el fondo del gran debate entre el “homo novus” de Marx y el “primitivismo” de Bakunin, en el que los dos tenían parte de razón).

            “la clase en si que actúa en el estrecho marco burgués actúa más como apéndice de la burguesía, como su producto historico, que como clase para si. Toda lucha parcial incapaz de abordar la totalidad no es una innovación de clase alguna, es simplemente inherente al desarrollo contradictorio del capitalismo”

            No estoy de acuerdo: las luchas parciales, sean convenios sectoriales, emancipación parcial feminista, emancipación parcial de los esclavos, emancipación parcial de las naciones sometidas, logros como la sanidad pública gratuita o el sistema de pensiones, o como el sufragio universal (que incluso Marx veía con buenos ojos aunque obviamente no era ni es suficiente, pero sí necesario), son manifestaciones de la conciencia parcial de clase, de la constitución de la clase trabajadora en clase para sí… en parte, de forma limitada y controlada. Son concesiones que la burguesía (a la que objetivamente no le interesa nada de eso) hace para apaciguar la lucha de clases.

            Las reformas no son LA VICTORIA, no son LA REVOLUCIÓN, no son EL COMUNISMO, por supuesto, pero son logros concretos por los que la gente ha luchado y que han sido arrebatados a la una oligarquía burguesa que nada gana con ello (de hecho pierde). Son por lo tanto prefiguración parcial e imperfecta de la futura sociedad comunista a la que aspiramos. Despreciar y ningunear esas luchas y logros es no entender la lucha de clases, la dialéctica materialista.

            “… así como ha cumplido un papel revolucionario la burguesía aunque tu recalques que es una clase parásita”.

            Yo cuestiono el papel revolucionario de la burguesía. Las revoluciones “burguesas” han sido siempre hechas por las clases trabajadoras: nunca ha habido suficiente burguesía para hacer ninguna revolución, sólo para liderarla camuflándose como “pueblo”, como “gente común”. Eso sólo pudo ser así hasta que se evidenció su naturaleza parasítica oligárquica, hasta que el socialismo/comunismo surgió como nuevo paradigma ideológico antagónico. Las revoluciones burguesas son en realidad “proto-proletarias”, la burguesía, como el partido bolchevique (que ejerce de cuasi-burguesía sui-generis), sólo nadaba en la ola y se hacía cargo una vez completada la revolución.

            Honestamente, creo que la historia de las revoluciones se entiende muchísimo mejor de esta manera.

            El papel “revolucionario” de la burguesía no está en su rol en las revoluciones socio-políticas como tales, sino en su rol director de la actividad económica (y por extensión tecno-científica) bajo muy diversos modos políticos. Lo que hace la burguesía es exactamente lo que dice Marx: coger a las clases trabajadoras dispersas en los pueblos y en varias categorías sociales y fusionarlas en una única clase trabajadora urbana e industrial (tecnológica), por supuesto para servir a sus intereses mezquinos pero en el proceso desarrollando las llamadas “fuerzas productivas” (industriales y tecnológicas) a niveles inimaginables anteriormente, disparatados incluso.

            En este sentido “la revolución burguesa” no es lo mismo que “las revoluciones burguesas”, aunque alguna relación sin duda tienen, sino que es lo mismo que “la revolución industrial” o desarrollo del Capitalismo.

            Cuando digo que la burguesía es una clase parásita no es porque piense “que la burguesía tan solo recibe y lo mantiene intacto, esto es, que no es una clase social dominante (y dominar es articular la realidad bajo tus necesidades e intereses)”, no. Es porque explota la capacidad productiva de la clase trabajadora e incluso su capacidad creativa.

            Por supuesto que hay muchos burgueses, sobre todo pequeños burgueses, que también ejercen una función productiva (trabajan en sus empresas, típicamente en roles de gestión pero también como mano de obra o en roles creativos) pero no hay suficientes burgueses para, en términos generales ocupar todos esos puestos, ni siquiera los de gestión y creativos; por lo tanto una gran parte de la gestión e innovación es hecha por trabajadores (miembros de la clase trabajadora, asalariados o micro-autónomos) al servicio de la burguesía.

            “… no neguemos el periodo burgués de articulación social, que no es un simple recibir, es mas un subsumir, reescribir, rehacer lo hecho, como no podría se de otra manera”.

            Por supuesto que no: la clase burguesa, como clase dominante (o incluso anteriormente como clase intermedia) DIRIGE la organización social y económica de acuerdo con sus intereses. Y, al contrario que Lukacs, yo diría que esto les hace “clase para si”, puesto que es acorde con su interés de clase.

            “el proletariado también requiere de ese periodo de transformación, de transición, de la sociedad capitalista al comunismo”…

            Aquí estás obviando el período previo a la era capitalista en el que la burguesía fue obteniendo concesiones, a veces a través de revoluciones “burguesas” de corte primitivo pero más a menudo a través de negociación y reformas sutiles. P.e., la monarquía absolutista es un producto “primitivo” del ascenso burgués aún dentro de un sistema aristocrático, producto que preludia los bonapartismos y fascismos posteriores y que en su día servía para contrarrestar el poder de la aristocracia (“el mejor alcalde, el rey”), con los que la burguesía se entiende perfectamente por lo general. El caso más paradigmático sin embargo seguramente sea el caso inglés (o británico), en el que hubo una revolución burguesa “primitiva” (Cromwell) cuyo fracaso (“revolución gloriosa”) constituye la base del estado, indudablemente burgués (pero residualmente híbrido) de la Gran Bretaña actual. Este avance de la burguesía y debilitamiento de la aristocracia empieza ya incluso en la Edad Media y va consiguiendo logros como ferias, reconocimiento de sus herramientas contables y bancarias, tolerancia respecto la quiebra del monopolio gremial, cierto grado de participación en las instituciones, etc.

            Antes de las revoluciones burguesas hubo muchas conquistas parciales por parte de la burguesía, variables sin duda pero equiparables a las conquistas parciales de la clase trabajadora a partir de mediados o finales del s. XIX (cronología exacta dependiente del contexto concreto). Lo mismo que las conquistas burguesas prefiguraban de forma imperfecta el régimen burgués consolidado posterior, las conquistas proletarias lo hacen con el régimen obrero que debería acontecer en un futuro próximo.

            La única razón por la que se producen las revoluciones burguesas es porque el Antiguo Régimen llega a un tope, a un límite sobre que concesiones es capaz de dar, que debe ser superado, supuesta la suficiente fuerza de la incipiente burguesía para forzarlo, claro, así como de descontento en su “carne de cañón”, su “aliado” subordinado y transitorio, las clases trabajadoras que son las que realmente hicieron esas revoluciones (las pescaderas que asaltaron la Bastilla no eran empresarias, no, como tampoco lo eran la gran mayoría de los soldados que murieron liderados por Napoleón en las estepas heladas de Rusia).

            “… si echamos para atrás, seguramente habrá quien llame a la tribu o a la unión de tribus “pueblo” y entonces nos perdemos en la etimología”…

            No, no nos perdemos: estamos hablando de lo mismo y, aunque tú no lo sepas, la burguesía sí que lo sabe. Por eso lo usa. La burguesía no inventa al pueblo ni a la nación, aunque quizá sí esa obsesión por unirlo con el estado, cuando son cosas distintas. Pero es que ni eso: la idea de pueblo o nación se usaba muchísimo antes, p.e. en la antigua Roma, o en la época de Juana de Arco, siempre bajo condiciones socio-económicas de la Edad de los Metales (aristocráticas). Sí que se produce una transición de una ideología primariamente religiosa, de “derecho divino”, a una secular, que necesita de legitimación en esas categorías “populares” o “nacionales”, pero eso ya ocurría en la Roma antigua, sin capitalismo alguno y en muchas otras sociedades del Antiguo Régimen aristocrático de la Edad de los Metales.

            Si hay clases o castas y estas no se manifiestan como apartheid, en el que una etnia tiene privilegios respecto a otra, entonces la nación es siempre “interclasista” (pero muy mayoritariamente de clase trabajadora). Esto pasa en las sociedades capitalistas-industriales y en las agrarias por igual. Lo único que hace la burguesía es manipular el concepto, porque le es muy útil sin duda.

            La nación le sirve a la burguesía o a cualquier otra clase dominante para cohesionar a la sociedad pero no la inventan esas oligarquías, sólo la manipulan.

            “… la concepción dialectica del modo de producción capitalista ayuda a entender los modos de producción previos”…

            Honestamente la dialéctica me parece un poco primitiva, tosca. A principios del siglo XX, el gran matemático Henri Poincaré recibió un premio en Estocolmo por demostrar que era imposible predecir el movimiento a largo plazo de tres o más objetos, algo que al propio Poincaré (atrapado en el paradigma mecanicista newtoniano como Marx mismo) le horrorizaba sobremanera. Más tarde Mandelbrot y otros generalizarían estos hallazgos, al observar y demostrar que pequeñísimas variaciones en las condiciones iniciales alteran de forma impredecible el desarrollo de los acontecimientos en cualquier sistema mínimamente complejo. Esto se llama ciencia del caos y es extremadamente útil en muchísimos campos hoy día, p.e. la predicción meteorológica. Un ejemplo típico de esta impredictibilidad es un péndulo de brazo articulado, que, al contrario que con los péndulos clásicos, de movimiento regular y predecible, “baila” siempre de forma diferente e irregular.

            Creo que debemos actualizarnos en las mismísimas bases de nuestro entendimiento si queremos ser realmente científicos, aunque esto sea difícil.

            “Es totalmente aceptable que digas que la nación es pre-burguesa, siempre y cuando aclares cual es su forma pre-burguesa y cual la burguesa”…

            Y si no existen tales formas? Y si sólo es la misma nación pero modificada en aspectos “menores”? No digo que tenga una respuesta definitiva a esto pero me parece monotema-obsesivo pretender reducir la nación, clarísimamente conformada por elementos culturales o antropológicos, políticos o religiosos si acaso, a un producto de esa clase parasítica transitoria que es la burguesía.

            “… para ti la nación no tiene nada que ver con las relaciones sociales de las que surge”…

            Tiene TODO que ver con las relaciones sociales: la nación es manifestación de la sociedad. Pero tanto sociedad como nación son pre-existentes al Capitalismo, excepto quizá en casos coloniales muy específicos como Estados Unidos; el Capitalismo las recorre y modifica pero no las “crea”, las naciones no surgen del Capitalismo, como no surgen otras muchas cosas: la religión, el patriarcado o la humanidad misma. Hay vida antes del Capitalismo, lo creas o no.

            “si la burguesía tan solo la “acepta a regañadientes””…

            Yo diría que la burguesía se apropia (a su manera estatista, eminentemente política) de la nación, no “a regañadientes” sino generalmente con entusiasmo. Pero eso es porque necesita de una forma de legitimación y cohesión social secular, sobre todo una vez exhausta la legitimación religiosa heredada del antiguo régimen.

            Pero en ningún caso la crea.

            Lo que “acepta a regañadientes” es la autodeterminación de las naciones sometidas al estado (estado-nación probablemente) que les sirve a sus intereses de clase (el mal llamado “estado burgués”). Por lo general a la clase burguesa le gustan los estados grandes, porque éstos les proveen de oportunidades económicas y políticas que su fragmentación amenazaría. P.e. las burguesías por lo general preferían al Imperio Austro-Húngaro que a sus fragmentos e intentaron crear al menos una unión aduanera que cubriera la región porque eso convenía a sus intereses. P.e. las burguesías británica y francesa sólo aceptaron muy a regañadientes la descolonización, pero lo tuvieron que hacer superados por una serie de dinámicas, incluida la guerra de clases transplantada al “Tercer Mundo” y las ambiciones de nuevas grandes potencias como EE.UU. y la URSS, a las que no se podían oponer.

            • Aupa Maju. Ya que gran parte de tu intervención se basa en voltear lo que yo he dicho, me toca aclarar. Asi, en alguna ocasión insinuas que te he atribuido a ti una percepción, cuando en realidad es la que yo estoy defendiendo, y en otras ocasiones me atribuyes lo que no estoy diciendo. Asi que, al lio.

              Cuando digo que “sozialismoa eta independentzia” no es un simple voltear, sino que una nueva conceptualización, es algo que estoy defendiendo yo. Esto es, estoy de acuerdo con el voltear, que tu has defendido, pero una vez hecho, por la razón que lleva a hacerlo, de ahí ha de nacer un nuevo concepto. Esto es, si es un simple voltear terminológico no conceptual, entonces caemos en el absurdo, y en una vacia intencionalidad de querer darle mas peso a sozialismoa, por encima de lo que entendemos como independencia de la nación. Asi, desarrollas tu tesis de manera mecanicista, o como alguno mas arriba decía, desde la supuesta interseccionalidad: apoyas el socialismo sobre la “lucha por las señas de identidad nacionales” porque tiene “muchísima mas capacidad de movilización”. De esta manera, el fin es la movilización. Y es eso lo que yo criticaba de la teoría de la interseccionalidad, hacer una mezcolanza de conceptos antagónicos con el único fin de movilizar.

              Por lo tanto, frente a tu argumento de que la lucha de clases y la lucha nacional son dos cosas diferentes, que según tu se pueden voltear y han de ser volteadas con el único fin de movilizar, de “prosperar” en abstracto, yo insisto en que las dos han de ser una; que la lucha por el socialismo de la clase obrera en Euskal Herria adopta una forma política nacional, la comuna socialista vasca. Es ese poder el que garantiza la “independencia”, no concebida como hasta ahora, sino que como independencia de clase. La independencia concebida como hasta ahora no es sino el paso previo a dar dentro de la realidad capitalista, esto es, la construcción de un estado-nacion capitalista mas, cuestión defendida por el interclasismo y que niega de pleno la lucha de clases.

              Y a esto mismo te respondes tu cuando dices que “esta revolución campesina del siglo V sin duda no estuvo motivada por lo nacional (…) fue entonces la lucha de clases la que, con su triunfo posibilitó la independencia y la mismísima supervivencia de nuestra nación, de nuestra lengua y de nuestro derecho pre-romano y no feudal, muy progresista para su tiempo”. Esto es, fueron los campesinos los portadores de una nueva forma nacional, es la lucha de clases la que subsume bajo su forma condiciones previas y las transforma, actualiza bajo nuevas relaciones sociales. Eso ultimo que dices, considero que entra en contradicción con lo que anteriormente has mencionado. La conclusión es obvia: no hay cuestión nacional separada de la lucha de clases.

              Asi, cuando dices que “la clase trabajadora vasca, el pueblo vasco en definitiva, se interesará y movilizará más por sus intereses objetivos de clase, que por intereses nacionales más debatibles”, vuelves a contradecir lo anteriormente expuesto. Y es que esos intereses de clase son los que portan una nueva forma nacional, que es en el sentido estrictamente histórico el movimiento de la superación de la nación (como forma históricamente transitoria, que responde a condiciones de producción concretas). Asi que, tienes razón, la clase obrera se movilizara por intereses de su clase mas que por los intereses de la clase burguesa, recogidos en la abstracción “intereses nacionales”. La forma en la que planteas esos “intereses nacionales” responde al orden social burgues; por eso mismo no se interesará por los mismos la clase obrera vasca. No hay otra razón posible, sin caer en contradicción; ya que tu mismo estas contraponiendo, de manera adecuada, clase e “interés nacional” (abstracto, burgues). Si el “interés nacional” fuera ajeno a la lucha de clases, entonces no tendría ningún sentido contraponer carne a leche, puesto que ambos serian alimentos necesarios de la dieta humana.

              Me preguntas sobre la nación como unidad económica. Preguntate lo mismo sobre la familia, por ejemplo. Hay formas comunitarias transitorias que responden al desarrollo del trabajo (la división, las fuerzas productivas…), esto es, que surgen subordinadas al mismo (movimiento real -> forma política, ideologica). Asi, si en la prehistoria la forma fundamental era la gens (la unidad económica básica, y la forma social comunitaria), posteriormente se desarrollo, por las necesidades productivas, la tribu, la fratria (como unión de tribus) y el pueblo (como ruptura de las uniones gentilicias y como forma social comunitaria clasista, donde vivian ciudadanos libres y esclavos). El pueblo es la primera forma comunitaria que adopta la forma del estado. Por lo que no estamos mezclando nación con estado (ni con forma política), simplemente estoy poniendo nombre a cada forma social transitoria. Las formas de conciencia derivadas de cada forma social, asimismo, son diferentes en cada estadio histórico. A pesar de que desde nuestra perspectiva actual podamos concebir toda la prehistoria como desarrollo indispensable para nuestra historia, no podemos caer en el evolucionismo, por una parte, ni en el esencialismo, por otro. No es un desarrollo gradual, la acumulación de ciertos cambios produce una revolución total en las formas sociales y en la conciencia derivada de las mismas. Tu rompes con la diferenciación histórica, con la contradicción, y caes en el positivismo. Asi, del feudalismo al capitalismo parece que no hay ninguna revolución social histórica, mas o menos prolongada, sino que una acumulación de cambios aparentes, de poca importancia. Yo, en cambio, cuando hablo de nación hablo de la forma mercantil que se desarrolla junto con la producción de las mercancías, que desarrolla una nueva universalidad. Sin el desarrollo de las fuerzas productivas, sin un mercado en común (el mercado como unidad social, donde la producción individual adopta la dimensión social, donde el individuo se hace social), es imposible una producción en común, no solo en el sentido económico, también cultural, psicológico… es imposible una articulación nacional del territorio. No hay tal intercambio en un territorio dividido, con producción no mercantil destinada al consumo propio. En cambio, si que puede haber una lengua en común, expandida por las migraciones, o incluso una pertenencia respecto a la lengua, tradición o mitología también expandida, pero que tiende a la diferenciación por su dispersión (en Euskal Herria los euskalkis son una prueba bastante clara en ese sentido). Se necesita una vida en común, por lo tanto, que esta sujeta a una división del trabajo mas o menos desarrollada.

              Preguntas sobre las relaciones económicas entre Balmaseda, Baiona y Tutera. Y es una pregunta clave, sin duda. Algunos españolistas basándose en ello dicen que Euskal Herria no es una nación; por lo que, efectivamente, es algo que hay que desarrollar. En cualquier caso, algunos hablan de “nazio eraikuntza”, precisamente porque hay algo que pretenden construir. Si vas a Tutera y Baiona, seguramente haya mas reacios a aceptar a Euskal Herria como nación que en Balmaseda, Bilbo o Sopela, por poner un ejemplo. Lo cual en cierta medida responde a tu pregunta; sin relaciones en común, se rompe ese vinculo. Ahora bien, la relación realidad objetiva-realidad objetiva no esta exenta de contradicciones (también intermedias), también la conciencia, la cultura o las ideas llegan a ejercer como fuerza material, determinante en ciertos aspectos. Pero estas tienden a ser superadas con la superación de las condiciones en las que surgen. En ese caso, la nación está en constante contradicción. Este principio es básico, para no entender a la nación como algo estanco, de siempre y para siempre, sino que en constante movimiento. Asi, se puede partir de la especulación para desarrollar una propuesta política. Para mi Euskal Herria o la comuna socialista vasca, en su limitación territorial, es un a priori, una base para desarrollar una estrategia. Pero esto lo desarrollaré mas abajo, cuando hable propiamente de la estrategia.

              Cuando digo que la nación se desarrolla bajo ciertas condiciones socioeconómicas, me estoy refiriendo a la nación en general. Aquí deberíamos evitar la teleología. La nación surge históricamente bajo esas condiciones, lo cual no quiere decir que todas las naciones cumplan las fases de desarrollo bajo las mismas formas. Y esto lo digo como critica a la concepción de la nación de ciertos autores “marxistas”. La aparición histórica de la nación se debe a un desarrollo; ese desarrollo, en cambio, transgrede otras formas embrionarias de la nación, que no actúan bajo esa determinación pero que como reacción a la transgresión llegan a adoptar potencialmente la forma nacional. Asi, Euskal Herria, en lucha contra el desarrollo del capitalismo, se postula inicialmente (en la conciencia, determinada claramente por una situación material dada, que perfila un desarrollo mucho mas longevo) en defensa de unos derechos feudales, ni mas ni menos, que solo posteriormente se reformula bajo la estructura burguesa, y el derecho derivado de constituir su forma política nacional. En ese sentido, el a priori de Euskal Herria, a dia de hoy, es una estrategia política en potencia, que surge de unas condiciones que hacen de Euskal Herria una nación en constante movimiento, pero que no esta definida, como otras, por un estado que abarque expresamente sus fronteras, sino que por administraciones sub-estatales. La red económica que no ves no es tan inmediata como Balmaseda-Baiona-Tutera, es una red mas amplia en la que ciertos puntos adoptan la centralidad bajo las que se articulan otras subredes.

              Posteriormente hablas de la alienación. Efectivamente, el propio Marx decía que la verdadera historia de la humanidad comienza con el comunismo. El resto, la prehistoria, no es sino la historia del ser humano alienado. Ahora bien, el comunismo no es un invento, ni siquiera es tan sencillo como dices que “la misma clase trabajadora o su ideario comunista no desea siquiera construir una sociedad de la clase trabajadora, sino una sociedad sin clases”. No es cuestión de deseo: la clase obrera no puede emanciparse sin destruir las clases sociales; no porque no quiera, sino que porque es su condición objetiva. Ahora bien, el trabajador individual puede emanciparse de su clase, si se convierte en burgues. Por eso, la determinación histórica “clase obrera” ha de entenderse desde la lucha de clases que adopta la dimensión de contradicción externa, no de lucha de clases interna e inherente al capital, que posibilita su desarrollo (clase en si y clase para si). En cambio, la burguesía si podía (y debía) emanciparse de las trabas feudales constituyéndose en clase dominante, esto es, reafirmando la sociedad de clases. Las capacidades, posibilidades y voluntades del ser social son inherentes a su objetividad; no podemos partir del subjetivismo. En ese sentido, la clase obrera inventa lo mismo que la burguesía; en realidad, nada: todo desarrollo es fruto de la lucha (de clases).

              De esa manera, posteriormente dices que “las luchas parciales, sean convenios sectoriales, emancipación parcial feminista, emancipación parcial de los esclavos, emancipación parcial de las naciones sometidas, logros como la sanidad pública gratuita o el sistema de pensiones, o como el sufragio universal (que incluso Marx veía con buenos ojos aunque obviamente no era ni es suficiente, pero sí necesario), son manifestaciones de la conciencia parcial de clase, de la constitución de la clase trabajadora en clase para sí”, con lo que no puedo estar ni minimamente de acuerdo, en la medida que sirve, además, para justificar toda política reformista. Con esto no niego la necesidad de lo parcial; simplemente niego a lo parcial como posible constituyente de la totalidad. Es mas, considero lo contrario: que solo desde la totalidad se puede configurar lo parcial como momento de la propia totalidad.

              Tampoco estoy de acuerdo cuando dices que “son concesiones de la burguesía (…) para apaciguar la lucha de clases”. Toda lucha interna la considero como lucha inevitable del desarrollo del capital, del proceso de acumulación. No creo que entren en contradicción con el sistema burgues, son totalmente asumibles por el mismo, a pesar de que efectivamente la burguesía no tenga interés en muchas de esas cosas, son condición de su desarrollo. Tampoco la burguesía piensa igual con respecto a todas las cuestiones. Ahora bien, el sufragio universal es considerado un derecho burgues, que a pesar de que ciertos sectores de la burguesía lo aceptaran “a regañadientes”, a pesar de ser una conquista política de las masas, a dia de hoy mas que como posibilidad considero que actua como freno a la constitución de la clase para si, es un sistema contra el que hay que luchar de manera consciente. Y ahí se encuentra el meollo: que si las luchas parciales contradicen a la estrategia revolucionaria, si no son esas luchas constantemente transgredidas por el movimiento revolucionario, esto es, si la lucha parcial en vez de ser una lucha que constantemente supera sus limitaciones por ser sometida a la fuerza implacable de la estrategia se convierte en una estrategia positivista de acumulación de luchas parciales, de ahí jamas podrá generarse la conciencia para si. Que no le interese a cierta fracción burguesa, ya sea su dominante u otra cualquiera, no significa que contradiga el sistema capitalista.

              Asi, ni desprecio ni ninguneo esas luchas. Simplemente exijo que se las plantee de manera adecuada, se aclare su función, que la táctica no entre en contradicción con la estrategia, y sobre todo, que el no ninguneo no se convierta en reducir constantemente la estrategia revolucionaria al espontaneismo. Eso es entender el materialismo dialectico, y no el pensar que la lucha parcial acumulada puede llevar espontáneamente a un cambio de mayor dimensión, que es lo que deduzco de tu intervención.

              En cuanto al papel revolucionario de la burguesía dices que lo cuestionas porque “las revoluciones “burguesas” han sido siempre hechas por las clases trabajadoras”. Ahí es donde no entiendes a la clase como agente histórico, el poder de clase como poder social y político. La clase burguesa, en la medida en que se hace cargo de la producción, subvierte por completo las relaciones sociales, y solo después, una vez que es la clase económicamente dominante, realiza la revolución política. En muchos casos ni siquiera por una toma del poder violento, sino que, como bien mencionas, por transición dada a través de la aristocracia feudal.

              Es indiferente a que clase pertenezca la masa o el “pueblo”; precisamente es esa indiferencia la clara dominación de la burguesía. Por eso insisto en que tras el interclasismo, en el que, efectivamente, quien lucha en realidad pertenece objetivamente a la clase obrera, se esconde el poder de la burguesía. Que las revoluciones se hayan efectuado bajo su dominación, convierte a estas en revoluciones burguesas, y convierte a la clase burguesa en determinado periodo histórico en clase revolucionaria. Tambien ha ocurrido que en determinados periodos históricos la gran burguesía haya estado políticamente ausente y haya completado sus tareas la pequeña burguesía. Son cuestiones mas concretas que carecen de interés en este nivel de abstracción, al igual que el hecho de que el ejercito de la burguesía sea el proletariado. ¿las guerras también las hacen los asalariados? Nos cargamos asi, de paso, la función social y política de la burguesía. Precisamente es esa la razón por la que no somos capaces de aclarar e identificar el poder burgues, porque mezclamos a la clase en si con la clase para si.

              Por ejemplo: dices que “al contrario que Lukacs, yo diría que esto les hace “clase para si”, puesto que es acorde con su interés de clase.” Y esa afirmación demuestra que no manejas el concepto de manera adecuada. La burguesía por su condición de clase en si esta incapacitada de erigirse en clase para si. La clase en si se forma como contradicción interna del capital. La clase para si es una contradicción externa a la misma. Si la burguesía pudiera ser clase para si, abordaría la totalidad alienada del capital (se haría consciente) de tal manera que rompería su relación inmediata con la misma, se desintegraría el modo de producción capitalista. Por eso he insistido mas de una vez en que la lucha de clases en el plano exclusivamente económico, la lucha economicista no es como tu dices algo externamente impuesto a la burguesía, es parte de su condición de clase, es su modalidad de existencia. Lo mismo para la clase obrera. Esta tan solo como clase para si puede romper con su existencia previa, abolir las clases sociales. Es por ello que tras la clase en si se esconde el poder burgues, comanda trabajo ajeno, organiza a la clase obrera bajo sus intereses, destruye su autonomía de clase… en definitiva, desaparece la clase obrera como sujeto político para ser un apéndice de la clase burguesa, esto es, ser en conciencia burguesa o determinar sus intereses de clase bajo el estricto derecho burgues.

              Dices después, retomando un tema anterior, que “la idea de pueblo o nación se usaba muchísimo antes”, y esto aclara lo que anteriormente he dicho: tu hablas de idea, termino, epistemología, y yo hablo de realidad material. Si para ti todas las formas sociales son iguales, son formas que nacen de LA IDEA, entonces yo ya poco mas puedo hacer por hacerte entender a que me refiero yo en concreto. Es mas, aquí vuelves a hablar de la burguesía como (no)inventora, como si la nación se pudiera inventar…

              Pero claro, luego dices que la dialéctica te “parece un poco primitiva, tosca”, y queda todo aclarado.

              Mas tarde dices que “tanto sociedad como nación son pre-existentes al Capitalismo”. Yo en ningún momento he dicho que las cree el capitalismo. Si te fijas digo claramente que la nación es un producto histórico del ascenso de la clase burguesa. Esto es, no es esta la que “inventa” nada después de llegar al poder, sino que las condiciones del desarrollo de esa clase, condiciones ya anteriormente mencionadas (entre ellas las fuerzas productivas, la división del trabajo, el intercambio, el mercado), son al mismo tiempo las condiciones del desarrollo de la nación. Lo de invenciones, idealismos y demás son recursos tuyos, no mios. Yo parto desde el materialismo dialectico, de las relaciones sociales de producción, que tu dices que todo tienen que ver pero que luego en tu análisis niegas constantemente (todo el rato dices que la burguesía se apropia de la nación, esto es, o la burguesía o la nación la abstraes de las relaciones sociales de las que surge, porque de otra manera no podría apropiarse de la misma como un todo acabado, en vez de entender el concepto subsumir, apropiarse no de manera acabada sino que reformulando lo preexistente bajo las posibilidades de lo nuevo; la negación de la negacion). Es mas, nos presentas la nación como invento burgues o creado por el capitalismo (lo niegas, pero para negar presentas tal concepción como si fuera mia, que en ningún caso la he defendido, lo que inevitablemente la hace tuya). Concluyo, por ello, que no has entendido ciertas cosas de las que he dicho, pero no para echarte la culpa a ti, ya que puede que la culpa sea mia; pero el caso es que no las has entendido.

              Para finalizar, como he mencionado mas arriba, quisiera entrar de manera rápida en la estrategia, para que esto que defiendo no quede en mera formulación teorica. De paso, ya que en tu ultimo párrafo mencionas el concepto autodeterminación, me parece interesante abordarlo.

              Primero, yo no entiendo la construcción del socialismo por naciones. La estrategia de construcción del socialismo ha de ser internacional, y partir de ahí. En ese sentido, entiendo que la comuna socialista es la forma política de la clase obrera, es la forma que adopta la construcción del socialismo de manera territorializada, es la fase de transición, la dictadura del proletariado. Tal forma política hace universal a la clase obrera. He dicho mas arriba que para mi la comuna socialista vasca es un a priori. Esto es, es necesario predefinir un marco de actuación, y entiendo que Euskal Herria es una nación que actua como marco autonomo en el que se dan condiciones para activar un proceso revolucionario. El propio proceso destruye todos los a prioris, todas las concepciones limitadas que teníamos anteriormente, formas sociales preexistentes… es una fuerza que arrasa con lo previo y construye nuevas formas sociales (aunque según has defendido en mas de una ocasión se apropia de lo existente, por ejemplo la nación como algo absoluto. Mira pues lo que ocurrio en Rusia, con la contrarrevolución sexual, por ejemplo, donde vieron que se desintegraban las viejas formas comunitarias, la propia familia, la cultura concebida como hasta el momento, y tuvieron que echarse atrás porque eran incapaces de comprenderlo; eso es la revolución). La comuna socialista es universalizable desde el momento en que se concibe como forma de la clase obrera transitoria hacia el comunismo. Es, asi mismo, una forma no tosca, no cerrada previamente, sino que abierta al desarrollo del proceso revolucionario. El a priori es constantemente transgredido por el movimiento real. Me parecería un error ponerle puertas al mar. En ese sentido, todo proceso revolucionario trata de extenderse lo máximo posible.

              Segundo, en cuanto al “derecho a la autodeterminación” no comparto la estrategia bolchevique, por una razón: tal estrategia solo puede ser formulada desde un epicentro externo a la “nación”. Esto es, que alguien te ofrezca tal derecho con el objetivo de que te sumes al proceso de alguien. Ahi surge la posibilidad de una centralización burocratica, la dependencia total con respecto a otro poder. Por ello, mas que el concepto “derecho a la autodeterminación”, como derecho burgues, yo defiendo el ejercicio de autodeterminación, la autodeterminación de la clase obrera vasca, que a través del proceso revolucionario se universaliza como clase. Por ello, para mi el epicentro es Euskal Herria, y solo puede serlo de esa manera si de verdad queremos construir el socialismo. Asi, niego por una parte el nacionalismo español y francés, que trata de postergar el problema nacional a una hipotética victoria en tales estados, y niego el nacionalismo vasco, que parte de la división nacional (independentismo burgues), en vez de partir de la unidad de clase, a través del proceso revolucionario. Considero que la autodeterminación de la clase obrera vasca es el único punto de partida posible para la construcción del socialismo. Esto es, el ejercicio (la construcción nacional de la clase obrera) y no el derecho (la concepción interclasista-burguesa de la nación).

              No me alargo mas. Ha estado muy entretenido el debate, me ha gustado, pero no puedo seguir respondiendo a comentarios tan largos, ya que no tengo tiempo. Asi que volveremos a coincidir. Ondo izan!

              • En el parrafo 7 dice “la relacion realidad objetiva-realidad objetiva” cuando deberia decir “la relacion realidad objetiva-realidad subjetiva”. Ai las prisas :D

              • De nuevo voy a tener que ir por partes porque es muy largo y complejo. Me gusta sintetizar pero a veces es muy difícil…

                “… si [“sozialismoa eta independentzia”] es un simple voltear terminológico no conceptual, entonces caemos en el absurdo, y en una vacia intencionalidad de querer darle mas peso a sozialismoa, por encima de lo que entendemos como independencia de la nación”.

                Obviamente no pretendo que sea un mero voltear terminológico inconsecuente, sino que tiene implicaciones tanto teóricas como prácticas, histórico-constituyentes y de cara a la re-constitución de Euskal Herria en la coyuntura presente, implicaciones que he tratado de abordar en varios comentarios en este blog y más extensivamente en mi artículo “el carro y los bueyes”.

                El problema es que para tí la nación es un concepto económico y para mí (y la mayoría de la gente) no, sino antropológico, cultural y lingüístico, emocional y no puramente racional. No quito que lo económico, como lo político, influya en el medio y largo plazo (de hecho puede ser una fuerza que contribuya a erosionar nuestra identidad nacional) pero no es lo que define lo nacional, incluso aunque pueda co-determinarlo en compleja dialéctica o multiléctica.

                Tampoco digo que la lucha de clases o el socialismo deba estar por encima, sino que debe estar por delante, porque es tractor, porque es el motor, porque es la parte de la ecuación que puede mover a la gente, al menos mucho más que la lucha por las señas de identidad nacional, que siempre son más prescindibles que “las lentejas”.

                “tu argumento de que la lucha de clases y la lucha nacional son dos cosas diferentes”

                Son dos aspectos diferentes, no “cosas”. En mi opinión van unidas y la lucha nacional de liberación, como la feminista o ecologista, y otras, es un aspecto semi-autónomo de la lucha de clases.

                “no hay cuestión nacional separada de la lucha de clases”.

                Sí y no. Es decir: el sistema burgués no desea conceder pero puede conceder a la lucha nacional sin que esto le suponga mayor problema. Conocemos muchos casos y el del Imperio Austro-Húngaro es quizá paradigmático. Exactamente lo mismo que puede hacer concesiones, si se ve presionado, en temas como el patriarcado, el racismo, los derechos humanos no económicos (o incluso en algunos derechos económicos: “estado del bienestar”), etc. El Capitalismo, la burguesía puede conceder (si se ve obligada) un montón de cosas siempre y cuando no toquen lo esencial: la propiedad privada de los medios de producción, la apropiación de plusvalía.

                Esto induce a confusión: algunos se ven impulsados a creer que esas concesiones son esencialmente burguesas, cuando en realidad son conquistas “menores” de la lucha de clases, lastre que la burguesía suelta para mantener su globo en el aire.

                “una nueva forma nacional, que es en el sentido estrictamente histórico el movimiento de la superación de la nación (como forma históricamente transitoria, que responde a condiciones de producción concretas)”.

                A ver: si es una “nueva forma nacional”, entonces será nación. Mezcláis alegremente “nación” (pueblo-nación, a menudo pre-capitalista) y “estado” (estado-nación jacobino neo-absolutista). Y encima créeis que “la nación” (estado) la ha inventado la burguesía, cuando ésta sólo ha tomado prestado el concepto del antiguo régimen y hecho un remix con éste para poder legitimizar el poder político (y por extensión el económico) desde lo secular.

                “Si el “interés nacional” fuera ajeno a la lucha de clases”…

                El interés nacional no es ajeno a la lucha de clases porque la lucha de clases lo impregna todo, pero es autónomo y anterior a la lucha de clases en el marco capitalista, exactamente igual a cómo la dialéctica de género es anterior, muy anterior al Capitalismo y, aunque hoy día se manifieste en el seno de la lucha de clases, de la dialéctica burguesía-proletariado, no deja de ser una dialéctica autónoma con sus propios parámetros.

                “Me preguntas sobre la nación como unidad económica. Preguntate lo mismo sobre la familia, por ejemplo”.

                No es lo mismo: la familia dura lo que las generaciones, con suerte, la nación es muchísimo más persistente. La nación griega o helena lleva existiendo unos 4000 años y sabemos de por lo menos 3000 que se consideran “helenos” y hablan un idioma que, aunque evoluciona, es perfectamente inteligible a través de los milenios. Y a menudo a estado supeditada económica y políticamente a otras potencias (Roma, Otomanos) pero aún así ha persistido. Los kurdos llevan ahí casi tanto tiempo (sabemos que existían con ese nombre cuando los griegos pasaron por la zona y su lengua parece un medo evolucionado, mientras que siguen celebrando el newroz pre-islámico). Cuándo han sido independientes? Muy pocas veces. Económicamente autónomos? Yo creo que nunca. Es la lengua y la identidad montañesa lo que les une.

                “Asi, si en la prehistoria la forma fundamental era la gens (la unidad económica básica, y la forma social comunitaria), posteriormente se desarrollo, por las necesidades productivas, la tribu, la fratria (como unión de tribus) y el pueblo (como ruptura de las uniones gentilicias y como forma social comunitaria clasista, donde vivian ciudadanos libres y esclavos)”.

                Creo que tienes que leer a Engels (o a Morgan) de nuevo: la fratria es en su esquema una agrupación de gentes (plural de gens), rango intermedio entre gens y tribu y no siempre presente. Tampoco está siempre presente la confederación tribal, lo que siempre hay es la gens o clan (nuestra “jas(-a)”, de donde “jatorri”, probablemente “jaun”, etc.) y la tribu. La gens o clan es una familia muy extensa y es siempre exogámica, puede constituir una unidad económica y desde luego política pero nunca existe en aislamiento sino que necesariamente forma parte de una unidad superior que es la tribu. Es la tribu o confederación de tribus la que es asimilable a nuestros conceptos de nación y estado y de hecho en la proto-historia se confunden a menudo; las “tribus” vascas, celtas e íberas a menudo parecen más ciudades-estado que tribus puramente rurales, e incluso toman su nombre de las ciudades principales: Ilergetes de Ilerda, Iacetani de Iacca, Varduli (Uharduli) de Uharte-Uli (alias Aracoeli = Arako Ili = Arakil), Caristii quizá de “Veleia Gori” (donde Gori sería quizá el nombre original de la ciudad, vide: http://www.amaata.com/2013/04/un-plano-de-la-ciudad-de-veleia.html), etc.

                Aprovecho aquí para señalar que no estoy de acuerdo con que los euskalkiak sean medievales, al menos no lo parecen ni Bizkaiera ni Gipuzkera, que se corresponden demasiado bien con realidades tribales pre-romanas y mal con las realidades político-económicas medievales que son las de los herrialdes modernos aprox. Tampoco creo en la “vasconización tardía”, por si acaso.

                No estoy de acuerdo con tu acepción de “pueblo” y cito a Engels: “El conjunto de las tres tribus, formaba el pueblo romano, el “populus romanus””. Es decir el populus o pueblo no es sino la confederación tribal. En consecuencia podríamos hablar perfectamente de “populus cantabricus” (o confederación tribal cántabra) y “populus aequitanus” (o confederación tribal aquitana). Ahora bien, si nos pasamos al euskera (“herria”), no tenemos tanta información histórico-etimológica pero sí que sabemos que multiplica sus significados: donde populus (y la mayoría de sus derivados romances) significa sólo pueblo-nación o pueblo-gentes, el castellano (influido por el euskera) añade la acepción de población pero no las de nación y país que también existen en euskera (“herria”). Las traducciones no son siempre lineales ni fáciles así que mejor lo dejamos ahí pero en este caso el término vasco es sin duda más completo e inconfundible (por eso creo que “aberri” es un neologismo innecesario, con “herri” basta).

                A mi entender, especulando un poco, Euskal Herria (como nombre y como concepto) surge espontáneamente con la Bagauda, que es cuando el país se constituye como tal de forma política y revolucionaria (Vasconia, y por lo tanto “vasco”, es un exónimo un tanto arbitrario que viene de la invasión merovingia, si llegan a invadirnos los godos seguramente nos llamaríamos “cántabros” en romance pero así son los caprichos de la historia). Es posible que la forma norteña “esku-era” y “esku-(ah)al” sea sinónimo estricto con “aequitani” (los de aequitas = los de la equidad), al menos esa era la teoría de Xaho, que especulaba sobre una raíz esku- que no sólo significa “mano” sino también algo así “derecho” (esku-bide), “fraternidad” o “equidad”. Si fuera así, tendríamos una continuidad entre la antigua confederación tribal o “pueblo” aquitano y la Euskal Herria medieval y moderna, si no, pues sería una creación innovadora de la Euskal Bagauda misma.

                “Tu rompes con la diferenciación histórica, con la contradicción, y caes en el positivismo”.

                Me preocupa bastante poco que me acuses de “positivista”, aunque no creo que lo sea, ya que soy lo bastante abierto y especulativo a veces incluso como para ser meramente “positivista”. Sí que soy científico y si quieres “ciencista” pero no positivista.

                Sin embargo me da la impresión que el “historicismo” que abrazas con tanto fervor carece de rigor y cae en el idealismo hermenéutico, dando nombres a las cosas sin el rigor suficiente y partiendo de esas categorizaciones idealistas para forzar a los hechos, con calzador o a martillazos si hace falta, en esas preconcepciones más o menos acertadas o erróneas. La ciencia es implacable y algo que se autodenomina “materialismo científico” no puede escurrirse del rigor probatorio que demanda la ciencia, a riesgo de convertirse en pseudociencia escolástica sin ningún valor más que el de llevar a la confusión (algo de lo que nuestros enemigos de clase sin duda se alegran).

                En el fondo es una cuestión de científicos contra filósofos. Y ya sabes quien suele ganar en estas contiendas, no?

                La filosofía será científica o no será (o será charlatanismo barato), lo mismo para cualquier otro campo de estudio. Una de las cosas que más me irritan de cierto “marxismo” es que creen saber más que nadie pero no salen de su pila de libros “ortodoxos”: de eso saben mucho (bueno, a veces menos de lo que creen) pero de lo demás casi nada. Y así no se hace ni materialismo “científico” ni nada: sólo dogma aburrido, autorreferencial, escolástico e impotente.

                Y no sólo en el marxismo, en arqueología p.e. la hermenéutica lleva al desbarre más absoluto, al relativismo más postmoderno: aunque esté probado EMPÍRICAMENTE que un raspador sea efectivamente un raspador, no podemos concluir, según la hermenéutica y el rechazo del sentido común humanista, que todos los raspadores lo sean, quizá eran otra cosa con la misma forma o algo. Hartitos me tienen quienes piensan así!, la gente antigua era como nosotros pero en condiciones algo diferentes, no eran extraterrestres con siete brazos, dos corazones y bigotes por hombreras. Y la gente en el capitalismo seguimos siendo gente, como lo eran en la Edad Media o como lo eran en el Neolítico o como lo eran en el Paleolítico.

                Sentido común, sentido común y más sentido común, por favor!

                “Asi, del feudalismo al capitalismo parece que no hay ninguna revolución social histórica, mas o menos prolongada, sino que una acumulación de cambios aparentes, de poca importancia.”

                Sí que hay una revolución social histórica pero es prolongada y se realiza a través de varias revoluciones parciales puntuadas, así como reformas más graduales. Por eso digo que “la revolución burguesa” es más bien “la revolución industrial” que “la revolución francesa”. Pero en todo caso yo tiendo a pensar en el esquema de “equilibrio puntuado”, de “evolución puntuada”, donde la evolución gradual (equiparable a las reformas) no es suficiente, sino que, de vez en cuando se dan procesos más extremos que lo alteran todo de forma radical (pero que se alimentan de lo anterior en cualquier caso: nada se crea ex novo, por eso la importancia de la “prefiguración”).

                P.e. durante millones de años los homínidos desarrollamos en África una gran diversidad de formas australopitecinas, pero hace 2 millones de años, súbitamente, esa diversidad colapsó y apareció Homo sp. (H. habilis y H. erectus en rápida sucesión). Por qué? Sospecho que fue por la arribada de los leones desde Asia, felino social que constituía un desafío sin precendentes para los homínidos, y que sólo aquellos lo bastante listos como para dominar el fuego sobrevieron. Podrías quizá explicarlo de otra manera pero sin duda ese episodio de hace 2 Ma es un caso claro de evolución puntuada, de “revolución” en la evolución, y hay muchos casos de esos.

                La revolución estadounidense, la francesa y la de 1948 son momentos clave en la consolidación del poder burgués: firmes saltos adelante con consecuencias muy amplias, pero hay un proceso anterior del que surgen en cualquier caso, incluidas otras revoluciones más antiguas (Cromwell, Holanda, repúblicas italianas, Suiza, etc.), una dialéctica de manifestación compleja, diversa y a veces sútil que no podemos ignorar ni osar simplificar en demasía.

                Esto no es una apología de la reforma (soy lo más antitético al reformismo que te puedas echar a la cara) sino una contemplación reflexiva histórica de la dialéctica de clases. Además entiendo que Marx mismo lo veía así: revoución sí pero sin duda la dialéctica está también produciendo muchos frutos “menores” aunque no se llegue a la revolución o esta fracase. Estos frutos “menores”, estas reformas o concesiones no son suficientes pero son y no hay que entenderlas como desarrollo burgués fuera de la dialéctica de clases sino como concesiones en ese contexto de lucha de clases: “cambiar algo para que no cambie nada”.

                “Yo, en cambio, cuando hablo de nación hablo de la forma mercantil que se desarrolla junto con la producción de las mercancías, que desarrolla una nueva universalidad.”

                Si esa es tu “nación”, entonces no es la nación vasca, sino quizá la “nación europea” o incluso “nación atlántica”. Es lo que hay si quieres ser estrictamente economicista.

                “sin relaciones en común, se rompe ese vinculo”.

                Hasta ahí te doy la razón o parte de ella al menos. Pero eso mismo implica que la nación vasca es pre-capitalista, que el Capitalismo lo único que ha hecho ha sido zarandearnos, aplastarnos y rompernos en pedazos. No hay nación vasca capitalista o economicista, lo mismo que no hay una burguesía nacional vasca. Hay nación vasca sólo porque existía antes del expolio capitalista y eso perdura de forma dialéctica y muy tenaz a través de otras herramientas culturales y políticas, a través de la conciencia y voluntad nacional, que se confunden y funden a veces al menos con la conciencia y voluntad de clase trabajadora.

                “la nación está en constante contradicción.”

                Por supuesto: es dinámica y existe en la historia. Las naciones incluso se destruyen y crean ex novo, es así, pero no es sencillo hacer esos cambios tan extremos, requiere de mucha fuerza, violencia incluso, económica y política manifestándose como genocidio (sea democidio, sea meramente cultural), porque tiene que enfrentarse a otras fuerzas que tú desdeñas: los lazos étnicos, el sentir del “nosotros”.

                Y lo dejo aquí porque es eterno. Intentaré continuar más tarde si hay tiempo y ganas.

              • Aupa Orratz. Continúo con lo de ayer.

                “Clase en si” y “clase para si”. No soy ningún experto en Lukacs pero siempre he visto estos conceptos con el significado de que el primero (“clase en sí”) significa la clase definida objetivamente en base a su relación socio-económica, sin más (ni menos), mientras que el segundo (“clase para sí”) significa la clase con conciencia de sus intereses objetivos y, por extensión, voluntad y organización para lograrlos. Correcto? Creo que sí.

                Bien, en ese caso, la clase burguesa es “clase para si” en el Capitalismo puesto que sabe cuáles son sus intereses de clase y los defiende. La clase trabajadora en principio no lo es pero puede desarrollarse como tal mediante la toma de conciencia, organización y lucha (incluidas las luchas sectoriales pero más plenamente en la lucha revolucionaria).

                Me criticas como sigue: “¿las guerras también las hacen los asalariados? Nos cargamos asi, de paso, la función social y política de la burguesía. Precisamente es esa la razón por la que no somos capaces de aclarar e identificar el poder burgues, porque mezclamos a la clase en si con la clase para si”.

                No creo que las confundo pero no hago tampoco una distinción tan marcada como la que haces tú. La “clase para si” no es sino una forma “elevada” o “desarrollada” de la “clase en si”, la clase es “en si” y tiene que “madurar” para llegar a ser “clase para si”. En cualquier caso, la clase obrera “en si”, sólo por estar ahí de forma objetiva, va introduciendo elementos primitivos de sus demandas y va tomando cierta consciencia a través de ello. No es una cuestión de blanco y negro puros: hay toda una gama de grises y por supuesto de variaciones individuales y grupales.

                Tampoco es lo mismo ser peón o soldado por coacción, que ser revolucionario por convicción, aunque seas revolucionario “burgués”: esa acción, tanto intelectual como física de rebelarse contra el orden establecido, aunque sea siguiendo una ideología engañosa, es un acto de empoderamiento y de desplazamiento en la escala de grises hacia “clase para si”. De hecho yo diría que eso ocurre también en la Revolución Rusa en la medida en que se permite que una minoría (el partido bolchevique) tome el poder en lugar de la clase obrera (los soviets) y que por eso las revoluciones de modelo leninista no llegan a ser revoluciones obreras del todo aunque sí que presentan rasgos híbridos; se quedan en el gris y la clase trabajadora vuelve a ser “clase en si”, tutelada por una intelligentsia que la infantiliza, impidiéndola ser “clase para si”.

                “Pero claro, luego dices que la dialéctica te “parece un poco primitiva, tosca”, y queda todo aclarado”.

                No aclaras nada: la dialéctica es primitiva y tosca. Para ti es fácil supongo seguir jugando al juego del sectarismo “ortodoxo” y asumir que cualquier posición alternativa o crítica es simplemente desdeñable, en vez de intentar entender primero sus méritos. Actitudes como esa son totalmente equiparables a las de los sectarios religiosos y por lo tanto inaceptables si queremos realmente ser científicos y radicales, para lo cual debemos cuestionarnos TODO, incluso a San Carlos Marx.

                Nación. “Mas tarde dices que “tanto sociedad como nación son pre-existentes al Capitalismo”. Yo en ningún momento he dicho que las cree el capitalismo. Si te fijas digo claramente que la nación es un producto histórico del ascenso de la clase burguesa.”

                Vale, que no es una “invención” sino un “desarrollo”, te pillo. Pero con eso no abordamos el problema de que DE HECHO las naciones existían antes del Capitalismo, que no se crean en éste sino que vienen de épocas anteriores y el Capitalismo sólo las ADOPTA para usarlas como forma de legitimación secular.

                “Es mas, nos presentas la nación como invento burgues o creado por el capitalismo (lo niegas, pero para negar presentas tal concepción como si fuera mia, que en ningún caso la he defendido, lo que inevitablemente la hace tuya).”

                Esto es el colmo del retorcimiento, camarada Orratz. Te estás pasando. Que haya quizá habido un pequeño malentendido sutil entre “inventar” y “desarrollar” no implica ni que estuviera manipulando intencionalmente tu posición, ni mucho menos que la haga mía (aunque sea de forma “equivocada”).

                Yo entiendo (y en consecuencia “presento) a la nación como una formación étnica (cultural, lingüística) que no corresponde a ningún período específico, sino que es consustancial a la naturaleza humana social. Que prefieres hablar (un tanto arrogante e imprecisamente) de “tribu” o “confederación tribal” en vez de “nación” en ciertas épocas, es tu elección pero no hay ninguna diferencia. De todas formas la nación suele ser mayor que la tribu, aunque a veces coinciden.

                Volviendo a Engels/Morgan, la Roma primitiva era una confederación de tres tribus pero, aunque era un estado (“polity”), no era una nación: la nación era la de los latinos (no muy grande pero mucho mayor que la ciudad de Roma). Igualmente Atenas tendría varias tribus originalmente pero la nación no era la ateniense (eso era el estado), sino la helena. Lo mismo para Etruria, Fenicia o incluso las Galias. Eso son naciones! Todas ellas extremadamente pre-capitalistas.

                “… yo no entiendo la construcción del socialismo por naciones. La estrategia de construcción del socialismo ha de ser internacional”…

                No me voy a meter mucho en esto porque depende de la coyuntura. Yo diría que debería ser ambas cosas: el mundo es cada vez más pequeño pero sigue siendo demasiado grande y la nación es un marco natural para cierto nivel de autogobierno y autogestión obrera, en combinación con otros niveles tanto inferiores (comunas o municipios, comarcas) como superiores (regiones “continentales” y el planeta).

                Además por la existencia de las armas nucleares no es posible lanzar una ofensiva bélica, sino que sólo cabe esperar por lo general a que cada país y región global alcance el estadio revolucionario a su ritmo.

                “La comuna socialista es universalizable desde el momento en que se concibe como forma de la clase obrera transitoria hacia el comunismo.”

                Yo entiendo que la comuna es en sí el comunismo.

                “Por ello, mas que el concepto “derecho a la autodeterminación”, como derecho burgues, yo defiendo el ejercicio de autodeterminación, la autodeterminación de la clase obrera vasca, que a través del proceso revolucionario se universaliza como clase.”

                Muy de acuerdo en esto: la autodeterminación debiera ser un acto de empoderamiento popular/obrero, autodeterminación autodeterminada y autodeterminante, no un mero referéndum sino el hecho de que el pueblo soberano asuma el poder y se organice como mejor sepa pero siempre en plena libertad.

  7. Aupa Kolitza! Kontutxo bat. Zer da langileria “sujeto de opresión” dela diozunean esan nahi diguzuna? Bestela esanda, erratu eta nahigabe (arraroa lirudike, behin baino gehiagotan erabiltzen baita adierazpena testuan zehar) “sujeto” delakoa “objeto”-ren ordez sartu duzu ala “objeto” kontzeptuak lekurik ez leukakeen boterearen kontzeptu erlazional bat maneiatzen duzu?

    • Sujetua subjetibitate eredu batek definitzen du. Opresioak subjetibitate eredua sortzen du; adibidez, langilea (langile izaera, izatea), emakume langilea, emakume langile beltza. Subjetibitate ereduak dira, baina botere erlazioek sortuak, zehazki esanda, son sujetos a poder, no sujetos de poder. Su condición de trabajador-mujer-negra es fruto de las relaciones de poder que producen un modelo de subjetividad. Sujetos de opresión, sujetos en sí, baina ez nahitaez sujetos conscientes, es decir, agentes históricos.
      Sujetos EN SÍ, pero no PARA SÍ, beste batera esanda.

      Opresioa subjetibitate ereduen baitango borrokan sortzen den erlazioa da, soilik sujetu dominatzailearen ikuspegitik dugu sujetu-objetu erlazioa, era honetan klase en sí izaera objetuaren izaera da dominatzailearen ikuspegitik, kasu honetan, langile klasea objetibatzen duelako, konkretuki esanda, adibidez: lan indar gisa. Baina horrek aldi berean langileriaren subjetibitate eredua sortzen du, sujetu dominatu gisa langile klasea azalduz. Horrek zera esan nahi du; langile izaera sujetu zapaldu izaera dela eta agente historiko kontziente bihurtzearen mediazio bidez bere eginbeharra langile izaera deuseztu eta klase unibertsala sortzea dela, hots, subjetibitate eredu ez zapaldua, nolabait esatearren euskeraz.
      Sujetua ez da soilik sujetu dominatzailea beraz. Dominazioa subjetibitate ereduen arteko erlazioa delarik. Zentzu horretan hitz egiten dut nik ‘sujeto de opresión’ esaten dudanean.

      • Ados. Baina, zer da orduan langile klasea, sujeto de opresión ala sujeto sujeto a opresión? Nago, sujeto de opresión diozunean sujeto opresor ulertzen ez ote den..

        • Os montais unos lios que para que…El materialismo historico establece la diferenciacion de los diferentes modos de produccion por el procedimiento particcular de cada uno en cuanto a la obtencion y absorcion del excedente social por la clase dominante.En todos ellos el plusproducto social es asimiliado de una u otra forma, del trabajo de los esclavos similar al de los animales, del trinuto, a la renta en especie, tiempo o dinero de los siervos u aparceros; al trabajo no-pagado de la clase obrera.

          El excedente social especifico del modo de produccion capitalista es la plusvalia… bien, ¿quien es el proletariado, aunque Engels sugeria en 1850 el termino mas precciso de “clase obrera”?. (es decir cuando a partir del capitalismo manchesteriano el capitalismo trasciende de la fase de subsuncion formal a la de subsuncion real, del trabajo al capital). Pues la clase obrera es la que crea, tal plusvalia… El concepto basico es entender la especificidad, es decir, un modo de produccion es distinto a otro, porque el robo sigue existiendo en todos, pero es que el capital supera a los anteriores por su caracter abstracto, porque abandona la condicion de relaciones personales de todos los anteriores, y los supera, es mas, hasta emancipa al trabajo, porque obliga a que sea hasta u un trabajo creado por “trabajadores libres” (es decir crea la ficcion de la mas potentes de las esclavitudes, la esclavitud asalariado y hasta democraticamente ejercida y regulada). del fetichismo a la alienacion, de la santa puta democracia, para perpetuar ad eternum el regimen de esclavitud. El capital no reproduce tan solo un balance contable, no es una asunto de “economia”, reproduce la totalidad social, subsume todo lo existente, lo hace capitalistamente apercibido, crea su universo, que es falso y cutre, pero tambien es finiquitable, es decir, es historico, y sera barrido.

          En cuanto a su condicion, el proletariado u clase obrera, se define como tal por cuatro condiciones: no propiedad de medios de produccion propios, no recursos de reproduccion propios, condicionamiento asalariado y participacion en los ciclos de generacion especifica de plusvalia… Esto es la condicion proletaria, podra ser mucha o poca, podran ser muchos o pocos los obreros existentes en una region o pais o linea “industrial”, Pero solo hasta ahi, la condicion principal es la generalizacion o no, de la misma como tal region o pais en cuanto a creador de plusvalia (independientemente de cual sea su PIB —porque este indicador mide otra cosa, tan solo la riqueza—, siendo la plusvalia nuevo valor, descontado el valor de reproduccion de la fuerza de trabajo)…

          La categoria de clase, es geneticamente distinto, decia Marx aquello de que el proletariado o es revolucionario o no es nada. es `recisamente por cuanto que el proletariado se manifieste como tal, no en cuanto reproductor de su propia condicion alienada, sino en ruptura con la misma, es decir cuando quiere romper con la misma, y quiere dejar de ser tal proletario. COncebir a la clase es comprenderla como un sujeto distinto a la mera suma de obreros existentes. La clase rompe con la mera descripcion de una condicion existente, la trasgedre. En consecuencia, sumaba el quinto elemento de definicion de la clase obrera, es decir cuando se presenta, constiuye y recrea en cuanto Clase Politica, es decir que disputa el poder existente, pero para reproducir los condicionantes previos (los cuatro anteriores), sino para abolirlos. Y la clase se la crea aportando todo conjunto de elementos, experiencias. memoria que revela y hace sentir, la aparicion de un sujeto distinto, el que denominada Marx el “obrero colectivo”..

          El Manifiesto Comunista, de 1848, trata de eso de crear tal clase politica, por eso apela a la clase obrera, y revindica la exclusividad de su proyecto, la necedad de perderderse en cualquier intento de perderse en algun otro proyecto…. Por eso establece, ambas evidencias, a saber, que solo la clase obrera es la unica clase explotada bajo el capitalismo (especificamente como tal, pues es la unica que crea plusvalia) y que es la unica clase revolucionaria (en cuanto que solo su emancipacion puede ser posible tras la abolicion del capital) ….. y no hay mas. El fin de tal manifiesto era recorrer el proceso historico para que tras la emergencia de la independencia politica de clase, se creara el partido historico, la clase misma organizada politicamente y en disputa por la destruccion del poder existente, que no es otra cosa que la revolucion misma, la revolucion proletaria.

          En consecuencia: hablar de “sujetos de opresion” es una desvirtuacion, si se pretende hacerlo desde proposiciones marxistas o algo que se le parezca. ¿por que?, porque no se trata de negar las muchas ‘opresiones’ que pudieran existir, y que las hay, sino ser estrictos con lo que se esta tratando, Estamos hablando de la tasa de explotacion, mucha o poca, y de abolirla de plano, de la emergencia del verdugo del capital, Es decir, tirar abajo el regimen del capital, absolutamente todo, todo su orden social, todo, es todo. Porque no se trata de “estar bien”, sino de recrear un nuevo mundo, una civilizacion distinta.

          Marx no es que fuera un genio y se le ocurrieron sus geniales ideas, sino que mamo del movimiento obrero, especialmente del socialismo frances, inmensamente rico y creativo, desde sus corrientes insurrecionalistas (Babeuf, Buonarroti, Blanqui), a los inmensos Fourier o SaintSimon,…. los conceptos de “clase”, “lucha de clases”, “crisis”, “agotamiento”, “plusvalor” etc., etc., no se los invento Marx, estaban en los textos del socialismo revolucionario frances del siglo XIX, en cuanto que productos de reflexion de la propia clase obrera tras sus luchas y derrotas. Marx los reconstruye en un cuerpo teorico, en una explicacion detallada de los entresijos de un regimen “hiper-fantasiado” como lo es el capital

          Sirva de ejemplo, que el concepto de “autonomia” (“autonomia obrera”), no es otra cosa que el principio de autoemancipacion proletaria (“la emancipacion de los trabajadores sera obra de los trabajadores mismos o no sera”)…. Pues bien, la primera afirmacion de tal principio se la debemos a la bordalesa Flora Tristan, que posiblemente fue concebida en Bilbao, que es la ciudad donde se conocieron sus padres (un peruano y una francesa)…y que es la gran defesenrora de la creacion de las Casa Obreras, (como centros de interrelacion social, difusion politica, educacion libre, a servicios de ayuda, orientacion laboral, cobertura sanitaria mutualidades,etc), Y su programa es uno y solo uno, la negacion del capital, el programa de la abolicion.

          Hablar de la clase obrera es una intra historia, es un no-sujeto en proceso de creacion y recreacion, de disolucion y derrota, de recomposicion. Se manifiesta muy pocas veces, y lo hace de modo desvirtuado y falsificado, porque de eso se encarga el capital, de perfeccionar la contrarrevolucion.

          En definitiva hablar de clase significa en como crearla, dotarle de cuerpo, miembros, organos, movilidad, entereza, claridad y esclarecimiento, en dotarla en suma de materialidad…..(porque aun no esta presente).

          ———————————————————————-

          ——————————————————-

          • Aupa petri,
            De acuerdo con la mayoría de lo que dices. Cuando digo que existen distintos sujetos de opresión los sitúo sin embargo siempre dentro de la clase obrera, que es EL sujeto de opresión por antonomasia, ya que además las distintas modalidades de opresión que padece se explican desde sí misma, desde su ser clase obrera: pero no hay que olvidar que dentro de ella se establecen diferenciaciones en lo que respecta a subjetividades oprimidas, todo ello en conexión con la producción de plusvalía y las necesidades de acumulación. Por ejemplo, la (moderna) opresión de género, por ejemplo el racismo (moderno). ¿Quién padece la opresión de género en una sociedad en la que es hegemónico el modo de producción capitalista? Una parte de la clase obrera, es decir, las mujeres de clase obrera. ¿Quién es el sujeto (o en tu terminología, en la medida en que no es todavía un agente histórico, el no-sujeto)? La mujer trabajadora. En realidad es un follón que existe desde el principio, ya que no hay que olvidar que la elaboración de la crítica de la economía política al menos en el caso de Marx quedó en su fase de ”promedio ideal” (expresión del tercer tomo) y no tomó cuerpo suficiente como para dar explicación de concreciones de este tipo. De ahí todo estos debates sobre el género, la cuestión nacional, etc etc y de cómo se deben conectar con el marco general, que no es otro que la producción de plusvalía y la dominación de clase de la burguesía.

            Pero ojo, no debe confundirse el concepto de sujeto con el de agente histórico, es decir, la clase obrera es sujeto oprimido, el sujeto de la opresión, está obligada a ir todos los días al puesto de trabajo (o a buscarlo), pero no es ni será en su totalidad el agente histórico revolucionario, aunque ésta figura saldrá de sus filas. el agente histórico revolucionario es a la vez clase obrera en cuanto pasado, en cuanto antítesis, pero es a la vez la clase universal, una nueva clase, que debe despojarse de su condición obrera, debe abolirla, junto con el trabajo asalariado, mediante la lucha de clases, enfrentando a su enemigo y forjando el nuevo modo de producción que de forma a una nueva formación social universal.

            Es decir, por un lado, la clase obrera como sujeto de opresión (me gusta más decir dominación) de clase, y a la vez de opresiones particulares y unilaterales (de este modo podemos diferenciar lo estructural, lo que determina, que es la dominación ejercida a través de la producción capitalista). Sujeto dominado, que padece distintos tipos de opresión, que a su vez generan distintos modos de subjetividad oprimida en su seno, mujer trabajadora, inmigrante trabajador, etc… precisamente por su condición de clase dominada.

            Por otro pado, la clase obrera como sujeto histórico, agente histórico, que necesariamente debe no sólo ser parte del problema, sino explicar su lucha desde sí misma, es decir, abolir las formas sociales en las que está confinada su lucha incluso, como agente revolucionario.

  8. Aupa berriro ere Kolitza,

    Zure testuaren helburua hau jorratzea ez bada ere galdera bat egin nahi dizut:
    Zergatik kokatzen duzu Euskal Herria (nazioa) iraultzarako marko bezala eta ez marko estatala?

    Izan ere, alde batetik, mundu-mailako iraultza proletarioa eta mundu-mailako proletalgoaren fusioa izanik helburua komunismora igarotzeko eta, bestetik, marko estatala izanik burgesiaren berariazko antolakuntza markoa, burgesiaren diktadurapean marko estatala izango da proletalgoaren fusio- eta iraultza-marko gorena, internazionalena den heinean.

    Dena den, ez daukat oso argi, izan ere, EH marko autonomoa izatean iraultzarako marko posible bilakatzen duela uste dut. Baina ez dakit ze puntutara arte “sakrifikatu” beharko litzateken marko nazional posiblea mundu-mailako iraultzaren alde.

    Besterik gabe, ikusten duzunez ez dut oso argi eta zure (edo beste edonoren) iritzia irakurtzea eta horren inguruan eztabaidatzea oso interesgarria iruditzen zait.

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